Sociedad y Estado · Unidad 7 — Derechos, género y movimientos sociales
Movimientos sociales, partidos y coaliciones
Un partido busca ocupar el gobierno y un movimiento busca que un reclamo se vuelva política; que un reclamo se procese por la vía institucional o quede afuera depende tanto del reclamo como de las reglas del sistema.
La explicación
Dos formas de acción colectiva que no compiten por el mismo puesto
La diferencia más limpia es por el objetivo, no por el tamaño ni por la simpatía que despierten.
- Partido político. Organización permanente que compite en elecciones para ocupar cargos de gobierno. Necesita reconocimiento legal para presentar listas, tiene estructura formal, afiliados, procedimientos de selección de candidatos, y responde periódicamente ante un electorado.
- Movimiento social. Acción colectiva sostenida en el tiempo que le reclama algo a alguien —casi siempre al Estado— sin proponerse ocupar el cargo. No necesita personería, su base es difusa (se entra y se sale), y lo que lo sostiene es la movilización misma: cuando ésta se apaga, el movimiento se desarma.
El repertorio, otra vez
Un movimiento no elige sus formas de acción en el vacío. Como vimos en 7.2 con Tilly, el repertorio resulta del cruce entre la experiencia acumulada de los actores y las estrategias de las autoridades: queda a mano un conjunto de medios de acción más práctico y más frecuente que otros. En la Argentina, ese repertorio incluye de manera muy marcada el uso del derecho —formular el reclamo como un derecho, litigarlo, invocar tratados—, y eso viene de la transición democrática.
Cómo se tocan movimientos y partidos
- El movimiento instala el tema y el partido lo traduce. Un reclamo sostenido en la calle y en los tribunales llega al parlamento como proyecto. Delamata muestra que, cuando esto pasa, la discusión se apoya en razones legales, saber experto y testimonios, y las votaciones tienden a cruzar a los bloques en vez de seguirlos: fue lo que ocurrió con la ley de glaciares y con la de matrimonio igualitario, ambas de 2010.
- La militancia dentro del partido cambia las reglas del partido. El cupo femenino de 1991 no llegó desde afuera: lo impulsaron activistas de la Unión Cívica Radical y del peronismo, según Caminotti. Es acción colectiva operando adentro de la estructura partidaria.
- Coaliciones. Son acuerdos entre partidos para competir en una elección o para sostener un gobierno. Malamud describe cómo se arman y se deshacen: una coalición que cumple su función electoral puede extinguirse poco después, cuando los socios vuelven a sus posiciones previas. Que existan coaliciones no borra a los partidos que las forman.
- El movimiento que se vuelve partido. Pasa, y es la vía más difícil: implica aceptar las reglas del juego electoral, que —como se ve enseguida— no son neutrales.
Por qué un reclamo entra o queda afuera
Hay dos condiciones, y conviene mirarlas por separado.
Del lado del reclamo: si hay traducción institucional disponible. La vía institucional funciona cuando el reclamo puede convertirse en algo que alguna institución sabe procesar: un derecho exigible ante un juez, un proyecto que consigue votos, una política que alguna repartición puede ejecutar. Si no hay traducción posible, el reclamo queda en la calle aunque tenga apoyo. Y Delamata advierte lo inverso también: que el reclamo entre no garantiza que se cumpla, porque un derecho incorporado a la política pública no siempre se convierte en obligación efectiva y a veces se tergiversa al aplicarlo, por la redistribución de cargas que impone.
Del lado del sistema: las reglas electorales no son neutrales. Malamud analiza por qué en la Argentina, desde 1983, ninguna fuerza nueva logró desplazar a los dos partidos históricos, pese a muchos intentos. Los factores institucionales que identifica:
- El sistema electoral es formalmente proporcional, pero la magnitud chica de muchos distritos limita la representación de las minorías: donde se eligen pocas bancas, la proporcionalidad casi no opera.
- Hay sobrerrepresentación de las provincias menos pobladas, lo que favorece a la periferia frente a los grandes centros urbanos, que es justamente donde nacen las fuerzas nuevas.
- La Cámara de Diputados se renueva por mitades —un caso único entre las cámaras bajas del mundo—, así que en un momento dado refleja el resultado de las dos últimas elecciones y no de la última. Eso diluye en el tiempo un buen desempeño de un partido no establecido.
- Las PASO fijan un umbral para llegar a la general y aumentan el peso de la fiscalización partidaria, que exige aparato territorial en todo el país.
Del otro lado, lo que sostiene a los partidos que persisten es el arraigo territorial: las provincias son la base de poder, y quien controla una gobernación controla carreras partidarias, recursos presupuestarios y aparato de fiscalización. Malamud agrega que los partidos nacionales, en un sistema presidencialista y federal, se parecen más a confederaciones de partidos provinciales que a organizaciones cohesionadas.
Un movimiento consigue instalar su reclamo, se convierte en partido, saca un resultado muy bueno en la Ciudad y en el Gran Buenos Aires, y cuatro años después prácticamente desapareció. Explicá qué pudo pasar sin recurrir a "hicieron las cosas mal".
Es el patrón que Malamud describe, y tiene una explicación institucional que no depende de los aciertos o errores de nadie.
2. Dónde se reparten los cargos. La mayoría de los gobernadores y legisladores se elige en las demás provincias, y el sistema sobrerrepresenta a las menos pobladas. Muchos votos en dos distritos no equivalen a muchos cargos.
3. La magnitud de los distritos. El sistema es formalmente proporcional, pero donde se eligen pocas bancas la proporcionalidad casi no opera y las minorías quedan afuera.
4. La renovación por mitades. La Cámara de Diputados renueva la mitad por vez, así que en cualquier momento refleja las dos últimas elecciones. Un gran resultado se diluye: entra la mitad del impulso.
5. El umbral de las PASO y la fiscalización. Para llegar a la general hay que superar un piso, y para que los votos se cuenten hace falta fiscalizar en todo el país, lo que exige aparato territorial.
El círculo que se cierra: sin cargos no hay recursos ni carreras que ofrecer; sin eso no se construye estructura en el interior; sin estructura, el buen resultado no se puede repetir. Malamud llama a esto un cementerio de partidos nuevos, y lo atribuye a las reglas, no a las personas.
La lectura de fondo: que el partido haya desaparecido no prueba que el reclamo original no tuviera apoyo social. Puede seguir existiendo perfectamente como movimiento —con otro repertorio, litigando o presionando— sin pasar por la vía electoral, que es la más exigente de todas.
Dónde se cae la mayoría
- Definir al movimiento social como "un partido que todavía no se organizó". El objetivo es distinto: el partido compite por cargos, el movimiento reclama que un asunto se vuelva política pública.
- Confundir coalición con movimiento. Una coalición es un acuerdo entre partidos para competir o gobernar; un movimiento no busca cargos y no necesita reconocimiento legal.
- Explicar la ausencia de terceras fuerzas sólo por errores de estrategia. Malamud señala factores institucionales concretos: magnitud chica de los distritos, sobrerrepresentación de provincias poco pobladas, renovación por mitades de Diputados y el umbral de las PASO.
- Creer que si un reclamo entra por la vía institucional ya está resuelto. Delamata advierte que un derecho incorporado a la política pública no siempre se convierte en obligación de cumplimiento efectiva.
- Suponer que un partido con estructura nacional es una organización cohesionada. Malamud describe a los partidos argentinos como confederaciones de partidos provinciales, donde la base de poder real es la provincia.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
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