Sociedad y Estado · Unidad 1 — El Estado: qué es
Los tres tipos de dominación legítima
Weber distingue tres tipos puros según en qué se cree cuando se obedece: en la norma estatuida (legal), en la santidad de lo que rigió desde siempre (tradicional) o en el don extraordinario de una persona (carismática).
La explicación
El criterio de la clasificación
Existen tres tipos puros de dominación legítima, y lo que los separa es el fundamento primario de su legitimidad, o sea la razón por la cual quienes obedecen tratan al orden como válido:
- De carácter racional (legal): descansa en la creencia en la legalidad de ordenaciones estatuidas y en el derecho de mando de quienes esas ordenaciones llaman a ejercer la autoridad.
- De carácter tradicional: descansa en la creencia cotidiana en la santidad de las tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa tradición para ejercer la autoridad.
- De carácter carismático: descansa en la entrega extracotidiana a la santidad, el heroísmo o la ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas.
Dicho de la manera más corta posible: en la legal se obedece a la norma; en la tradicional, a la persona del señor llamado por la tradición; en la carismática, al caudillo en virtud de la confianza personal en su revelación, su heroicidad o su ejemplaridad, dentro del círculo en que la fe en su carisma tiene validez.
1. Dominación legal, con administración burocrática
Descansa en unas cuantas ideas entrelazadas. Que todo derecho puede ser estatuido de modo racional. Que ese derecho es un cosmos de reglas abstractas que se aplican al caso concreto. Que el que obedece lo hace sólo en cuanto miembro de la asociación —en el Estado: como ciudadano— y sólo obedece «al derecho». Que la obediencia se debe al orden impersonal y no a la persona, y sólo dentro de una competencia limitada que ese mismo orden otorga.
Su cuadro administrativo típico es la burocracia, que se estudia a fondo en 1.5: funcionarios con competencias fijas, jerarquía, formación profesional acreditada, sueldo en dinero, carrera, separación entre el cargo y la persona y sujeción al expediente escrito.
2. Dominación tradicional
Es tradicional cuando la legitimidad descansa en la santidad de ordenaciones y poderes de mando heredados desde tiempo inmemorial. El soberano no es un «superior» sino un señor personal; su cuadro no está compuesto por «funcionarios» sino por servidores; los dominados no son «miembros» de la asociación sino compañeros tradicionales o súbditos. Las relaciones del cuadro con el soberano no se determinan por el deber objetivo del cargo sino por la fidelidad personal.
Los mandatos son legítimos de dos maneras: en parte por la fuerza de la tradición, que fija inequívocamente el contenido de lo que puede ordenarse, y en parte por el arbitrio libre del señor, al que la tradición le demarca un ámbito. Existe entonces un doble reino: lo que está materialmente vinculado por la tradición y lo que queda librado a la gracia y el favor.
Las formas originarias, y las prebendas
Los tipos originarios de la dominación tradicional son aquellos casos en que no existía un cuadro administrativo personal del imperante:
- Gerontocracia: la autoridad la ejercen los más viejos, en tanto son los mejores conocedores de la sagrada tradición. Aparece con frecuencia en asociaciones que no son primariamente económicas ni familiares.
- Patriarcalismo originario: dentro de una asociación las más de las veces económica y familiar, ejerce la dominación una sola persona de acuerdo con determinadas reglas hereditarias fijas.
En los dos, lo decisivo es la carencia total de cuadro administrativo personal: el imperante depende mucho más de la voluntad de obediencia de los suyos, que todavía son «compañeros» y no «súbditos». Cuando aparece un cuadro administrativo y militar personal del señor, la dominación tradicional tiende al patrimonialismo, y ahí los compañeros se convierten en súbditos.
3. Dominación carismática
Carisma es la cualidad que pasa por extraordinaria en una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas —o por lo menos extracotidianas y no accesibles a cualquiera—, y en consecuencia se la trata como jefe, caudillo o guía.
Sobre la validez del carisma decide el reconocimiento de los dominados, que nace de la entrega y la confianza y se mantiene por corroboración. Y acá está el rasgo más inestable del tipo: si falta de modo permanente la corroboración, si el agraciado parece abandonado por su fuerza, si le falla el éxito de modo duradero y sobre todo si su jefatura no le trae ningún bienestar a los dominados, entonces hay probabilidad de que su autoridad carismática se disipe.
El cuadro administrativo carismático no es una burocracia, ni de lejos. No se lo selecciona por estamento ni por dependencia personal, sino por cualidades carismáticas: al profeta le corresponden los discípulos, al príncipe de la guerra el séquito, al jefe los hombres de confianza. No hay colocación ni destitución, no hay carrera ni ascenso, no hay jurisdicción ni competencias, no hay sueldo ni prebenda. No hay reglamento ni preceptos abstractos: lo decisivo son las creaciones de derecho caso por caso.
Por eso la dominación carismática se opone por igual a la legal y a la tradicional: las dos son formas de la dominación cotidiana, rutinaria, y la carismática genuina es específicamente lo contrario. La burocrática es racional por su vinculación a reglas; la carismática es irracional por su extrañeza a toda regla. La tradicional está atada a los precedentes del pasado; la carismática subvierte el pasado y es, en ese sentido, específicamente revolucionaria.
Tipos ideales: lo que esto NO es
Un tipo ideal es una construcción analítica que exagera deliberadamente ciertos rasgos para poder comparar. No es un promedio, no es un ideal en sentido moral y no es una casilla. En cualquier régimen real los tres conviven: un presidente electo (legal) puede tener un liderazgo carismático fuerte y una administración atravesada por lealtades personales de tipo tradicional. Escribir «la Argentina es una dominación carismática» es usar la herramienta al revés. Lo que sí se puede escribir es «en tal situación predominan rasgos carismáticos, que conviven con una estructura legal-burocrática».
En un municipio, el intendente fue electo en comicios, ordena por decreto y su firma vale porque la ley se lo permite; además arrastra una adhesión personal enorme entre los vecinos, que lo siguen por lo que es y no por el cargo; y el secretario de obras, que entró porque es sobrino del intendente anterior, maneja el área con criterios que "siempre fueron así". Clasificá la dominación del municipio.
La trampa está en la palabra «clasificá», y la respuesta correcta empieza por rechazar la consigna tal como está formulada.
2. Rasgos carismáticos. La adhesión personal «por lo que es y no por el cargo» es exactamente la entrega extracotidiana a la ejemplaridad de una persona. Y trae consigo la fragilidad del tipo: si le falla el éxito de modo duradero y su gestión no le aporta ningún bienestar a los vecinos, esa adhesión se disipa. El cargo seguiría; el carisma no.
3. Rasgos tradicionales. Un cuadro reclutado por lazo familiar y un área manejada porque «siempre fue así» son la fidelidad personal y la santidad de lo heredado, no el deber objetivo del cargo ni la regla abstracta.
La respuesta: el municipio no «es» de ningún tipo. Lo que se puede afirmar es que predomina una estructura legal-burocrática, atravesada por un liderazgo con rasgos carismáticos y por prácticas de reclutamiento con rasgos tradicionales. Ésa es la frase que el tipo ideal habilita.
Para qué sirvió entonces la tipología: para poder decir, de esta forma concreta de dominación, qué tiene en ella de legal, de carismático y de tradicional. Weber propone la herramienta exactamente con ese uso, y agrega que estamos muy lejos de creer que la realidad histórica se deje apresar entera en el esquema.
Dónde se cae la mayoría
- Usar los tres tipos como cajones para clasificar países o gobiernos enteros. Son tipos ideales: sirven para decir qué hay de carismático, de tradicional y de legal en un caso concreto, no para etiquetarlo.
- Creer que la dominación carismática es la del político simpático o buen orador. El carisma es una cualidad considerada extraordinaria, no accesible a cualquiera, y lo que decide es el reconocimiento de los adeptos, no la simpatía.
- Pensar que Weber está afirmando que el líder carismático realmente tiene poderes extraordinarios. Es del todo indiferente cómo se valore objetivamente esa cualidad: lo que importa es cómo la valoran los dominados.
- Confundir dominación tradicional con dominación antigua. Lo que la define es el fundamento de la legitimidad —la santidad de lo que rigió desde siempre—, no la fecha.
- Olvidar que en la dominación legal el que manda también obedece. El soberano legal típico obedece al orden impersonal por el que orienta sus disposiciones, y eso es parte de la definición.
- Tratar la prebenda como una forma de corrupción. Es una forma de retribución característica de la administración patrimonial: el señor cede fuentes de ingreso en lugar de pagar un sueldo.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
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