Sociedad y Estado · Unidad 1 — El Estado: qué es
Los elementos del Estado: población, territorio y poder
Un Estado es población, territorio y un poder organizado sobre los dos, atados por la soberanía; que ese Estado además coincida con una nación es un caso frecuente pero no una condición, y hay casos importantes en los que no coincide.
La explicación
Los tres elementos
Para que se pueda hablar de un Estado tienen que estar los tres a la vez. Ninguno alcanza solo, y ninguno de los tres es opcional.
- Población. El conjunto de personas sobre las que se ejerce la dominación. No es una masa indiferenciada: el Estado moderno la organiza jurídicamente como ciudadanía, o sea que le adjudica derechos y obligaciones y define quién pertenece y quién no. Sin población no hay a quién mandar.
- Territorio. Un espacio delimitado por fronteras, dentro del cual valen las ordenaciones de ese Estado y no las de otro. No es un detalle geográfico: es constitutivo. Weber lo dice explícitamente cuando define al Estado, y Malamud recuerda por qué históricamente fue así: el paso del nomadismo a la agricultura fijó a los productores a la tierra, y esa inmovilidad hizo posible proyectar poder sobre un territorio delineado y cobrar impuestos de forma centralizada.
- Poder. Una estructura de mando organizada —un aparato, un cuadro de funcionarios— capaz de hacer valer sus decisiones sobre esa población y en ese territorio, apoyada en última instancia en la coerción.
La soberanía: la propiedad que ata los tres
Los tres elementos podrían describir también a una empresa grande con un predio y empleados. Lo que convierte al conjunto en un Estado es la soberanía: ser la autoridad última hacia adentro de las fronteras y no estar subordinado a ninguna autoridad externa.
El concepto moderno lo acuñó Bodino en el siglo XVI para describir al monarca como un gobernante no sujeto a las leyes humanas. Tres rasgos suyos siguen siendo útiles:
- Es absoluta e indivisible, pero no ilimitada: se ejercía en la esfera pública y no en la privada.
- Se encarna en el gobernante pero no muere con él: se perpetúa, inalienable, en el Estado que lo sobrevive. Ahí está, otra vez, la diferencia entre Estado y gobierno.
- Es lo que sostiene el principio de igualdad jurídica entre Estados: ante el derecho internacional, todos los Estados soberanos son iguales.
La soberanía no es un interruptor: son cuatro dimensiones
Malamud recoge de Stephen Krasner una desagregación que sirve para no discutir en abstracto sobre si un Estado es o no soberano:
- Soberanía doméstica: la autoridad del Estado hacia adentro de sus fronteras, frente a su propia sociedad.
- Soberanía interdependiente: la capacidad de controlar los flujos que cruzan las fronteras —bienes, servicios, capitales, personas—.
- Soberanía legal internacional: el reconocimiento jurídico del que goza el Estado ante los demás.
- Soberanía westfaliana: la exclusión de actores externos en el funcionamiento del sistema político interno.
Con esto se entienden casos que de otro modo parecen contradictorios. Taiwán tiene soberanía doméstica y westfaliana y, en cambio, carece casi por completo de soberanía legal internacional. Los Estados más débiles suelen quedar abajo en todos los rankings menos en el legal; los más poderosos puntúan alto en tres dimensiones pero, por su nivel de interdependencia, más bajo en esa.
Estado y nación: cuando coinciden y cuando no
Estado-nación es el nombre del caso en que un Estado y una nación coinciden en un mismo territorio: la población del Estado se reconoce, además, como una sola comunidad nacional. Francia es el prototipo —«francés» nombra al ciudadano y al idioma— y conviene recordar cómo llegó ahí: el Estado francés es producto de la guerra y la conquista, y fue su capacidad homogeneizadora la que disolvió diferencias y creó esa unidad simbólica. O sea que la coincidencia se produjo; no estaba dada.
Por eso el Estado-nación es una coincidencia histórica y contingente, no una condición del Estado. Los casos que no coinciden no son excepciones raras:
- Una nación repartida entre varios Estados. La mayor parte de los Estados árabes no tienen antecedentes históricos propios: fueron creados por Francia y Gran Bretaña, que dividieron el territorio según criterios administrativos y militares. Subsistieron por obra de las elites nacionales que asumieron el gobierno, aunque buena parte de la población considere artificiales esas fronteras y piense a la nación árabe, con su lengua común, como una sola.
- Un Estado con muchas comunidades adentro. Nigeria, el país más poblado de África, tiene una población dividida en unos 250 grupos étnicos, más de 500 lenguas vivas y cuatro sistemas legales distintos. Es plenamente un Estado; no es un Estado-nación.
- Estados plurinacionales bajo presión. Malamud menciona a España, Canadá, Bolivia y Bélgica, donde reclamos de comunidades lingüísticas o religiosas impugnan la forma estatal existente.
Un compañero afirma: "Nigeria no puede ser un Estado de verdad, porque ahí conviven cientos de comunidades distintas y no hay una nación nigeriana". Respondele usando los elementos del Estado.
La afirmación mezcla dos preguntas distintas: si Nigeria es un Estado y si Nigeria es un Estado-nación. La respuesta a la primera es sí y a la segunda es no, y eso no es una contradicción.
2. ¿Tiene soberanía? Sí: es la autoridad última hacia adentro y no está subordinada a otro Estado; está reconocida internacionalmente. Con esto ya está: es un Estado.
3. ¿Es un Estado-nación? No. Su población está dividida en unos 250 grupos étnicos, más de 500 lenguas vivas y cuatro sistemas legales distintos. No hay una única comunidad nacional que coincida con el Estado.
El error del compañero es haber convertido a la nación en un cuarto elemento del Estado. No lo es. El Estado-nación es un caso de coincidencia, y si fuera una condición, la mayoría de los Estados del mundo no existirían.
El contraejemplo que cierra la discusión: Francia, que es el prototipo del Estado-nación, tampoco encontró esa unidad hecha. El Estado francés es producto de la guerra y la conquista, y fue su capacidad homogeneizadora la que disolvió diferencias y construyó la unidad simbólica. La coincidencia es un resultado histórico, no un requisito.
Dónde se cae la mayoría
- Decir que un Estado necesita una nación. No la necesita: necesita población, territorio y poder soberano. Nigeria es un Estado con cientos de comunidades adentro, y sigue siendo un Estado.
- Usar Estado-nación como sinónimo elegante de Estado. Nombra un caso particular —el de coincidencia entre los dos— y usarlo para todo borra justamente los casos que hay que saber explicar.
- Tratar la soberanía como algo que se tiene o no se tiene. Con las cuatro dimensiones de Krasner se ve que un mismo Estado puede tener mucha de una y casi nada de otra, como Taiwán.
- Confundir igualdad jurídica con igualdad real. Que todos los Estados sean iguales ante el derecho internacional es compatible con que sean profundamente desiguales en poder, y las dos cosas hay que afirmarlas juntas.
- Creer que el territorio es un dato geográfico y no un elemento constitutivo. Sin un ámbito delimitado donde valgan sus ordenaciones no hay Estado moderno, y por eso Weber mete al territorio adentro de la definición.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
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