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Sociedad y Estado · Unidad 3 — El Estado de bienestar y su crisis

Qué es el Estado de bienestar

No es el Estado que ayuda a los pobres: es el que convierte en derecho exigible el acceso a bienes que antes dependían del mercado o de la caridad.

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La explicación

Una definición para arrancar

El Estado de bienestar (o Estado benefactor) es un conjunto de instituciones públicas destinadas a elevar la calidad de vida de la población y a reducir las diferencias sociales que produce el funcionamiento del mercado. Así lo define Isuani, y la segunda mitad de la frase es la que hay que retener: el Estado de bienestar no aparece porque la gente sea pobre, aparece porque el mercado, funcionando normalmente, produce desigualdades que alguien decide corregir.

Dónde actúa: la distribución secundaria

Para decir qué hace, la materia usa una distinción que conviene aprender bien porque se pregunta:

Distribución primaria: la remuneración de los factores de producción. Los ingresos que se generan en el proceso productivo y se apropian los distintos sectores sociales: salarios, ganancias, rentas.

Distribución secundaria (o redistribución): lo que queda después de que esos ingresos se achican o se agrandan por los impuestos que se pagan y las transferencias que se reciben.

El Estado de bienestar opera en la segunda. No decide cuánto se paga de salario ni cuánta ganancia queda en la empresa: interviene después, cobrando y repartiendo. Por eso se lo describe como un mecanismo de redistribución y no como un mecanismo de producción.

Con qué herramientas

Lo que de verdad lo distingue

Regonini toma una definición de Wilensky: el Estado de bienestar garantiza estándares mínimos de ingreso, alimentación, salud, vivienda y educación a todo ciudadano como derecho político y no como beneficencia. Y después agrega la precisión que contesta la pregunta que más se hace en la guía de lectura:

Lo que distingue al Estado de bienestar de otros tipos de Estado no es que intervenga directamente para mejorar el nivel de vida de la población. Muchos Estados hicieron eso mucho antes. Lo que lo distingue es que esa acción es reivindicada por los ciudadanos como un derecho.

La consecuencia es fuerte: un Estado puede repartir muchísimo y no ser un Estado de bienestar, si lo que reparte es un favor que puede retirar cuando quiera. La diferencia no está en el monto, está en el título con el que uno lo recibe.

Lo que había antes, y por qué no era lo mismo

Había acciones estatales de protección social desde la época medieval, pero se limitaban a dar respuestas puntuales a desastres naturales, plagas o hambrunas, y la asistencia a los miserables estaba casi con exclusividad a cargo de la Iglesia.

Con el avance del capitalismo desaparece el concepto feudal-patrimonial de responsabilidad —el barón debía proteger al campesino a cambio de trabajo y lealtad— y las nuevas clases altas empujan la idea contraria: la responsabilidad personal, el arreglarse solo. Desde ahí, la política estatal hacia la fuerza de trabajo se concentra en crear un mercado de trabajo asalariado. Y la "protección social" se organiza para no estorbar ese objetivo:

Ésta es la diferencia que hay que poder decir en una oración: en la asistencia previa, recibir costaba la ciudadanía. En el Estado de bienestar, recibir es la ciudadanía.

Sacar del mercado

Hay una forma corta de decir qué hace el Estado de bienestar: hace que ciertos bienes dejen de repartirse según la capacidad de pago. Si la escuela y el hospital son gratuitos, el acceso a educación y salud deja de depender de cuánto gana la familia. El trabajo, el ingreso y el nivel de vida pasan a estar determinados, al menos en parte, por mecanismos políticos y no sólo por el mercado.

Ojo con exagerarlo: no dice que el mercado desaparezca. Dice que, para esos bienes y en la medida en que la prestación alcance, el precio deja de ser lo que decide quién entra.

Universalismo y focalización

La afirmación explícita del principio universalista llega recién en la Inglaterra de los años cuarenta, y dice así: independientemente de sus ingresos, todos los ciudadanos en cuanto tales tienen derecho a ser protegidos —con pagos en efectivo o con servicios— frente a situaciones de dependencia de largo plazo (vejez, invalidez) o de breve plazo (enfermedad, desempleo, maternidad). El eslogan laborista de 1945, "una parte justa para todos", lo resumía bien.

Focalizar es lo contrario como criterio de asignación: en vez de cubrir a todos, se dirige el gasto a quienes más lo necesitan, identificados mediante alguna comprobación de medios (un certificado de ingresos, un índice de carencias, una visita).

Los dos criterios tienen argumentos y los dos tienen costos:

Acá no se te va a decir cuál de los dos criterios es mejor: es una discusión política y sigue abierta. Lo que sí se pregunta en un parcial es que sepas qué gana y qué pierde cada uno. Contestar esto con un eslogan —"focalizar es tirar la plata" o "universalizar es subsidiar al rico"— es la forma más rápida de perder el punto.
Y un aviso de anacronismo, que vale para toda la unidad: el Estado de bienestar argentino no es el europeo de posguerra. Acá el bienestar se construyó en buena medida sobre el seguro social atado al empleo registrado, en un mercado de trabajo donde una parte grande de la población nunca estuvo registrada. Las fechas, el orden y el contenido no son los mismos. Se vuelve sobre esto en el tema 3.4.
Ejemplo resuelto

Una provincia discute cómo entregar una beca escolar. La opción A la da a todos los alumnos de escuela pública. La opción B, sólo a los hogares que presenten un certificado de ingresos por debajo de cierto monto. Analizá las dos con los criterios del tema.

Paso 1 — nombrar cada opción. A aplica universalismo: la condición para cobrar es una condición de pertenencia (ser alumno de la escuela pública), no una prueba de carencia. B aplica focalización: hay una comprobación de medios de por medio.

Paso 2 — qué gana cada una.
A: nadie tiene que demostrar que es pobre, así que ningún chico queda marcado; la administración es simple (la lista ya existe, es el registro de alumnos); y como la cobran todas las familias, defenderla en el presupuesto del año que viene es más fácil.
B: por cada peso gastado, llega más plata a los hogares de abajo, que es exactamente lo que se busca cuando el presupuesto no alcanza para todos.
Paso 3 — qué pierde cada una.
A: una parte del gasto va a familias que se las arreglaban sin la beca.
B: hay que armar y sostener un aparato que verifique ingresos —que cuesta—, hay familias que no van a ir a pedir el certificado por vergüenza o por no poder faltar al trabajo, y hay errores: gente que califica y queda afuera. Además la beca pasa a ser "la beca de los pobres", y eso le quita apoyo político.

Paso 4 — dónde aparece la historia. El requisito de probar la carencia es el que tenían las leyes de pobres. El seguro social, a fines del siglo XIX, rompió justamente con eso: pasó a reglas no discriminatorias y relativamente automáticas. Esto no vuelve inaceptable a la opción B —un certificado de ingresos no es una work-house—, pero explica por qué la discusión sobre focalización siempre termina hablando de estigma: es la objeción que arrastra desde hace dos siglos.

Conclusión: no hay una respuesta correcta que sirva para todos los casos. Lo que sí se puede decir con precisión es qué hay que mirar para decidir: cuánto alcanza el presupuesto, qué tan capaz es la administración de identificar bien, y cuánto pesa el apoyo político a largo plazo. Una respuesta que sólo diga "B es más justa porque le da al que lo necesita" está usando la mitad de los argumentos.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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@soytiza.ok