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Sociedad y Estado · Unidad 8 — Actores, medios y políticas públicas

Integración regional y política exterior

Integrarse no es comerciar más: es que un grupo de Estados resigne atributos de soberanía y cree instituciones comunes con poder de decidir por todos, y quién empuja eso se define adentro de cada país.

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La explicación

El Estado, entre dos tensiones

Malamud presenta la integración regional dentro de un cuadro más grande: el Estado contemporáneo está sometido a tensiones de fragmentación, de causas sobre todo políticas y ligadas al resurgimiento de nacionalismos subestatales, y a tensiones de integración, de motivaciones sobre todo económicas y ligadas a la globalización. La integración regional es una de las respuestas que algunos Estados construyeron frente al cambio de escala de los mercados mundiales: el autor la describe como un intento de reconstruir las fronteras nacionales erosionadas, pero a un nivel más alto.

La definición estricta

Siguiendo una definición clásica de Ernst Haas, la integración regional es el proceso por el cual un grupo de Estados vecinos se entremezcla hasta resignar algunos atributos reales de su soberanía y, a cambio, gana formas nuevas de tramitar los conflictos que tienen entre ellos. Malamud y Schmitter le agregan una condición: que además levanten instituciones comunes que duren en el tiempo y cuyas decisiones obliguen a todos los socios.

Esto es lo que distingue integración de acuerdo comercial. Más comercio entre los socios, más contacto entre las elites, más facilidad para cruzar la frontera, símbolos de una identidad común: todo eso la vuelve más probable, pero no ocupa su lugar. Si no hay instituciones comunes permanentes con decisiones vinculantes, hay cooperación o hay comercio, no integración.

Las cuatro etapas de la integración económica

A medida que se avanza, la integración económica derrama efectos sobre la arena política: que la gente pueda mudarse de país y que haga falta acordar políticas comunes obliga a decidir cosas que ya no son técnicas. Por eso Malamud compara los procesos de integración con los de unificación estatal, con una distinción que marca como crucial: los procesos de integración son siempre voluntarios; los de unificación estatal rara vez lo fueron.

Supranacional e intergubernamental

La Unión Europea es, para el autor, el bloque más avanzado: superó el mercado común, se consolida como unión económica y monetaria y aspira a ser también una unión política. Su arquitectura combina dos lógicas y conviene no mezclarlas:

América Latina en tres etapas

Malamud ordena la experiencia latinoamericana en tres momentos, y advierte que sólo el último dejó resultados duraderos: hacia fines de los años 50 y comienzos de los 60 surgen la ALALC y el Mercado Común Centroamericano; a fines de los 60 se fundan la Comunidad Andina y la CARICOM; y a partir de las transiciones democráticas de los años 80 se relanzan los anteriores, la ALALC se transforma en ALADI y se crea el Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Sobre el Mercosur su balance es que logró avances notables en el comercio entre los socios y en inversiones durante sus siete primeros años, y que después una sucesión de crisis domésticas y un nivel inadecuado de institucionalización afectaron su desempeño.

Por demanda o por oferta: acá está la clave del tema

Las dos grandes teorías contemporáneas (el intergubernamentalismo liberal y la gobernancia supranacional o neofuncionalismo) comparten un supuesto: el impulso de la integración viene de la demanda. El aumento de las transacciones transnacionales genera interdependencia, y los protagonistas del intercambio (sobre todo empresarios y firmas) terminan pidiéndoles a las autoridades que adapten las reglas.

Y en América Latina, al revés. Malamud señala que acá los procesos se caracterizaron por la ausencia o debilidad de intereses transnacionales. Sin empresarios regionales empujando, fueron los Estados nacionales los que decidieron tiempos y formas: una integración basada en la oferta, que entre países en desarrollo es lo habitual y no la rareza.

Por qué la integración depende de la política interna

Si el impulso viene del Estado y no de la sociedad, importa muchísimo qué parte del Estado decide. Malamud es claro: cuando se pregunta quién condujo estos procesos, la respuesta es sistemáticamente el poder ejecutivo, muy por encima de cualquier otro actor doméstico. En América Latina, los congresos y los jueces nacionales fueron arrastrados detrás o directamente mantenidos afuera, y el resultado es un bajo nivel de participación de la sociedad civil y un bajo grado de institucionalización de los bloques.

La consecuencia directa es la que hay que poder explicar en un parcial: como el poder está concentrado en el ejecutivo y la política exterior es su terreno más autónomo, algunos jefes de gobierno pudieron empujar la integración o frenarla sin tener que pasar por la aprobación de eventuales actores de veto. Un bloque que avanza por decisión presidencial también puede frenarse por decisión presidencial. La integración regional no es un proceso externo que le pasa a los países: es el resultado de decisiones que se toman puertas adentro.

Un argumento extra: el tamaño de los Estados

El capítulo cierra la sección con una idea que explica por qué sobreviven Estados muy chicos. Siguiendo a Alesina y Spolaore, el tamaño de un país sale del tironeo entre dos cosas: ser grande conviene por escala económica y por defensa, y cuesta caro porque adentro conviven preferencias muy distintas y ponerse de acuerdo se hace difícil. Un país chico puede permitirse serlo si un mercado mayor lo deja especializarse y a la vez lo protege; uno grande se banca con su mercado interno, pero paga el precio de decidir entre intereses más diversos. La integración regional interviene ahí como un reparto: las decisiones que dependen de parecerse entre sí quedan adentro de cada país, y lo económico y lo militar suben al nivel del bloque.

Ejemplo resuelto

Dos países firman un acuerdo por el que se eliminan los aranceles entre ellos y crean una comisión que se reúne dos veces por año para revisar el cumplimiento, con decisiones que cada gobierno aplica si quiere. ¿Es un proceso de integración regional?

Hay que ir a la definición estricta y chequear los elementos uno por uno.

1. ¿Perdieron atributos fácticos de soberanía? Renunciaron a cobrar aranceles entre sí, así que algo resignaron. Primer elemento presente, aunque en su forma más básica.
2. ¿Hay instituciones comunes permanentes? Hay una comisión, pero se reúne dos veces al año y no aparece como un órgano con vida propia. Dudoso.
3. ¿Las decisiones son vinculantes para todos los miembros? No: cada gobierno las aplica si quiere. Acá se cae.
4. ¿En qué etapa económica están? En zona de libre comercio: no hay aduanas internas, pero nada se dice de un arancel común frente a terceros.

Lo que hay que ver: el elemento que falta es el decisivo. Sin decisiones vinculantes, cada Estado conserva intacto el control sobre lo que cumple, y las técnicas nuevas para resolver conflictos mutuos no llegan a existir.

Conclusión: es un acuerdo comercial que estableció una zona de libre comercio. Puede volverse el punto de partida de un proceso de integración, y de hecho el aumento del comercio lo hace más probable, pero todavía no lo es.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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@soytiza.ok