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Sociedad y Estado · Unidad 2 — Cómo se forma un Estado

Guerra y construcción estatal

Nadie se sentó a diseñar el Estado moderno: salió como subproducto de gobernantes que necesitaban plata para pelear y tuvieron que armar un aparato para sacársela a su propia población.

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La explicación

La frase que hay que entender

Charles Tilly escribe una frase que parece una provocación y es una tesis: la guerra crea estados. Ojo, no está diciendo lo obvio —que los Estados hacen guerras—. Está diciendo lo contrario y en ese orden: hacer la guerra y hacer el Estado son dos caras del mismo proceso, y si hoy existe eso que llamamos Estado moderno es en buena medida por el esfuerzo de financiar ejércitos.

Contra qué discute Tilly, porque eso ayuda a entenderlo. Discute con tres versiones amables del origen del Estado: la del contrato social (la gente se junta y acuerda darse un gobierno), la del mercado (los Estados ofrecen servicios y la población los compra) y la de la comunidad de valores (una sociedad que comparte normas reclama el gobierno que le corresponde). Para la Europa de los últimos siglos, dice, la imagen que se parece más a lo que pasó es otra: la de los constructores del Estado como empresarios coercitivos y egoístas, que buscaban frenar rivales y quedarse con las ventajas del poder dentro de un territorio.

El motor: la plata de la guerra

La cadena es sencilla y por eso es potente. Un señor quiere pelear. Pelear cuesta: hombres, armas, comida, transporte, alojamiento, y sobre todo el dinero para comprar todo eso. Ese dinero hay que sacarlo de la población que uno controla, y hay que sacarlo de modo regular, no una sola vez. Pero para cobrar impuestos de manera estable hay que tener quién los cobre, quién lleve la cuenta, quién juzgue los conflictos y quién obligue al que no paga. Y hay que sacarles de encima a los señores locales que hasta ayer cobraban ellos.

El esquema de Tilly, en cuatro movimientos que se retroalimentan:
1. Hacer la guerra obliga a extraer recursos.
2. Extraer obliga a eliminar, neutralizar o cooptar a los rivales de adentro.
3. Eso deja armado un aparato: agencias recaudadoras, policías, tribunales, tesorerías, contadores.
4. Ese aparato aumenta la capacidad de hacer la guerra, y la rueda vuelve a empezar.
Ninguno de los cuatro pasos fue el objetivo. El objetivo era ganar la guerra. El Estado quedó de resto.

Las cuatro actividades

Tilly ordena bajo la etiqueta de violencia organizada cuatro cosas distintas que hacen los agentes del Estado. Conviene saberlas por nombre porque la trampa está en la segunda:

Las cuatro se apoyan en la misma tendencia: monopolizar las formas concentradas de coerción. Y cada una dejó su propia organización. La guerra dejó ejércitos y flotas; la construcción del Estado, instrumentos permanentes de vigilancia y control; la protección, tribunales y asambleas representativas donde el protegido va a reclamar lo suyo; la extracción, la estructura fiscal y contable.

Deuda, impuestos y el efecto trinquete

La parte menos glamorosa es la que más explica. Los reyes no tenían la plata: la pedían prestada. Tilly señala que la deuda pública francesa arranca, a efectos prácticos, con un préstamo que Francisco I toma de comerciantes de París en 1522 para seguir peleando contra Carlos V. Para la muerte de Luis XIV, en 1715, el endeudamiento de guerra equivalía a unos dieciocho años de ingresos de la Corona. En Inglaterra pasó lo mismo con las guerras que empiezan en 1689.

Y una vez que suben, no bajan. Es lo que se llama efecto desplazamiento o efecto trinquete: durante la guerra el gasto y la recaudación saltan a un techo nuevo, y al llegar la paz no vuelven al nivel anterior. Durante las guerras napoleónicas los impuestos británicos pasaron del 15 % al 24 % del ingreso nacional, y ahí se quedaron. El aparato fiscal que se construye para una guerra sobrevive a la guerra. Eso es, literalmente, Estado.

Y sin embargo: de dónde salieron los derechos

Acá está la parte que casi nadie se acuerda en el parcial, y es la más importante. Tilly dice que la resistencia popular fue determinante. Cuando la gente se plantó frente a las levas y a los impuestos, las autoridades tuvieron que hacer concesiones: garantías de derechos, instituciones representativas, tribunales de apelación. Y esas concesiones, una vez hechas, se convirtieron en obstáculos para seguir haciendo la guerra y construyendo el Estado.

O sea: el Estado con parlamentos y derechos no es el resultado de un contrato entre iguales ni de la generosidad de nadie. Es el sedimento de una negociación forzada sobre cuánto se podía extraer y a cambio de qué. Es una historia menos noble y bastante más interesante.

Tilly también marca que el equilibrio entre las cuatro actividades le dio forma a cada Estado. Donde la guerra pesó mucho más que la extracción, la protección y el control interno, los militares quedaron con una participación enorme y autónoma en la política (España). Donde pesó la protección, mandaron las oligarquías de las clases protegidas (Venecia, Holanda). Donde pesó el control interno, se hipertrofiaron los servicios de policía y vigilancia.
Un ejercicio resuelto, paso a paso

Un príncipe del siglo XVII decide encarar una guerra larga contra un vecino más rico. Seguí la cadena de Tilly y decí qué le queda armado cuando la guerra termina.

La gracia del ejercicio es no saltearse ningún eslabón, porque cada uno obliga al siguiente.

1. Necesita recursos. Un ejército permanente es caro: soldados, armas, comida, transporte. A corto plazo puede saquear o vender activos; eso se agota rápido.
2. Tiene que extraer de forma regular. Impuestos periódicos sobre la gente y las actividades que están bajo su control, más préstamos de quien tenga capital.
3. Para cobrar, necesita gente que cobre. Recaudadores, contadores, un tesoro, tribunales que resuelvan los pleitos que el cobro genera.
4. Para que le cobren a él y no otro, tiene que sacar del medio a los señores locales que cobraban por su cuenta: desarmarlos, comprarlos con cargos y exenciones, o ambas cosas. Eso es «construcción del Estado» en el sentido de Tilly.
5. La población se resiste. Levas y contribuciones producen revueltas. Para que no lo volteen, concede garantías: algún tribunal donde reclamar, alguna asamblea donde los que ponen la plata tengan voz.

Qué le queda cuando firma la paz: un ejército permanente, una burocracia fiscal, tribunales, una deuda enorme, un techo de impuestos que ya no va a bajar, y un par de instituciones representativas que él no quería y ahora le limitan el margen de maniobra.

Conclusión: ganó o perdió la guerra —eso es otro tema—, pero salió del proceso con un Estado. Y no porque haya querido fundarlo: porque cada cosa que hizo para pelear exigía la siguiente. Eso es lo que Tilly quiere que veamos.

Y uno del nivel del parcial

Aplicar la cadena de Tilly a un caso concreto: un Estado europeo del siglo XVII entra en una guerra prolongada. Seguir los eslabones y explicar en qué sentido se puede decir que la guerra construye instituciones. Aplicar después el mismo esquema a la Argentina de la década de 1860.

La cadena de Tilly, eslabón por eslabón. Conviene escribirla entera antes de aplicarla, porque el ejercicio se evalúa por seguir el orden:

guerra → necesidad de recursos → extracción → resistencia →
negociación → concesiones e instituciones → mayor capacidad estatal

1. La guerra exige recursos que no se tienen. Un ejército permanente cuesta muchísimo más que una campaña estacional: hay que pagar soldados todo el año, comprar armas, alimentar, transportar. Los ingresos del patrimonio del príncipe no alcanzan.

2. Hay que extraer del territorio. Y para extraer hace falta saber de dónde: quién tiene qué, dónde vive, cuánto produce. Ahí empieza la maquinaria estatal.

para cobrar hay que: censar, medir, registrar,
emitir moneda confiable, llevar cuentas, perseguir al que no paga

Cada una de esas tareas es una oficina, y cada oficina necesita personal estable y archivo. La burocracia no nace de un proyecto de buen gobierno: nace de la necesidad de cobrar.

3. La población resiste. Nadie paga de buen grado. Hay evasión, revueltas, negativa de las ciudades y de la nobleza a entregar recursos.

4. Y entonces hay que negociar. Este es el eslabón decisivo. El gobernante necesita el dinero ahora, y no puede reprimir a todos a la vez — reprimir también cuesta. Entonces concede.

concesiones típicas:
· que los impuestos los apruebe una asamblea de contribuyentes
· rendición de cuentas de en qué se gastó
· garantías sobre la propiedad, para que convenga invertir
· reconocimiento de fueros y privilegios locales

5. Lo que empezó como una concesión se vuelve una institución. La asamblea que se convocaba para aprobar un impuesto de emergencia se vuelve permanente, después reclama controlar el gasto, después legislar. Los parlamentos europeos nacen, en buena medida, de esa negociación fiscal.

La frase que resume todo, y que conviene citar:

"la guerra hizo al Estado y el Estado hizo la guerra"

Lo que hay que entender de la frase es que la causalidad va en las dos direcciones: la guerra obliga a construir capacidad estatal, y esa capacidad permite hacer guerras más grandes, que exigen más capacidad. Es un círculo que se retroalimenta.

Y lo contraintuitivo, que es lo que el parcial busca: instituciones que hoy leemos como conquistas de la libertad —parlamentos, control del gasto, garantías a la propiedad— aparecen como subproductos de la necesidad de financiar guerras. No fueron concedidas por convicción.

Ahora la Argentina de los 1860. El esquema se aplica con un ajuste importante.

guerra → la del Paraguay, larga y costosa
recursos → hace falta un ejército nacional permanente, no milicias
               provinciales
extracción → la aduana de Buenos Aires, nacionalizada
resistencia → las montoneras del interior, que resisten la leva y
                 el poder central
resultado → un ejército nacional profesional, que después se usa
               hacia adentro

El ajuste: en Europa la negociación con los contribuyentes produjo parlamentos; acá el conflicto principal fue entre el poder central y los poderes provinciales, y lo que se construyó primero fue capacidad de coerción hacia adentro. La secuencia de Tilly ilumina el caso, pero no se copia tal cual — y decir eso también es parte de la respuesta.

Dónde se pierde el punto: saltear el eslabón de la resistencia y la negociación. Sin ese paso la cadena es "la guerra hace falta plata, entonces el Estado cobra más", que no explica de dónde salen las instituciones. Lo que las produce es que el gobernante no pueda simplemente imponerse.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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