Sociedad y Estado · Parcial modelo
Primer parcial de Sociedad y Estado, resuelto paso a paso
Es un parcial modelo, escrito por nosotros. No es el parcial de ninguna cátedra ni de ninguna fecha: está armado con el temario y el formato de los que se toman, para que puedas practicar con algo parecido.
Las cuatro primeras unidades: qué es el Estado y en qué se distingue de la nación, del gobierno y del régimen; Weber, la dominación y el monopolio de la violencia legítima; Tilly y Oszlak sobre cómo se forma un Estado; el Estado de bienestar, su crisis y su reforma; y el régimen político, la poliarquía de Dahl y las zonas donde el Estado no llega.
7 ejercicios, 30 preguntas, 110 minutos. Se aprueba con 60 sobre 100.
Las consignas
Siete ejercicios, 110 minutos. Cada uno trae adelante un caso o un fragmento y después cuatro o cinco preguntas sobre ese caso. No hay ninguna pregunta que se conteste recitando una definición: en todas hay que decidir qué categoría corresponde acá y por qué no la de al lado.
Una sola opción correcta por pregunta, y no hay puntaje parcial dentro de una pregunta: está bien o vale cero. Los puntos del ejercicio se reparten en partes iguales entre sus preguntas, así que un ejercicio contestado a medias suma la mitad.
Las preguntas de respuesta corta piden una sola palabra: el nombre técnico de un concepto o de una capacidad. No hace falta escribir el artículo ni la frase completa, y las tildes no se tienen en cuenta.
Por qué este parcial no es de desarrollo. El de verdad lo es, y conviene saber qué entrena esto y qué no. Acá se mide si tenés los conceptos y si sabés aplicarlos a un caso que no viste — que es donde se pierde la mayoría de los puntos en el parcial real. Lo que no se entrena es redactar: para eso hay que escribir la respuesta y que alguien la lea.
Tres convenciones de vocabulario que cambian de cátedra y de apunte:
- Estatidad es lo mismo que «condición de ser Estado». Sus cuatro propiedades aparecen a veces como «capacidades» y a veces como «atributos»: son las mismas cuatro.
- Poliarquía no es una democracia trucha ni un eufemismo. Es el nombre de un tipo de régimen realmente existente, con condiciones que se pueden buscar en un país y encontrar o no.
- Zona marrón y área marrón son la misma cosa, y el adjetivo describe un grado de presencia del Estado, no un nivel de ingreso.
Consejo de estrategia, que acá vale tanto como saber el tema: leé primero la pregunta y después el caso. Varios casos traen datos que no sirven para lo que se pregunta, y están puestos a propósito.
Ejercicio 1 — Cuatro palabras, cuatro sujetos 15 puntos
Ardania es reconocida como soberana por los demás Estados y participa de los organismos internacionales. Dentro de sus fronteras viven dos comunidades: los tálicos, que hablan su propia lengua y se reconocen descendientes de un mismo origen, y los berenos, que son mayoría. Hay tálicos también del otro lado de la frontera, en el Estado vecino de Veruzia, donde forman una minoría y no tienen territorio propio ni autoridades propias. La administración ardania cobra impuestos en todo su territorio, sus tribunales funcionan y su policía es la única fuerza armada del país. En marzo, tras una elección, asumieron en los cargos personas distintas de las que estaban antes; el elenco nuevo anunció que va a revisar un acuerdo comercial firmado ocho años atrás y que seguirá pagando un préstamo tomado hace quince. Un tratado vigente, además, le impide a Ardania decidir por su cuenta qué productos pueden entrar por su frontera.
- a) ¿Quién firmó el acuerdo comercial y el préstamo, y quién es el que debe?
- b) ¿Qué se puede afirmar sobre los tálicos que viven en Veruzia?
- c) La comunidad tálica de Veruzia se organiza y reclama ser reconocida como Estado. Aun suponiendo que varios Estados la reconocieran, ¿qué le seguiría faltando?
- d) Un tratado vigente le impide a Ardania decidir qué productos entran por su frontera. Krasner desagrega la soberanía en cuatro dimensiones. Escribí, en una palabra, el adjetivo con que nombra la dimensión que consiste en controlar los flujos que cruzan la frontera.
Los cuatro ítems se contestan con la misma herramienta: preguntarse qué cambia cuando pasa cada cosa. Si algo cambia con una elección, era el gobierno. Si sobrevive a la elección y obliga igual, era el Estado. Si es un sentimiento de pertenencia que puede existir sin oficinas, era la nación. Y si es la propiedad que ata a los tres elementos, era la soberanía.
a) Firma el gobierno, debe el Estado
Esta es la prueba de la deuda, y es el argumento más corto que existe para mostrar que Estado y gobierno son dos cosas distintas:
las obligaciones no se borran
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∴ Estado ≠ gobierno
El gobierno es el conjunto de personas y cargos que ejercen transitoriamente la autoridad del Estado. Firma en su nombre, no en el propio. Por eso el elenco que asumió en marzo puede querer renegociar el acuerdo —eso es una decisión de gobierno— y aun así sigue debiendo el préstamo: el deudor nunca fue él.
«Obligan al gobierno anterior.» Es la opción que más se elige después de la correcta, y es exactamente el error que la materia empieza corrigiendo: tratar al gobierno como si fuera el sujeto de las obligaciones internacionales. Si fuera así, cambiar de gobierno sería una forma legal de no pagar.
«Los firmó la nación.» La nación no es una organización: no tiene oficinas, ni presupuesto, ni empleados, ni capacidad de firmar nada. Es una comunidad de pertenencia. Nadie puede obligarse en su nombre porque no hay quién la represente como persona jurídica.
«Los firmó el país, que es el término técnico.» Es al revés: «país» es la palabra del lenguaje corriente, más geográfica que analítica, y justamente la que no distingue ninguno de los tres niveles. Sirve para conversar. En una respuesta de parcial, quien escribe «país» casi siempre quería decir Estado, nación o gobierno, y el que corrige no puede adivinar cuál.
b) Una nación puede estar repartida entre dos Estados
La población de un Estado es el conjunto de personas sobre las que ese Estado ejerce la dominación, dentro de su territorio. Los tálicos de Veruzia están bajo el poder veruzio: no son población del Estado ardanio. Y al mismo tiempo pertenecen a la nación tálica, que es una comunidad de pertenencia y no coincide con ninguna frontera.
El Estado-nación —el caso en que un Estado y una nación coinciden en un mismo territorio— es una coincidencia histórica y contingente, no una condición del Estado. Francia es el prototipo, y conviene recordar cómo llegó ahí: esa unidad simbólica se produjo, por guerra, conquista y homogeneización; no estaba dada. Los casos que no coinciden son abundantes: una nación repartida entre varios Estados, o un Estado con centenares de comunidades adentro, como Nigeria, que es plenamente un Estado y no es un Estado-nación.
«Dejaron de pertenecer a la nación.» Confunde la nación con la ciudadanía. La ciudadanía es un vínculo jurídico que un Estado adjudica; la pertenencia nacional es identidad, y no la cancela una frontera.
«Prueba que Veruzia no es soberana.» No hay ninguna relación entre las dos cosas. Veruzia ejerce autoridad última dentro de sus fronteras: eso es la soberanía. Que su población sea plurinacional es lo normal, no una falla.
c) Los tres elementos son necesarios, y hay que decirlo con esa palabra
Para que se pueda hablar de un Estado tienen que estar los tres a la vez: población, territorio y poder. La comunidad tálica de Veruzia tiene población. No tiene un territorio delimitado dentro del cual valgan sus ordenaciones y no las de otro, y no tiene una estructura de mando capaz de hacer valer sus decisiones sobre esa población en ese territorio.
«Sólo una identidad nacional propia.» Invierte la relación entera: la identidad no es un elemento del Estado, y de hecho hay Estados cuya población no comparte ninguna.
d) La soberanía no es un interruptor
La respuesta es interdependiente. Krasner desagrega la soberanía para no tener que discutir en abstracto si un Estado «es o no es» soberano:
interdependiente — la capacidad de controlar los flujos que cruzan la frontera
legal internacional — el reconocimiento jurídico ante los demás Estados
westfaliana — la exclusión de actores externos del sistema político interno
Ardania puntúa alto en la legal internacional (la reconocen), alto en la doméstica (cobra, juzga y es la única fuerza armada) y bajo en la interdependiente (no decide qué entra). Esas tres afirmaciones conviven sin contradicción, y ése es justamente el punto del concepto.
Ejercicio 2 — Weber sobre tres escenas 15 puntos
En Solanda ocurren tres situaciones. I) La única empresa capaz de abastecer de agua a una región impone a sus clientes las condiciones de contratación que quiere; los clientes firman porque no tienen alternativa, y algunos protestan por escrito al firmar. II) Una agencia estatal dicta una resolución sobre los horarios de carga y descarga en el puerto. Los transportistas la cumplen, y muchos de ellos la consideran un disparate; la agencia sólo puede dictar resoluciones sobre esa materia porque una ley la autoriza expresamente, y su titular está también obligado por esa ley. III) Después de un terremoto, un hombre que no ocupa ningún cargo organiza el reparto de agua en la zona afectada. Miles de personas lo siguen porque están convencidas de que tiene una capacidad excepcional para sacarlos de la catástrofe. Dos meses más tarde, cuando sus previsiones fallan una tras otra y la situación empeora, la mayoría deja de seguirlo.
- a) ¿Cuáles de las tres situaciones son, en sentido estricto, relaciones de dominación?
- b) En la situación II los transportistas cumplen la resolución aunque muchos la consideran un disparate. ¿Qué muestra eso?
- c) ¿Cómo se analiza la situación III con los tres tipos de dominación legítima?
- d) En Solanda una ley habilita a las agencias de seguridad privada a reducir a quien sorprendan robando dentro de un local. Un estudiante concluye que entonces el Estado solandés no tiene el monopolio de la coacción física legítima. ¿Qué está mal en esa conclusión?
- e) En la situación III, lo que se pierde cuando las previsiones fallan una tras otra tiene un nombre preciso en Weber: es la falta de aquello que mantiene la validez del carisma una vez que fue reconocido. Escribí esa palabra.
Weber construye conceptos cada vez más estrechos —poder, dominación, disciplina— y el ejercicio los recorre en ese orden. Lo que se evalúa no es recitarlos: es decidir, con un caso delante, cuál se aplica.
a) El monopolio de un proveedor no es dominación
Weber es explícito y este punto es de los que más se cobran: el poder económico derivado de una situación de monopolio no es, por sí mismo, dominación. Que un actor muy grande esté en condiciones de imponerle condiciones a otros es una superioridad en la negociación, de la misma naturaleza que cualquier otra influencia.
Y el reverso, que también se pregunta: que una relación haya nacido de un contrato libre no impide que sea dominación. La del patrón sobre el obrero, traducida en instrucciones y ordenanzas de trabajo, lo es, aunque nadie haya sido forzado a entrar en ella. O sea que ni el monopolio alcanza para que haya dominación, ni la libertad de entrar alcanza para que no la haya. Lo que decide es si hay mandatos que se obedecen en cuanto mandatos.
«Las tres, porque alguien consigue que los demás hagan lo que él quiere.» Es la opción más elegida, y es la definición de poder, no la de dominación. Weber la abandona por ser sociológicamente amorfa: si toda cualidad imaginable de una persona y toda constelación posible pueden ponerla en situación de imponer su voluntad, entonces todo es poder y el concepto no sirve para construir tipos.
«Sólo la II, porque hace falta norma escrita y cuadro administrativo.» Importa el tipo legal a la definición general. La dominación tradicional funciona sin normas estatuidas, y el patriarca domina sin cuadro administrativo: Weber lo dice expresamente. La III tampoco tiene cuadro burocrático y es dominación.
b) Obedecer no es estar de acuerdo
La definición de obediencia es literal y hay que tenerla completa: la acción del que obedece transcurre como si él mismo hubiera hecho del contenido del mandato la máxima de su conducta, y eso únicamente en méritos de la relación formal de obediencia, sin tener en cuenta su propia opinión sobre el valor o el desvalor del mandato. Que los transportistas piensen que la resolución es un disparate y la cumplan igual no es una anomalía: es el caso estándar.
«Es disciplina.» La disciplina no es «obedecer sin estar de acuerdo»: es obedecer de manera pronta, simple y automática, en virtud de actitudes arraigadas. Acá hay discusión, hay opinión y hay cumplimiento: eso es dominación, no disciplina.
«Falta la voluntad de obedecer.» Al contrario: la hay, y es lo único que hace falta. Weber dice que un mínimo de voluntad de obedecer —interés externo o interno en hacerlo— es esencial en toda relación de autoridad. Cumplir a disgusto es exactamente ese mínimo.
c) Carisma: lo decisivo es el reconocimiento, no el don
Carisma es la cualidad que pasa por extraordinaria en una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o extracotidianas y se la trata como jefe o caudillo. En la III hay exactamente eso: alguien sin cargo, sin norma que lo respalde y sin tradición que lo señale, al que se sigue por una capacidad que se le atribuye.
Y lo que explica el final del caso está en el mismo concepto: sobre la validez del carisma decide el reconocimiento de los dominados, que nace de la entrega y se mantiene por corroboración. Si falta la corroboración de modo permanente, si al agraciado le falla el éxito de modo duradero y su jefatura no le trae ningún bienestar a los dominados, hay probabilidad de que la autoridad se disipe. Ése es el rasgo más inestable del tipo, y es lo que el ítem e) pide nombrar.
«Es tradicional porque no hay cargo ni norma.» Define por lo que falta en vez de por lo que hay. La tradicional descansa en la santidad de lo que rigió desde siempre y en la legitimidad de los señalados por esa tradición; acá no hay nada heredado ni inmemorial: hay una situación extraordinaria y una persona nueva. La carismática es, en ese sentido, específicamente revolucionaria: subvierte el pasado en vez de apoyarse en él.
«Los tipos clasifican Estados.» Es el error de tratar los tipos ideales como cajones donde meter países. Weber lo desarma dos veces: primero avisa que ninguno de los tres se da «puro» en la realidad histórica, y después dice para qué sirve la tipología — para poder decir de una forma de dominación particular qué tiene en ella de carismático, de tradicional, de burocrático. Por eso la opción correcta dice «predominan rasgos carismáticos» y no «es una dominación carismática»: en cualquier situación real los tres conviven.
d) Monopolio es decidir quién puede, no ser el único que puede
El Estado es la comunidad humana que, en el interior de un determinado territorio, reclama para sí (con éxito) el monopolio de la coacción física legítima. Cada pieza hace trabajo, y la que este ítem evalúa es monopolio: a las demás asociaciones o a las personas individuales sólo se les concede el derecho a la coacción física en la medida en que el Estado lo permite. El Estado se considera fuente única del derecho de coacción.
El guardia de seguridad no es un contraejemplo del monopolio: es una manifestación del monopolio. Puede actuar porque una norma estatal lo habilita, dentro de los límites que esa norma le fija, y el Estado puede quitarle la habilitación. Un Estado que hubiera perdido el monopolio no sería uno donde el guardia actúa con permiso: sería uno donde actúa sin necesitarlo.
La otra aclaración que evita la caricatura: la coacción no es el medio normal ni el único del Estado. Es su medio específico, la ultima ratio, aquello a lo que se recurre cuando los demás fallaron. Un Estado que tuviera que usarla todos los días estaría mostrando debilidad, no monopolio.
Ejercicio 3 — Dos gobiernos que cobran por proteger 14 puntos
Nordavia y Pelorca son dos Estados vecinos, y los dos cobran un impuesto de seguridad. En Nordavia, el gobierno financia en reserva a una partida armada que asalta los depósitos de los comerciantes del este, y con lo recaudado por ese impuesto sostiene las patrullas que custodian esos mismos depósitos. En Pelorca el impuesto sostiene una guarnición en un paso de montaña que el Estado del otro lado cruzó dos veces por la fuerza en los últimos quince años; la tarifa que cobra es menor que la que cobraban las compañías privadas de escolta que hacían ese trabajo antes. Hay una diferencia más, que no es de precio: en Nordavia los tribunales no admiten demandas contra los funcionarios del gobierno y la asamblea no discute el presupuesto militar, mientras que en Pelorca la guarnición se financia con una ley que la asamblea vota cada año y los jefes de la guarnición fueron llevados a juicio dos veces por daños a particulares.
- a) Con el criterio de Tilly, ¿cómo se clasifica la relación de protección que ofrece cada uno de los dos gobiernos?
- b) Un funcionario de Nordavia sostiene que su gobierno es legítimo porque la mayoría de la población aprueba el impuesto. ¿Qué diría la definición de legitimidad que Tilly toma prestada?
- c) La última diferencia del caso —tribunales que admiten demandas contra funcionarios, una asamblea que vota el presupuesto, jefes militares llevados a juicio— ¿qué marca, y de qué orden es?
- d) Suponé que una potencia le garantiza a Nordavia sus fronteras y le provee material y entrenamiento militar a cambio de sus minerales. ¿Qué predice la advertencia con la que Tilly cierra su texto?
Todo el ejercicio se contesta con una sola pregunta repetida cuatro veces: ¿qué está afirmando Tilly exactamente, y qué no? La analogía es filosa porque es estrecha. El que la ensancha —«entonces el Estado es una mafia»— y el que la anula —«entonces no se aplica a ningún gobierno»— se equivocan por el mismo motivo: no leyeron dónde empieza y dónde termina.
a) El criterio es una pregunta, no una valoración
Tilly parte de que la palabra protección tiene dos sentidos opuestos: el que reconforta —el amigo poderoso, el techo firme— y el que inquieta —el que cobra para que no pase nada de lo que él mismo haría—. Y dice que la diferencia no está en la palabra ni en las intenciones: está en la amenaza, con dos preguntas que la deciden.
¿es externa al que cobra, o la produce él?
Nordavia controla las dos puntas del negocio: financia a la partida que asalta y cobra por las patrullas que custodian. Es la definición literal del chantajista. Pelorca no fabricó la amenaza —el vecino cruzó el paso por la fuerza— y encaja en el protector legítimo, con el agregado que casi nadie recuerda: se legitima especialmente si su precio no es mayor que el de sus competidores, y por eso el caso aclara que cobra menos que las escoltas privadas que hacían el trabajo antes.
«Los dos son chantajistas: eso es lo que Tilly demuestra.» Es la opción más elegida y es la lectura moral del título. Si la analogía dijera eso, el criterio no serviría para nada: clasificaría igual a todos los gobiernos que existieron, y un criterio que no separa casos no es un criterio.
«No se pueden clasificar, porque Tilly no quiere calificar a nadie.» Usa la aclaración de Tilly para el lado contrario. Él dice que no pretende llamar asesinos ni ladrones a generales y estadistas y por eso mismo puede aplicar la definición con frialdad: lo que clasifica no son personas, son relaciones de protección. Se puede aplicar sin insultar a nadie; ése es justamente su valor.
«Pelorca es el chantajista porque no supo evitar el peligro.» Da vuelta la pregunta: mide eficacia en lugar de origen. Un protector que fracasa sigue siendo un protector; un chantajista eficacísimo sigue siendo un chantajista.
Y el matiz que le falta a cualquier respuesta que no lo diga: para Tilly esto es una cuestión de grado, no una frontera nítida. Un mismo gobierno puede ser protector genuino frente a una invasión y chantajista frente a su propia población, en el mismo año.
b) Una legitimidad que mira hacia arriba
Tilly toma de Arthur Stinchcombe una definición que él mismo llama cínica y considera eficaz para el análisis político: la legitimidad es la probabilidad de que otras autoridades intervengan para confirmar las decisiones de una autoridad determinada. Y agrega el motivo por el que la considera útil: esas otras autoridades están especialmente dispuestas a confirmar a quien controla una fuerza considerable, sea por miedo a las represalias o por el deseo de conservar un entorno estable.
Fijate además que esta definición no es la de Weber del ejercicio 2, y las dos aparecen en el mismo parcial a propósito. En Weber, la legitimidad es la probabilidad de que un orden sea tratado como válido por los que obedecen. En Stinchcombe, es el respaldo de otras autoridades. Lo que las dos comparten es lo que hay que llevarse: ninguna de las dos dice justicia, y ninguna dice aprobación popular.
«Ningún gobierno que cobre puede ser legítimo.» Convierte el análisis en una consigna. Tilly aclara expresamente que reconocer el papel central de la fuerza no implica que la autoridad descanse únicamente en la amenaza de violencia, ni que la protección sea el único servicio de un gobierno: alguien puede decidir, con buenas razones, que los otros servicios compensan el costo.
c) Dónde se corta la analogía, y de qué está hecho el corte
Ésta es la parte que separa a quien leyó el texto de quien leyó el título. En Europa, los acuerdos de protección terminaron limitando a los propios gobernantes: de tanto pelear con su población y de tanto extenderle protección selectiva a distintas clases, los que mandaban quedaron expuestos a tribunales, a parlamentos y a reclamos. El chantajista no le rinde cuentas a ningún tribunal; el Estado europeo terminó sometido a reglas que él mismo tuvo que conceder.
Por eso el enunciado pone los tres datos del final —demandas contra funcionarios, presupuesto votado, jefes juzgados— y por eso la pregunta insiste en de qué orden es la diferencia. Es institucional, y eso quiere decir algo muy concreto: se verifica mirando instituciones, no corazones. No hay que averiguar si alguien es buena persona; hay que averiguar quién queda sometido a qué reglas.
«Pelorca perdió el monopolio.» Repite el error del ítem d) del ejercicio 2 con otro disfraz. Que los jefes militares puedan ser juzgados no significa que otro use la fuerza sin permiso del Estado: significa que el propio Estado somete a reglas a los que la usan en su nombre. Eso es lo contrario de perder el monopolio.
d) El final es una advertencia, no una condena
Tilly cierra mirando su presente, y lo que dice ata el texto entero. Muchos Estados surgidos de la descolonización heredaron la organización militar sin haber pasado por la pulseada: sin que se establecieran firmemente obligaciones mutuas entre gobernantes y gobernados. Si una potencia provee material y experiencia militar a cambio de materias primas o de apoyo, y además le garantiza las fronteras, entonces adentro de ese territorio queda una organización armada que eclipsa a todas las demás y que no le debe nada a nadie — con incentivos enormes para tomar el poder desde ahí.
El caso de Nordavia está construido para eso: si nadie de afuera la amenaza y nadie de adentro puede pedirle cuentas, no hay ninguna fuerza que la empuje a conceder nada. Ahí, dice Tilly, la analogía entre guerra, construcción del Estado y crimen organizado deja de ser una herramienta de análisis y se vuelve una tendencia trágica.
«Tilly dice que su argumento no se puede extender.» Es lo contrario de lo que hace: el último apartado de su texto es, precisamente, esa extensión. La aclaración que sí hace —la del primer párrafo— es sobre el tono, no sobre el alcance.
Lo que hay que llevarse del ejercicio: la analogía dice que el mecanismo de origen es el mismo, no que las dos cosas sean la misma cosa. Cobrar por un peligro que uno mismo genera en parte explica cómo se construyó el poder de cobrar; lo que en Europa pasó después con ese poder incluyó las instituciones que lo limitan, y donde esas instituciones no aparecieron, el mecanismo queda suelto.
Ejercicio 4 — Un diagnóstico de estatidad 14 puntos
Tismar declaró su independencia hace cuarenta años y sancionó una constitución que establece que el gobierno central manda sobre las fuerzas armadas de todo el país, que recauda los impuestos en todo el territorio y que su tribunal supremo revisa las sentencias de cualquier juez. En los hechos, las once regiones conservan cada una su propia milicia y ninguna acepta órdenes militares del centro; los impuestos los cobran recaudadores que designa cada región y que giran al centro lo que les parece y cuando les parece; no existe ningún tribunal que funcione por encima de los jueces regionales; y la escuela la organiza cada región, con su propio calendario de fiestas y su propio panteón de próceres. Catorce Estados reconocen a Tismar como soberana y mantienen embajadas en su capital.
- a) Diagnosticá el caso con las cuatro capacidades de la estatidad. ¿Cuáles tiene Tismar y cuáles le faltan?
- b) Un estudiante sostiene que Tismar sí institucionalizó su autoridad, y lo prueba citando el artículo de la constitución que le da al gobierno central el mando de las fuerzas armadas. ¿Qué está mal en ese argumento?
- c) El gobierno central de Tismar decide avanzar y toma cuatro medidas: instala un cuerpo armado único con destacamentos en las once regiones; financia y ejecuta los caminos que cada región necesita para sacar su producción; nombra en cargos nacionales a parientes de los jefes regionales y les gira subsidios; y crea una escuela con un calendario, un himno y un panteón comunes. Clasificalas con Oszlak.
- d) En el caso argentino, Oszlak llama desporteñización al momento en que el Estado nacional deja de apoyarse en los recursos y las instituciones de la provincia de Buenos Aires. ¿Cuándo ocurre y en qué consiste?
Oszlak hace con el Estado el mismo movimiento que Krasner hace con la soberanía y Dahl con la democracia: cambia una pregunta de sí o no por una lista que se revisa de a una. Por eso el caso de Tismar no se contesta con «es» o «no es» un Estado, sino recorriendo cuatro renglones. Y por eso el enunciado separa con tanto cuidado lo que la constitución dice de lo que en el territorio pasa: ahí está el ejercicio entero.
a) Las cuatro, una por una, con el caso en la mano
Estatidad es la palabra que Oszlak usa para no tener que preguntar «¿es o no es un Estado?» como si fuera una llave de luz: es el conjunto de atributos que una entidad en formación va adquiriendo, de a pedazos y de manera despareja.
institucionalizar su autoridad — monopolio sobre los medios organizados de coerción → no (once milicias)
diferenciar su control — instituciones propias que extraen recursos de manera estable → no (recaudadores regionales, sin justicia nacional)
internalizar una identidad colectiva — símbolos que producen pertenencia → no (cada región con sus próceres)
Tismar es, punto por punto, el diagnóstico que Oszlak hace de la Argentina anterior a 1862: reconocimiento externo repartido, coerción en manos de los gobiernos provinciales, aparato administrativo y jurídico nacional inexistente o precario, y ninguna posibilidad de generar símbolos de pertenencia en esas condiciones. La frase con la que lo resume conviene tenerla escrita: los atributos del Estado argentino sólo tenían vigencia en la letra de la ley. Había Constitución y no había Estado.
«Tiene diferenciar el control porque las once regiones son el conjunto diferenciado de instituciones.» Es el error clásico de leer «diferenciar» como dividir. No es Montesquieu ni es el reparto territorial: es tener un conjunto funcionalmente diferenciado de instituciones públicas propias, con legitimidad reconocida para extraer establemente recursos, con cierta profesionalización de sus funcionarios y cierto control centralizado sobre sus actividades. Once recaudadores que giran lo que quieren y cuando quieren son exactamente lo contrario de «establemente».
«No tiene ninguna, porque se adquieren en un orden fijo.» Inventa un requisito que el concepto no tiene. La estatidad se adquiere de manera gradual y despareja: se puede tener una capacidad y no las otras, y el caso muestra justamente eso. Si hubiera un orden obligatorio, el concepto no serviría para describir ningún proceso real.
b) «Lo dice la Constitución» no es «existe la capacidad»
Ésta es la trampa principal del ejercicio, y es la que más puntos cuesta en toda la unidad 2. La capacidad de institucionalizar la autoridad es imponer una estructura de relaciones de poder que garantice el monopolio sobre los medios organizados de coerción. Garantizar es un verbo que describe un estado de cosas, no un artículo.
Y el agregado que Oszlak le hace a Weber importa: no alcanza con que alguien tenga la fuerza, la fuerza tiene que estar institucionalizada — o sea, no depender de quién sea el que manda hoy. En Tismar no hay ni lo uno ni lo otro: la coerción está repartida en once milicias que se la reservan celosamente.
«Institucionalizar es lo de los símbolos.» Mezcla institucionalizar con internalizar, que es el error que Oszlak avisa de antemano porque las dos palabras empiezan igual. Institucionalizar es la coerción; internalizar es la identidad. Si las confundís, perdés dos respuestas de una.
«No se le exige a un Estado nacional.» Invierte una aclaración real del texto. Oszlak dice que estos atributos no definen a cualquier Estado sino al Estado nacional, y que la dominación colonial o la de un caudillo en su provincia son otra cosa, no etapas de transición hacia él.
c) Cuatro medidas, cuatro modalidades, y una sola apoyada en la fuerza
Las medidas del caso están puestas en desorden a propósito, porque la pregunta es si se reconocen por lo que hacen y no por el orden en que se aprendieron:
caminos para sacar la producción → material — se apoya en el interés material
cargos para los parientes y subsidios → cooptativa — se apoya en el afán de poder
escuela, himno y panteón comunes → ideológica — se apoya en la convicción
Y el corte que hay que saber decir: sólo la represiva se sostiene en el control de la violencia. Las otras tres funcionan con contraprestaciones, beneficios que crean vínculos de solidaridad y consolidan intereses comunes. Eso no es un detalle de clasificación: es el argumento de Oszlak. Los años de guerra civil habían mostrado que los intentos de crear un Estado fundados en las armas o en pactos efímeros no duraban, y por eso crear bases consensuales de dominación pasó a ser un atributo tan esencial de la estatidad como el monopolio de la violencia.
«Ninguna deja instituciones instaladas.» Es lo contrario de la tesis: cada forma de penetración cristalizó en instituciones —normas y organizaciones burocráticas—, y para Oszlak esas cristalizaciones institucionales son momentos del proceso de adquisición de los atributos de la estatidad. Por eso este tema y el de las cuatro capacidades son el mismo tema visto de cerca. El dato que lo muestra sin discusión: hasta 1862 la presencia del Estado nacional en el Interior se reducía casi a las aduanas, y quince años después la enorme mayoría de los agentes civiles y militares del gobierno nacional se desempeñaba en el Interior.
«Sólo la primera es penetración.» Define penetración como sinónimo de represión, que es el error que la clasificación entera viene a corregir.
Y una advertencia para no sobreclasificar: Oszlak avisa que son categorías analíticas, no cajones estancos. Su propio ejemplo es la intervención federal, que reprime una situación provincial hostil y repone aliados: es represiva y cooptativa al mismo tiempo.
d) 1880, y por qué no es «asume Roca»
Mientras el Estado nacional se apoyaba en los recursos y las instituciones de la provincia de Buenos Aires, era el brazo de una provincia. Varias iniciativas del gobierno nacional —leyes de tierras, nacionalización del banco provincial, tributación sobre el comercio exterior, la federalización de la Capital— lo enfrentaban justamente con ese sector. La consolidación llega cuando el Estado consigue desporteñizarse: en 1880 los combates entre las fuerzas nacionales y las de la provincia terminan con la federalización de la ciudad, y desde ahí arranca la tercera fundación.
1861, Pavón — se rehace el intento, ahora con Buenos Aires, pero apoyado en sus recursos y bajo su tutela.
1880 — el Estado se desprende de esa tutela. Recién ahí es nacional en serio.
«1861, Pavón puso al gobierno nacional por encima de todas las provincias.» Confunde quién ganó. Pavón confirmó la hegemonía de Buenos Aires y allanó, a partir de 1862, el camino para la organización definitiva; lo que sigue es un Estado nacional que se construye con los recursos y los organismos de la provincia porteña. Exactamente lo que en 1880 se termina.
«1852, Caseros, y la Confederación ya era un Estado consolidado.» La Confederación fue el primer intento y el que mostró el problema: sin la adhesión ni los recursos de Buenos Aires, duró apenas una década.
El hilo del ejercicio, en una línea: la estatidad no se declara, se adquiere. Tismar tiene una constitución impecable y una sola de las cuatro capacidades; la Argentina tuvo Constitución en 1853 y Estado en 1880. Entre las dos fechas está todo lo que esta unidad explica.
Ejercicio 5 — Dos programas y una salida de la crisis 12 puntos
En Arvena conviven dos programas de protección social. El programa A se creó a fines del siglo XIX, paga una prestación por accidente de trabajo y por vejez a quien acredite aportes descontados de su salario, y se financia con esas mismas contribuciones. El programa B se creó en los años cuarenta del siglo XX, cubre a toda persona mayor de cierta edad viva o no de un salario, y se financia con impuestos generales. A mediados de los setenta la economía de Arvena se da vuelta: cae la inversión, sube el desempleo y la inflación se acelera. Un grupo de asesores propone una salida en cuatro medidas: llevar el desempleo a un nivel que vuelva a disciplinar las demandas salariales; dejar de usar la política fiscal para suavizar el ciclo; aflojar las normas que protegen contra el despido; y pasar el programa B a un esquema que cubra sólo a quienes acrediten carencia mediante un certificado de ingresos. Un dato que los asesores no mencionan: durante toda la década el gasto social de Arvena siguió subiendo, mientras el resto del gasto público se achicaba.
- a) ¿A qué matriz del Estado de bienestar pertenece cada uno de los dos programas?
- b) Un compañero enumera las instituciones del Estado de bienestar de Arvena y pone el pleno empleo entre ellas. ¿Está bien?
- c) ¿Contra qué está dirigido, en lo esencial, el paquete de cuatro medidas que proponen los asesores?
- d) La cuarta medida deja de cubrir a todos y dirige el gasto sólo a quienes acrediten carencia mediante un certificado de ingresos. Escribí, en una palabra, cómo se llama ese criterio de asignación.
Todo el ejercicio se apoya en una sola separación, y es la que Isuani hace en el título de su trabajo: Bismarck o Keynes: ¿quién es el culpable?. El signo de pregunta no es un adorno. Si no se separan el Estado de bienestar (EB) y el Estado keynesiano (EK), no se puede contestar de qué es la crisis ni contra qué apunta la reforma — y el caso de Arvena está armado para obligar a separarlos tres veces seguidas.
a) De dónde sale el derecho a reclamar
Las dos matrices se distinguen por una pregunta: ¿qué te habilita a exigir la prestación?
bienestar universalista (posguerra) — el título nace de la condición de ciudadano. Cubre a toda la población. Se financia con impuestos generales. Si cae el empleo, cae la recaudación, no el derecho.
El programa A es el primero, y su fecha lo confirma: el seguro social nace a fines del siglo XIX, con las leyes aprobadas en Prusia por iniciativa de Bismarck entre 1883 y 1889. Respecto de las leyes de pobres rompe en tres puntos —reglas no discriminatorias y relativamente automáticas en lugar de discrecionalidad, dirigido al asalariado y no al miserable, y con el beneficiario obligado a contribuir a su propio financiamiento—. Y el tercer punto es el que hay que entender: que te descuenten del sueldo no es sólo una manera de juntar la plata, es lo que te habilita a exigir.
El programa B es el universalismo que se afirma en la Inglaterra de los años cuarenta: independientemente de sus ingresos, todos los ciudadanos en cuanto tales tienen derecho a ser protegidos.
«Los dos son keynesianos porque ninguno existía antes de la Gran Depresión.» Es el error de cronología que Isuani desarma primero: el EB ya había desarrollado sus instituciones antes de la Gran Depresión. Los seguros contra accidentes de trabajo, enfermedad, vejez y desempleo terminaron de implantarse en los países europeos, en promedio, antes de los años treinta. Lo que nace en la posguerra no es el EB: es su forma universalista y su expansión de cobertura.
«A es un seguro privado obligatorio.» Confunde el mecanismo de financiamiento con la naturaleza de la política. Que el beneficiario aporte no lo saca del EB: al contrario, es lo que en la matriz bismarckiana fortalece su derecho a reclamar el beneficio.
b) El pleno empleo es de Keynes, no de Bismarck
Es la trampa principal del ejercicio y la advertencia de Isuani que más se pregunta, textualmente: el pleno empleo no es una institución del Estado de bienestar, aunque le traiga beneficios al trabajador —menos competencia en el mercado laboral, más capacidad de negociación—. Está concebido como un mecanismo que asegura un óptimo de producción y de ganancia, no como un instrumento de redistribución progresiva del ingreso. Responde a la lógica de la producción; el EB responde a la de la redistribución.
Si el pleno empleo se cuenta como una institución del bienestar, la conclusión se da vuelta sola y se termina contestando que el culpable es el gasto social — que es justo lo que la evidencia no sostiene: un trabajo sobre 21 países de la OCDE entre 1965 y 1981 no encuentra la asociación entre gasto público e inflación que se daba por supuesta, y si alguna relación aparece es la contraria.
«Todo lo que mejora la situación del trabajador es del Estado de bienestar.» Es la opción más elegida después de la correcta, y define por el efecto en vez de por la lógica. Isuani concede el efecto —el pleno empleo mejora la posición del asalariado— y niega la pertenencia. Que algo beneficie a alguien no dice para qué fue creado.
«El pleno empleo no es institución de ningún Estado.» Contradice el texto de punta a punta: es la institución central del EK, y la etapa de posguerra se describe por su vigencia.
c) Contra quién va la reforma
Leídas en orden, las cuatro medidas se reparten así:
abstinencia en el uso anticíclico de la política fiscal → EK
aflojar la protección contra el despido → EB, la pieza que refuerza al trabajador dentro del mercado
cubrir sólo a quien acredite carencia → EB, el criterio de cobertura
La conclusión de Isuani es precisa: la resolución de la crisis pasa en primer lugar por el ataque frontal al Estado keynesiano y sus instrumentos. Del EB sólo hace falta tocar lo que refuerza la posición del trabajador en el mercado — de ahí salen las políticas de flexibilización, que atacan un aspecto de la faceta regulatoria del bienestar.
Y hay una razón de fondo para que el ajuste no se haga demoliendo el EB: cuando el ajuste se hace por recesión, en un contexto de instituciones democráticas en funcionamiento, el bienestar se vuelve más necesario, no menos — es la herramienta con la que se compensan las heridas de legitimación que el ataque al keynesianismo abre.
«Es el desmantelamiento del Estado de bienestar.» Es la lectura de manual, y es la que Isuani desmiente con datos. Su conclusión: mientras el EK fue una etapa del capitalismo que terminó minando la lógica de acumulación, el EB lo antecedió, creció a su amparo y está en condiciones de sobrevivir sin él. Podrá ser reducido y cambiar de forma, pero difícilmente desmantelado.
Para no dar media respuesta, conviene tener las dos lecturas del futuro del bienestar: Isuani apuesta a que sobrevive; Regonini, escribiendo en el mismo momento, habla de una fase de crisis profunda y de una posible tendencia a desaparecer en Europa. Quien da sólo una está dando la mitad del estado de la discusión.
d) Focalización
La respuesta es focalización: dejar de cubrir a todos y dirigir el gasto a quienes se identifican por su carencia mediante alguna comprobación de medios —un certificado de ingresos, un índice, una visita—. Es uno de los tres movimientos de la reforma, y conviene no confundirlos: la privatización cambia quién es el dueño, la descentralización cambia quién gestiona, la focalización cambia a quién se cubre.
Y lo que un parcial pide sobre esta discusión no es elegir bando, es saber los cuatro argumentos. A favor del universalismo: no estigmatiza, es administrativamente más simple y tiene una base de apoyo político ancha. En contra: es caro y una parte del gasto va a quien no lo necesitaba. A favor de la focalización: con recursos escasos concentrar rinde más por peso gastado. En contra: obliga a probar la carencia, es más cara de administrar y no más barata, se equivoca y deja afuera a gente que calificaba, y tiene una base política más angosta.
Ejercicio 6 — Corvania contra la lista de siete 15 puntos
La constitución de Corvania establece que el presidente se elige cada cuatro años por voto de todos los mayores de dieciocho, y garantiza en su primer artículo la libertad de expresión. Hace seis años un decreto prohibió la actividad del único partido que competía con el oficialismo. Desde entonces las elecciones se celebran en fecha, el padrón incluye a todos los adultos y el escrutinio es correcto, pero con una sola lista. Los diarios necesitan una autorización que el poder ejecutivo renueva cada año, y dos de ellos la perdieron después de publicar investigaciones sobre el gasto público. Las asociaciones vecinales y los sindicatos funcionan sin trabas mientras no se pronuncien sobre asuntos políticos. En estos seis años no se movió nadie de su cargo ni se reformó una coma de la constitución. El registro civil, la aduana, la moneda y los tribunales civiles funcionan igual que antes del decreto, y Corvania sigue pagando la deuda que tomó hace quince años.
- a) ¿Qué nivel cambió en Corvania con el decreto que prohibió al partido opositor?
- b) ¿Es Corvania una poliarquía?
- c) En Corvania vota todo el mundo y al mismo tiempo está prohibido el único partido opositor. ¿Cómo se describe esa combinación con las dos dimensiones de Dahl?
- d) Un funcionario sostiene que Corvania cumple con la libertad de expresión porque la constitución la garantiza en su primer artículo. Dahl exige que las siete instituciones estén vigentes y sean efectivas, y no de ese otro modo que el funcionario invoca. Escribí, en una palabra, el adjetivo con que Dahl nombra esa presencia que existe sólo en el texto.
Este ejercicio evalúa una sola destreza, y es la que más puntos decide en la unidad 4: convertir una pregunta de opinión en una lista que se revisa. Ni «me parece que Corvania es una dictadura» ni «bueno, ninguna democracia es perfecta» son respuestas. Las categorías existen para no tener que opinar.
a) Lo que cambia cuando no cambia nadie
El régimen, en la definición de O'Donnell y Schmitter que usa la materia, es el conjunto de pautas, explícitas o no, que determina las formas y canales de acceso a los principales cargos de gobierno, qué actores están admitidos y cuáles excluidos de ese acceso, y qué recursos o estrategias pueden usar para conseguirlo. Las tres piezas de esa definición están en el caso:
«admitidos y excluidos» → proscribir un partido cambia el régimen aunque no se toque una coma
«recursos o estrategias» → ganar una elección con una sola lista no es la misma vía de acceso que ganarla con varias
Y la prueba de los otros dos niveles se hace preguntando qué pasó al día siguiente. El gobierno: no se movió nadie de su cargo, así que el gobierno es el mismo. El Estado: siguen el registro civil, la aduana, la moneda, los tribunales civiles y la deuda tomada quince años atrás — el Estado no se fue a ninguna parte.
«Cambió el gobierno porque un decreto es una decisión de gobierno.» Confunde quién toma la decisión con qué nivel modifica. El gobierno tomó una decisión que cambió las reglas de acceso: el autor es el gobierno, el nivel afectado es el régimen. Es el mismo movimiento que una reforma constitucional hecha por el presidente en funciones — cambia el régimen con el mismo señor sentado en el sillón.
«Cambió el Estado.» El Estado sólo cambia si desaparece, se fusiona o nace una unidad política: una independencia, una secesión, la disolución de un país. Ni un golpe lo cambia, y el nombre «golpe de Estado» engaña justamente por eso.
b) La trampa más cara del parcial
Hay que empezar por deshacer el malentendido, porque es el que hace perder este ítem: poliarquía no quiere decir «democracia imperfecta», y no es un eufemismo ni un insulto. Dahl reserva democracia para un ideal —un sistema donde todos los miembros son políticamente iguales y el gobierno responde de manera continua a sus preferencias— y acuña poliarquía para nombrar otra cosa: el tipo de régimen realmente existente que resultó de democratizar y liberalizar las instituciones de los Estados nacionales.
El punto entero del concepto es que sus condiciones se pueden enumerar, buscar en un país y encontrar o no encontrar. Convierte una discusión interminable en una comparación que se puede hacer. Así que la pregunta «¿es Corvania una poliarquía?» tiene respuesta, y se obtiene recorriendo la lista:
2. elecciones libres e imparciales — el conteo es limpio, pero «imparciales» abarca la competencia y no sólo el escrutinio: falla
3. sufragio inclusivo — se cumple: vota todo el mundo
4. derecho a ocupar cargos públicos — falla: con un solo partido legal, se puede votar y no ser votado
5. libertad de expresión — falla: publicar una investigación cuesta la autorización
6. variedad de fuentes de información protegidas por la ley — falla: la autorización la renueva el ejecutivo
7. autonomía asociativa — falla: se puede asociar mientras no se haga política, que es la única autonomía que la institución mide
Las siete tienen que estar para clasificar a un gobierno como poliárquico. Con una que falte alcanza; acá faltan cuatro o cinco.
«Sí, porque hay elecciones y vota todo el mundo.» Se queda en las instituciones 1, 2 y 3 e ignora las cuatro restantes. Sin libertad de expresión, sin fuentes de información variadas y sin autonomía asociativa, votar no constituye una poliarquía: se elige sin saber entre qué, y no hay con quién organizarse.
«Sí, pero de baja intensidad.» Mezcla dos conceptos de dos autores distintos. La ciudadanía de baja intensidad es de O'Donnell y nombra otra cosa: un país que sí es una poliarquía y donde, sin embargo, no se puede esperar un trato justo de la policía ni de la justicia. Es el ejercicio 7, y presupone lo contrario de lo que pasa acá.
c) Dos dimensiones que se mueven por separado
En el plano más general, una poliarquía se distingue por dos rasgos, y son independientes:
contestación (o competencia pública) — si entre los derechos de esa ciudadanía está el de oponerse a los altos funcionarios y hacerlos abandonar sus cargos mediante el voto
Dahl las separa con dos contrastes históricos. Contestación sin inclusión: Gran Bretaña, Bélgica o Italia antes del sufragio masivo, donde había oposición legal y competencia real, pero tanto los que gobernaban como sus opositores salían de un grupo social muy chico. Inclusión sin contestación: los regímenes autoritarios modernos en los que casi todos los adultos son ciudadanos y hasta votan, pero entre sus derechos no está el de destituir al gobierno con el voto. Corvania es, exactamente, el segundo caso.
«Son la misma medida vista de dos maneras.» Si lo fueran, los dos contrastes de Dahl serían imposibles de describir, y los dos existieron.
d) Efectivas, no nominales
La respuesta es nominales. Dahl pide que las siete instituciones estén vigentes y sean efectivas, no meramente nominales: que la constitución las enumere no cuenta. Por eso el concepto sirve para medir, y por eso los países pueden ordenarse según el grado en que cada una está realmente presente.
Y la otra precisión que Dahl agrega y se pierde en el apunte: las siete son necesarias pero no suficientes para un proceso democrático pleno. Que estén no garantiza que el país cumpla con el ideal; que falte una alcanza para que no sea una poliarquía. La poliarquía es el umbral histórico más alto alcanzado, no el punto de llegada.
Ejercicio 7 — Marvena, de la capital al norte 15 puntos
Marvena es una poliarquía: en todo su territorio se vota sin coacción, los votos se cuentan bien, no hay censura y se puede fundar cualquier asociación. Su provincia del norte es la más rica del país por sus minas. Ahí el gobernador designa a los jueces locales entre sus allegados, la policía provincial detiene y golpea sin consecuencias a los jornaleros que reclaman por sus salarios, y los expedientes contra funcionarios se archivan sin trámite. En los barrios de la periferia de la capital, que es la ciudad más rica de Marvena, pasa lo mismo; en el centro de esa misma ciudad, no. Los legisladores que la provincia del norte manda al congreso nacional votan en bloque y consiguen a cambio que no se investigue nada de lo que ocurre allá. Marvena es un país extenso y diverso: su constitución reemplaza la asamblea de ciudadanos por representantes electos, y se organizó como federación después de setenta años de guerras entre regiones muy desiguales, en las que las regiones más pobres terminaron reclamando un gobierno central fuerte y autónomo.
- a) Un estudiante dice que la provincia del norte es una zona marrón porque ahí no hay Estado y porque es una zona pobre. ¿Qué hay que corregirle?
- b) El jornalero del norte votó sin coacción y su voto se contó, y al mismo tiempo no consigue que un tribunal lo atienda. ¿Cómo se llama esa situación y por qué no contradice que Marvena sea una poliarquía?
- c) ¿Por qué O'Donnell diría que la democracia de un país como Marvena se apoya en un Estado esquizofrénico?
- d) La constitución de Marvena reemplaza la asamblea de ciudadanos por representantes electos. Según Dahl, ¿de dónde viene la institución de la representación?
- e) Marvena se federó tras setenta años de guerras entre regiones desiguales, y fueron las regiones pobres las que reclamaron un gobierno central fuerte y autónomo. ¿Cómo se explica eso con Gibson y Falleti?
El ejercicio cierra el parcial juntando las tres puntas de la unidad 4, y el orden no es casual: primero dónde falla el Estado, después en qué falla, y al final cómo quedó armado el país donde eso pasa. Las tres preguntas se contestan sin usar una sola vez la palabra «corrupción», y ése es el punto: las categorías existen para decir algo más preciso que la indignación.
a) Marrón no es ausencia y no es pobreza
O'Donnell propone imaginar cada país como un mapa de tres colores, según el grado de presencia estatal en dos aspectos, el territorial y el funcional:
verde — alta penetración territorial y presencia mucho menor en términos funcionales
marrón — nivel muy bajo o nulo en las dos dimensiones
En una zona marrón el Estado no desaparece. Hay organizaciones estatales nacionales, provinciales y municipales; hay elecciones, gobernadores y legisladores. Lo que se evapora es la dimensión pública: se consolidan sistemas de poder privatizado —muchos de cuyos actores ocupan cargos estatales— que funcionan con personalismo, familismo, prebendismo y clientelismo, y donde los conflictos, incluso en los tribunales, se resuelven según las asimetrías de poder entre las partes. O'Donnell habla de regiones «neofeudalizadas».
Y el color no mide ingresos. El caso está construido para que esa lectura sea imposible: la provincia marrón es la más rica del país, y en la ciudad más rica hay marrón en la periferia y no en el centro. Eso es lo que quiere decir que la evaporación es funcional además de territorial: hay marrón en los barrios pobres de las grandes ciudades, en la violencia policial, en la negación de derechos a mujeres y minorías, y —cuando los representantes de esos circuitos llegan al Congreso y a las burocracias nacionales— hasta en la cúspide del Estado.
b) Se vota bien y no se consigue un juez
Es el aporte que hace que este texto esté en el programa. En muchas zonas marrones se respetan los derechos políticos de la poliarquía: la gente vota sin coacción, los votos se cuentan bien, se pueden crear organizaciones, expresar opiniones sin censura y circular libremente. Y sin embargo es común que jornaleros, habitantes de barrios pobres, pueblos indígenas y mujeres no reciban un trato justo en los tribunales, no accedan a servicios a los que tienen derecho, no estén a salvo de la violencia policial y carezcan de derechos laborales.
La bifurcación, en una línea: se respetan los derechos participativos y democráticos de la poliarquía y se viola el componente liberal de la democracia. Eso es la ciudadanía de baja intensidad.
Por qué no contradice que Marvena sea una poliarquía: porque son restricciones extrapoliárquicas —la lista de siete de Dahl no las mide— y políticamente fundamentales al mismo tiempo. La bisagra del texto es la frase que conviene tener memorizada en su estructura: cuando a alguien se le niega de hecho el acceso a los tribunales, ese derecho «privado» no es menos constitutivo de la ciudadanía que el derecho «público» de votar sin coacción.
«Entonces no es una poliarquía.» Es la salida fácil, y borra el problema en vez de resolverlo. O'Donnell dice expresamente que estos países son verdaderas poliarquías —eso es lo que los distingue de los que directamente no calificaban— y justamente por eso hizo falta un concepto nuevo: si dejaran de ser poliarquías, la lista de Dahl alcanzaría y no habría nada que explicar.
«Es corrupción judicial.» Nombra un síntoma y pierde el diagnóstico. Lo que falla no son unas personas: es el Estado en tanto ley, que es una dimensión constitutiva del Estado y no un producto suyo.
c) También el Estado puede ser autoritario
Ésta es la tesis fuerte del texto y la más difícil de sostener en un parcial, porque contradice lo que la propia materia enseñó en 4.1. La opinión predominante reserva los adjetivos «democrático» y «autoritario» para el régimen. O'Donnell discute eso con dos definiciones simétricas:
Estado democrático — legalidad completa: cierra sus propios circuitos, porque sus normas se aplican universalmente, incluso contra otras organizaciones estatales
Y como eso afecta una dimensión constitutiva del Estado y no sólo al régimen, en los países con grandes áreas marrones la democracia se apoya en un Estado esquizofrénico, donde se mezclan —funcional y territorialmente— características democráticas y autoritarias. El dato de los legisladores que votan en bloque a cambio de que no se investigue nada está puesto para mostrar el último tramo: por vía de la representación, el circuito marrón llega a la cúspide nacional.
«Tiene dos regímenes.» El régimen es nacional: las reglas de acceso a los cargos son las mismas en el norte y en la capital, y el caso lo dice. Lo que varía por territorio y por función no es el régimen: es la presencia efectiva del Estado y de su ley.
d) La representación no la inventaron los demócratas
Es el dato de la segunda transformación que más sorprende, y una pregunta de parcial casi segura. El gobierno representativo se desarrolló a partir de una institución medieval de gobierno monárquico y aristocrático: las asambleas que los monarcas convocaban con los nobles para tratar impuestos, guerras y sucesiones, en Inglaterra y en Suecia. Los griegos jamás crearon un sistema representativo estable, y Rousseau todavía la rechazaba en El contrato social; fue Montesquieu quien argumentó que en un Estado grande es imposible reunir a todos y hay que elegir representantes.
La amalgama entre democracia y representación es lo que destrabó la escala, y por eso ningún país es hoy demasiado extenso ni ninguna población demasiado numerosa para un régimen democrático. Durante más de dos mil años el pensamiento político occidental había dado por sentado lo contrario.
«Viene de Rousseau.» Es exactamente el autor que la rechaza.
Y el marco donde esto va: la escala chica de la polis no era un accidente técnico, era un requisito de la concepción griega. Por eso la segunda transformación no es un perfeccionamiento de la primera: es un cambio de idea. Y por eso viene con las dos columnas de la tabla — se ganó alcance, derechos individuales, pluralismo y la aceptación del conflicto como algo normal y no aberrante; se perdió la participación directa, la homogeneidad y aquella noción compacta de bien común. Madison llegó a argumentar en la Convención de 1787 que el mejor remedio contra los recelos entre facciones era, justamente, el aumento del tamaño.
e) Por qué las provincias pobres piden un centro fuerte
Gibson y Falleti discuten con Riker, cuya teoría clásica dice que las unidades territoriales se federan por una amenaza militar externa o por una oportunidad de expansión. Para el caso argentino ese esquema no funciona: hubo guerras, pero ninguna involucró a la mayoría de las futuras unidades de la federación ni fue decisiva en los hitos que la establecieron.
Su aporte es agregar un segundo eje. Los estudios de federalismo miran el conflicto entre niveles de gobierno, en un continuo centralizado ↔ descentralizado; los autores suman el conflicto entre provincias, con su propio continuo: hegemónico ↔ plural. En el polo hegemónico una provincia domina el gobierno nacional; en el plural, el gobierno central es autónomo frente a cualquier provincia y actúa en nombre de la unión. Y separan tres resultados que cada uno tiene su causa:
el régimen federal se explica por un empate: ni proyecto unitario impuesto ni provincias capaces de prescindir del gigante
la centralización se explica por el conflicto regional
Por eso la opción que dice «es una contradicción, las provincias débiles son siempre descentralizadoras» está mal por el motivo más interesante: toma como una posición fija lo que es una posición estratégica, y con eso vuelve inexplicable el único federalismo que efectivamente se construyó.
Y el cierre que ata el parcial entero: acá también la unión nacional se construyó sobre la desunión y el enfrentamiento. Oszlak lo dice del Estado argentino y Tilly de los europeos — la unidad fue siempre el precio de la derrota de unos y la consagración de los privilegios de otros. Que setenta años después queden zonas donde la ley del Estado no llega no es una anomalía sobre una historia prolija: es la misma historia, mirada desde el lugar donde el proceso no terminó.
Leerlo resuelto no es lo mismo que rendirlo. Acá lo podés hacer entero sin que te corrija nada hasta entregarlo, igual que en el aula, y recién ahí te dice la nota, cómo se resolvía cada ejercicio y a qué temas te conviene volver.
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