Sociedad y Estado · Unidad 2 — Cómo se forma un Estado
La formación del Estado argentino
Acá hubo nación antes que Estado: la independencia no produjo un Estado nacional, y hicieron falta setenta años y tres fundaciones para que las cuatro capacidades existieran de hecho.
La explicación
La independencia no fundó el Estado
Oszlak arranca con una advertencia que conviene copiar tal cual al margen del apunte: la formación del Estado argentino no resultó automáticamente de la guerra emancipadora, y la nación argentina tampoco fue su correlato necesario. Romper con España fue una cosa; construir un Estado nacional, otra que tardó setenta años.
Qué quedó cuando se rompió el vínculo colonial: un territorio enorme y casi despoblado, con intereses regionales que se contradecían (el Interior, con sus viñas y sus tejidos, competía con lo que el Litoral importaba), con barreras físicas que dejaban incomunicadas a las ciudades, sin homogeneidad étnica ni siquiera de idioma en varias provincias. Y —esto es clave— sin un aparato administrativo colonial centralizado que sostuviera la continuidad, a diferencia de lo que pasó en Brasil, Perú o México. Lo que sí sobrevivió fueron los órganos político-administrativos locales, que reforzaron a la provincia como el ámbito natural de la vida política. Y dentro de ese marco, el caudillo fue la forma concreta de ejercer la dominación.
Por qué no se disgregó del todo
Buenos Aires aspiró desde el mismo momento de la Revolución de Mayo a un Estado unificado bajo su hegemonía. Los que no se separaron no se quedaron por patriotismo: separarse exige ser viable. Paraguay podía —tenía rentas propias y el aislamiento lo justificaba—; la Banda Oriental también, por recursos y ubicación; el Alto Perú se desmembró de hecho durante las guerras. Las provincias interiores no tenían esa opción, y ninguna coalición podía medirse con Buenos Aires. La unidad se sostuvo más en elementos simbólicos —la bandera, las glorias compartidas, la costumbre de decir «argentino» y no «santiagueño»— que en vínculos materiales.
Orden y progreso
Oszlak sostiene que sólo cuando aparecen las condiciones materiales para una economía de mercado se consolidan las perspectivas de organización nacional. Después de Caseros, la demanda externa empuja a la economía exportadora, pero el negocio choca con obstáculos: mercados regionales aislados, poca población, transporte precario, anarquía monetaria, y sobre todo ninguna garantía sobre la propiedad, la actividad productiva ni la propia vida, por la continuidad de la guerra civil.
De ahí la fórmula que ordena todo el período: el orden era la condición de posibilidad del progreso, y el progreso, a su vez, la condición de legitimidad del orden. Dos advertencias sobre esa palabra:
- «Regularizar» no era volver atrás. Los hombres de la organización nacional no querían restituir un orden anterior momentáneamente roto: querían imponer uno nuevo, coherente con el sistema productivo que se estaba armando.
- El orden excluía. Por definición dejaba afuera a todo lo que obstaculizara el progreso: indios y montoneras. Contenía, dice Oszlak, una definición implícita de quiénes eran miembros legítimos de la nueva sociedad.
Y tenía proyección externa: sin orden no venían ni capitales ni inmigrantes, los dos factores sin los cuales el progreso era imposible.
Pavón y el dominium
El triunfo de Pavón, en 1861, confirmó la hegemonía de Buenos Aires y allanó —a partir de 1862— el camino para la organización definitiva. Sobre una coalición inestable, y usando los recursos y organismos de la provincia porteña, el gobierno nacional empezó a construir dominio.
Oszlak lee ese avance como un proceso de expropiación social: el Estado convierte intereses «comunes» de la sociedad civil en objeto de interés general, y por lo tanto en objeto de su acción. A medida que eso pasa, la sociedad va perdiendo competencias y ámbitos donde antes resolvía sola. Tres formas:
- Le saca a las provincias funciones que ejercían de hecho: la formación de un ejército y un aparato recaudador nacionales, la emisión de moneda, la justicia de última instancia.
- Invade fueros de particulares y de la Iglesia: el registro de las personas, el matrimonio civil, la administración de cementerios.
- Abre ámbitos nuevos que nadie más podía atender: correos y telégrafos, promoción de la inmigración, tierras públicas, exploración geológica, control sanitario, registro estadístico.
1880: cuando el Estado se desporteñiza
Falta un paso, y es el que cierra el proceso. Mientras el Estado nacional se apoyaba en los recursos y las instituciones de la provincia de Buenos Aires, era el brazo de una provincia. Varias iniciativas del gobierno nacional —leyes de tierras, nacionalización del Banco de la Provincia, tributación sobre el comercio exterior, la federalización de la Capital— lo enfrentaban justamente con ese sector.
La consolidación llega, dice Oszlak, cuando el Estado consigue «desporteñizarse». En 1880 los combates entre fuerzas del gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires terminan con la federalización de la ciudad, y desde ahí Roca encara lo que Oszlak llama la tercera fundación del Estado.
1852, Caseros: cae Rosas. Primer intento orgánico de crear un Estado nacional: la Confederación Argentina, sin Buenos Aires. Sin la adhesión ni los recursos de la provincia porteña, duró apenas una década.
1861, Pavón: la Confederación resigna el liderazgo. Se rehace el intento, ahora con Buenos Aires — pero apoyado en sus recursos y bajo su tutela.
1880: el Estado se desprende de esa tutela. Recién ahí es nacional en serio.
Oszlak cierra su texto con un tono sombrío que vale la pena registrar, porque retoma a Tilly: acá también la unión nacional se construyó sobre la desunión y el enfrentamiento, y la unidad fue siempre el precio de la derrota de unos y la consagración de los privilegios de otros.
La Constitución se sancionó en 1853 y el Estado nacional recién se consolidó en 1880. ¿Por qué casi treinta años? Contestá usando las cuatro capacidades de Oszlak.
La pregunta se contesta mostrando que en 1853 ninguna de las cuatro capacidades estaba, y siguiendo cuándo se resolvió cada una.
Institucionalizar la autoridad. El control de la coerción lo tenían los catorce gobiernos provinciales. Se construye a partir de 1862 con la formación de un ejército verdaderamente nacional, y se completa en 1880, cuando el gobierno nacional se impone sobre la fuerza de la provincia de Buenos Aires.
Diferenciar el control. No existía un aparato administrativo y jurídico de alcance nacional. Es lo que se construye entre 1862 y 1880: aparato recaudador, codificación, correos y telégrafos, tierras públicas, estadística.
Internalizar una identidad colectiva. Sin las tres anteriores no había quién emitiera símbolos con alcance nacional. Es la que más tarda y la que sigue trabajándose después de 1880.
El eslabón que faltaba: aun después de Pavón, el Estado se sostenía con recursos e instituciones de una provincia. Mientras eso durara, su autoridad era prestada. La federalización de Buenos Aires en 1880 corta ese cordón.
Conclusión en una línea: la Constitución dio el esquema; las capacidades hubo que construirlas una por una, peleando. Por eso Oszlak dice que hasta 1862 los atributos del Estado argentino sólo tenían vigencia en la letra de la ley.
Dónde se cae la mayoría
- Dar por hecho que la Argentina es un Estado desde 1810 o desde 1816. La independencia rompió el vínculo colonial; el Estado nacional tardó unos setenta años más.
- Creer que la Constitución de 1853 creó el Estado. Durante casi una década fue poco más que una declaración formal: Buenos Aires estaba afuera y el aparato no existía.
- Confundir Caseros con Pavón. Caseros (1852) voltea a Rosas y abre la Confederación sin Buenos Aires; Pavón (1861) define la hegemonía porteña sobre el resto.
- Leer el proceso argentino con el molde europeo de Tilly. Acá no se trataba de absorber unidades soberanas vecinas, sino de evitar que se disgregara lo que la colonia dejaba.
- Resumir 1880 como «asume Roca». Lo que se resuelve en 1880 es la federalización de Buenos Aires: el Estado deja de depender de la provincia que lo sostenía.
- Pensar el «orden» como una vuelta a la normalidad. Era la imposición de un orden nuevo, y excluía explícitamente a los que estorbaban el progreso.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
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