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Sociedad y Estado · Unidad 7 — Derechos, género y movimientos sociales

Movimientos sociales, partidos y coaliciones

Un partido busca ocupar el gobierno y un movimiento busca que un reclamo se vuelva política; que un reclamo se procese por la vía institucional o quede afuera depende tanto del reclamo como de las reglas del sistema.

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La explicación

Dos formas de acción colectiva que no compiten por el mismo puesto

La diferencia más limpia es por el objetivo, no por el tamaño ni por la simpatía que despierten.

Cuidado con dos errores simétricos. Uno: pensar que un movimiento social es un partido en formación, un estadio previo. La mayoría nunca se vuelve partido y no fracasa por eso. Dos: pensar que son mundos separados. Se tocan todo el tiempo, y ver cómo es la mitad del tema.

El repertorio, otra vez

Un movimiento no elige sus formas de acción en el vacío. Como vimos en 7.2 con Tilly, el repertorio resulta del cruce entre la experiencia acumulada de los actores y las estrategias de las autoridades: queda a mano un conjunto de medios de acción más práctico y más frecuente que otros. En la Argentina, ese repertorio incluye de manera muy marcada el uso del derecho —formular el reclamo como un derecho, litigarlo, invocar tratados—, y eso viene de la transición democrática.

Cómo se tocan movimientos y partidos

Por qué un reclamo entra o queda afuera

Hay dos condiciones, y conviene mirarlas por separado.

Del lado del reclamo: si hay traducción institucional disponible. La vía institucional funciona cuando el reclamo puede convertirse en algo que alguna institución sabe procesar: un derecho exigible ante un juez, un proyecto que consigue votos, una política que alguna repartición puede ejecutar. Si no hay traducción posible, el reclamo queda en la calle aunque tenga apoyo. Y Delamata advierte lo inverso también: que el reclamo entre no garantiza que se cumpla, porque un derecho incorporado a la política pública no siempre se convierte en obligación efectiva y a veces se tergiversa al aplicarlo, por la redistribución de cargas que impone.

Del lado del sistema: las reglas electorales no son neutrales. Malamud analiza por qué en la Argentina, desde 1983, ninguna fuerza nueva logró desplazar a los dos partidos históricos, pese a muchos intentos. Los factores institucionales que identifica:

El mecanismo, en una frase. Las fuerzas nuevas surgen en la Capital y el Gran Buenos Aires, consiguen muchos votos ahí, pero esos votos no se transforman en cargos ni en políticas: sin cargos no hay recursos, sin recursos no hay estructura, y sin estructura se apagan después de un par de elecciones prometedoras. Malamud lo resume diciendo que la democracia argentina es un cementerio de partidos nuevos, y que sin reformas institucionales no hay razón para esperar otra cosa.

Del otro lado, lo que sostiene a los partidos que persisten es el arraigo territorial: las provincias son la base de poder, y quien controla una gobernación controla carreras partidarias, recursos presupuestarios y aparato de fiscalización. Malamud agrega que los partidos nacionales, en un sistema presidencialista y federal, se parecen más a confederaciones de partidos provinciales que a organizaciones cohesionadas.

Qué se lleva de acá. Que un reclamo no prospere no prueba que le faltara apoyo social, y que un partido nuevo no crezca no prueba que no representara a nadie. Las reglas del juego reparten de antemano quién puede convertir votos en cargos, y eso forma parte de la explicación tanto como las virtudes o los errores de cada actor.
Ejemplo resuelto

Un movimiento consigue instalar su reclamo, se convierte en partido, saca un resultado muy bueno en la Ciudad y en el Gran Buenos Aires, y cuatro años después prácticamente desapareció. Explicá qué pudo pasar sin recurrir a "hicieron las cosas mal".

Es el patrón que Malamud describe, y tiene una explicación institucional que no depende de los aciertos o errores de nadie.

1. Dónde nacen. Las fuerzas nuevas surgen casi siempre en la Capital o la provincia de Buenos Aires, que juntas concentran una parte enorme de la población pero no de los cargos.
2. Dónde se reparten los cargos. La mayoría de los gobernadores y legisladores se elige en las demás provincias, y el sistema sobrerrepresenta a las menos pobladas. Muchos votos en dos distritos no equivalen a muchos cargos.
3. La magnitud de los distritos. El sistema es formalmente proporcional, pero donde se eligen pocas bancas la proporcionalidad casi no opera y las minorías quedan afuera.
4. La renovación por mitades. La Cámara de Diputados renueva la mitad por vez, así que en cualquier momento refleja las dos últimas elecciones. Un gran resultado se diluye: entra la mitad del impulso.
5. El umbral de las PASO y la fiscalización. Para llegar a la general hay que superar un piso, y para que los votos se cuenten hace falta fiscalizar en todo el país, lo que exige aparato territorial.

El círculo que se cierra: sin cargos no hay recursos ni carreras que ofrecer; sin eso no se construye estructura en el interior; sin estructura, el buen resultado no se puede repetir. Malamud llama a esto un cementerio de partidos nuevos, y lo atribuye a las reglas, no a las personas.

La lectura de fondo: que el partido haya desaparecido no prueba que el reclamo original no tuviera apoyo social. Puede seguir existiendo perfectamente como movimiento —con otro repertorio, litigando o presionando— sin pasar por la vía electoral, que es la más exigente de todas.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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@soytiza.ok