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Sociedad y Estado · Unidad 1 — El Estado: qué es

Poder, dominación y disciplina

Weber define tres cosas que se confunden todo el tiempo: poder es imponer la propia voluntad aun contra resistencia, dominación es que un mandato concreto sea obedecido, y disciplina es que la obediencia sea inmediata y automática.

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La explicación

Las tres definiciones, y por qué son tres

Weber no está haciendo sinónimos. Está construyendo conceptos cada vez más estrechos, porque el primero le sirve de poco y el tercero le sirve mucho.

Por qué el poder no le alcanza. Weber llama al poder un concepto «sociológicamente amorfo» (Weber, Economía y sociedad): cualquier rasgo de una persona y cualquier combinación de circunstancias puede darle a alguien la chance de imponerse. Plata, armas, belleza, información, prestigio, una buena posición en una negociación. Si todo entra, el concepto no permite distinguir nada, y con un concepto así no se pueden construir tipos. Por eso pasa a dominación, que es más preciso: ahí hay un mandato y hay alguien que lo obedece.

Qué significa obedecer

Es la parte que más se saltea y la que hace inteligible todo lo que viene después. Para Weber, obedecer es actuar como si uno hubiera adoptado la orden como regla propia de conducta, y hacerlo sólo porque existe la relación formal de mando y obediencia, dejando de lado lo que uno piense sobre si la orden vale la pena o no.

O sea: obedecer no es estar de acuerdo. El que obedece actúa como si la orden fuera suya, aunque le parezca una idiotez. Y aun así, en toda relación de autoridad tiene que haber algún interés en obedecer, sea por conveniencia o por convicción.

Qué NO es dominación

Weber es cuidadoso acá, y el parcial suele pegar justo en este punto.

Asociación de dominación y asociación política

Una asociación se llama de dominación cuando sus miembros están sometidos a relaciones de dominación en virtud del orden vigente. Normalmente hay un cuadro administrativo: un grupo de personas con cuya obediencia se puede contar y que se encarga de llevar a la práctica las reglas generales y las órdenes puntuales. No siempre: el patriarca domina sin cuadro administrativo.

Una asociación de dominación es política «cuando y en la medida en que su existencia y la validez de sus ordenaciones, dentro de un ámbito geográfico determinado, estén garantizados de un modo continuo por la amenaza y aplicación de la fuerza física por parte de su cuadro administrativo» (Weber, Economía y sociedad). Tres piezas: un territorio, continuidad y la fuerza física como garantía.

Weber aclara algo que se malinterpreta: la coacción física no es el único ni el medio normal de las asociaciones políticas. Quienes las dirigen recurren a cualquier medio que tengan a mano. Lo que las distingue es que la amenaza de la fuerza, y su uso si hace falta, es su medio específico: la ultima ratio, lo que queda cuando todo lo demás falló. Y no fueron las únicas que usaron la violencia como algo legítimo: también lo hicieron el linaje, la familia y las cofradías.

La legitimidad, y la trampa que hay que evitar

Toda dominación busca que se crea en ella: según Weber, todas «procuran despertar y fomentar la creencia en su legitimidad» (Weber, Economía y sociedad). Ninguna confía su continuidad sólo al interés, al afecto o a las convicciones de quienes obedecen: a eso le suma, casi siempre, la creencia en que su mando es válido. Y como el tipo de legitimidad pretendida cambia el tipo de obediencia, el tipo de cuadro administrativo y el carácter del ejercicio de la dominación, Weber clasifica las dominaciones según sus pretensiones típicas de legitimidad. Eso es lo que da los tres tipos de 1.4.

Legitimidad no es justicia y no es consenso. Weber lo formula así: la legitimidad de una dominación «debe considerarse sólo como una probabilidad, la de ser tratada prácticamente como tal y mantenida en una proporción importante» (Weber, Economía y sociedad). Y agrega algo incómodo: casi nunca se obedece en primer lugar porque se crea en la legitimidad. Se puede aparentar adhesión por conveniencia, sostenerla por interés material o resignarse a ella porque no se ve salida. Nada de eso decide cómo se clasifica una dominación: lo que decide es que haya una pretensión de legitimidad que rija en una medida considerable y ayude a afianzar el vínculo.

O sea que «legítima» no significa «justa», ni «buena», ni «aprobada por la mayoría». Significa que el orden es tratado como válido por quienes están adentro de él. Un régimen atroz puede ser legítimo en este sentido técnico, y ahí está lo que la definición tiene de filoso. Si en un parcial escribís que una dominación es legítima porque es justa, estás contestando otra cosa.
Un ejercicio resuelto, paso a paso

Clasificá tres situaciones según sean poder, dominación o disciplina: (a) un banco enorme obliga a otros bancos a aceptar las condiciones de un acuerdo; (b) el jefe de una oficina ordena rehacer un informe y el empleado lo rehace aunque le parezca innecesario; (c) una compañía militar ejecuta la orden de avanzar sin que nadie la discuta.

Las tres tienen algo de asimetría, pero sólo dos son dominación y sólo una es disciplina.

(a) Es poder, no dominación. El banco está en condiciones de imponer su voluntad, y eso alcanza para hablar de poder: la definición admite cualquier fundamento. Pero no hay un mandato que alguien obedezca en cuanto mandato. Weber usa este mismo ejemplo: un monopolio que permite fijar las condiciones de un trato no es dominación mientras no aparezca obediencia directa. Pasaría a serlo si lo que dispone esa dirección buscara ser acatado por el solo hecho de venir de ella, y fuera probable que lo fuese.

(b) Es dominación. Hay un mandato de contenido determinado —rehacer el informe— y hay obediencia. Y fijate en el detalle que parece un adorno y es el corazón del concepto: le parece innecesario y lo hace igual. Eso es obedecer para Weber: actuar como si el contenido del mandato fuera la máxima propia, sin tener en cuenta la opinión sobre su valor. Que el vínculo haya nacido de un contrato de trabajo formalmente libre no cambia nada.

(c) Es disciplina. Es dominación también —toda disciplina lo es—, pero con un rasgo más: la obediencia es pronta, simple y automática, en virtud de actitudes arraigadas, y de parte de un conjunto de personas. No hay deliberación previa. La disciplina supone una obediencia de hábito, de mucha gente a la vez, que ya no se resiste ni se discute.

La regla para no errar: preguntá primero si hay un mandato concreto. Si no lo hay, como mucho hay poder. Si lo hay y es obedecido, hay dominación. Si además la obediencia es automática y colectiva, hay disciplina.

Y uno del nivel del parcial

Analizar una misma situación —el examen final en una universidad— con las tres categorías del tema: poder, dominación y disciplina. Decir qué muestra cada una que las otras no muestran, explicar por qué el examen funciona sin que casi nunca haga falta la fuerza, y comparar el caso con un control policial en la ruta, que también es una relación de poder legítima.

Las tres categorías, con su diferencia específica:

poder:         la probabilidad de imponer la propia voluntad, aun
                contra resistencia
dominación: que un mandato concreto sea OBEDECIDO (si es legítima,
                porque se cree en la validez del orden)
disciplina:  que la obediencia sea pronta, automática y sin crítica,
                por actitudes arraigadas

1. El examen como relación de poder. Hay una asimetría: una parte decide si la otra sigue en la carrera. El docente puede imponer su criterio aunque el estudiante no esté de acuerdo, y esa capacidad no depende de que el estudiante la acepte.

Pero describirlo solo como poder deja algo afuera: el estudiante no se presenta empujado. Se anota, llega temprano y se queda hasta el final. Eso no se explica con "puede imponerse".

2. El examen como dominación legítima. Acá entra la pregunta por el fundamento: ¿por qué se obedece?

el docente no manda por su persona, manda por su CARGO
su cargo está definido por un reglamento
el reglamento fue sancionado por un procedimiento establecido

Es dominación legal-racional en estado puro: se obedece a la norma impersonal, no al individuo. La prueba es que si el mismo docente diera una orden fuera de su competencia —por ejemplo, exigir algo que no está en el programa— la obediencia se resquebraja y aparece el reclamo.

Y es exactamente eso lo que hace que no haga falta la fuerza. La dominación legítima se sostiene en la creencia en la validez del orden, no en la amenaza. Un orden que necesita coerción constante es un orden con problemas de legitimidad.

3. El examen como dispositivo disciplinario. Acá cambia la pregunta: en vez de "quién manda" se pregunta cómo se arraigan las actitudes que vuelven automática la obediencia. (Lo que sigue lleva el concepto más lejos que Weber: los términos «vigilancia jerárquica» y «sanción normalizadora» son de Foucault.)

distribuye en el espacio: cada uno en su banco, separados
controla el tiempo: hora de inicio, duración fija, hora de entrega
registra: la nota queda escrita en un legajo, para siempre
compara: ubica a cada uno respecto de una norma y del resto
jerarquiza: aprobado, desaprobado, promocionado

El examen combina vigilancia jerárquica y sanción normalizadora, y produce algo que ninguna orden podría producir: individuos que se estudian a sí mismos, que se comparan, que anticipan lo que se les va a exigir y se regulan solos.

El dato decisivo: el estudiante estudia cuando nadie lo mira. El efecto disciplinario no necesita un vigilante presente; el examen ya está adentro, organizando el tiempo de la semana anterior.

Cómo se articulan las tres, que es lo que el parcial pide:

poder:        describe la asimetría
dominación: explica por qué se obedece sin fuerza
disciplina:  explica por qué la obediencia ya no pasa por la deliberación

No son tres explicaciones que compiten: son tres niveles. El poder está siempre disponible como última instancia —se puede echar a alguien que copia—, pero lo que sostiene el funcionamiento cotidiano es la combinación de las otras dos.

Un contraste que aclara todo: comparar el examen con un control policial en la ruta. Los dos son relaciones de poder; los dos pueden ser legítimos. Pero solo uno produce personas que, sin nadie que las mire, organizan su semana alrededor de él.

Dónde se pierde el punto: tratar "poder" y "dominación" como sinónimos. Weber los separa a propósito: puede haber poder sin legitimidad (un asaltante) y la dominación es el caso particular en que un mandato concreto encuentra obediencia; la dominación legítima, además, se apoya en la creencia en la validez del orden.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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