Tiza Paso a paso
Practicar →

Sociedad y Estado · Unidad 3 — El Estado de bienestar y su crisis

Bismarck y Keynes: dos matrices

El Estado de bienestar y el Estado keynesiano no son lo mismo ni nacieron juntos, y toda la discusión sobre quién tiene la culpa de la crisis depende de haberlos separado bien.

Practicar este tema →6 ejercicios que te corrigen paso a paso · gratis, sin cuenta

La explicación

El título del texto es una pregunta, y hay que contestarla

Isuani tituló su trabajo Bismarck o Keynes: ¿quién es el culpable?, y el signo de pregunta no es un adorno. La pregunta es cuál de las dos matrices que confluyeron en el Estado de bienestar de posguerra es responsable de la crisis de acumulación que se vuelve visible a mediados de los setenta. La respuesta del autor no es la que uno esperaría del clima de época: no es el gasto social. Pero para llegar ahí hay que hacer primero un trabajo de separación.

Dos cosas que el sentido común mete en la misma bolsa

Lo habitual es asociar el Estado de bienestar (EB) a la etapa de intervención estatal que se insinúa con la Gran Depresión y se consolida después de la Segunda Guerra: la etapa keynesiana. Isuani acepta que es legítimo hablar de un Estado de bienestar keynesiano —la forma que el EB adquiere en esa etapa, con una expansión notable de cobertura—, pero discute que el EB sólo exista a partir de ahí. Y lo discute con cinco argumentos, que son el corazón del texto:

La matriz bismarckiana: el seguro social

A fines del siglo XIX, por iniciativa del canciller alemán Otto von Bismarck, nace el seguro social. Las leyes aprobadas en Prusia entre 1883 y 1889 son la primera intervención orgánica del Estado en la tutela del proletariado industrial: un sistema de seguros obligatorios contra accidentes de trabajo, enfermedades, invalidez y vejez.

Respecto de la beneficencia anterior, rompe en tres puntos:

El tercer punto es el que hay que entender de verdad. Que te descuenten del sueldo no es sólo una forma de juntar la plata: es lo que te habilita a exigir. Del aporte nace el título. Por eso se dice que la matriz bismarckiana es contributiva: el derecho a reclamar sale del trabajo registrado, no de la ciudadanía.

Y el contexto importa, porque desarma la lectura ingenua. Ese programa asistencial lo llevó adelante un Estado donde la burguesía industrial era débil y estaba políticamente marginada, y donde las representaciones políticas de la clase obrera no gozaban de ningún reconocimiento: pocos años antes, en 1878, una ley "antisocialista" había prohibido las reuniones y la propaganda de esas organizaciones. Proteger y reprimir al mismo tiempo no es una contradicción del modelo bismarckiano: es el modelo. El seguro social nace para contener el conflicto social, no para reconocer a quien protesta.

Isuani lo generaliza: la lógica de desarrollo del EB obedeció a dos determinantes. Por un lado el mantenimiento del orden social frente a la "cuestión social", es decir, frente al movimiento obrero como actor y al conflicto real o potencial que implicaba. Por otro, las necesidades de legitimación y apoyo político que trajo la extensión del sufragio y la competencia electoral. Y una observación que rompe esquemas de manual: construir el EB no fue tarea de una familia ideológica. Conservadores, liberales y socialistas justificaron su necesidad por razones distintas, porque todos necesitaban competir políticamente.

La matriz keynesiana: el ciclo y el pleno empleo

El EK desarrolla formas embrionarias a partir de la Gran Depresión y adquiere contornos definidos en la segunda posguerra. Su causa de nacimiento es económica: regularizar el ciclo y evitar fluctuaciones dramáticas en el proceso de acumulación de capital, después de que la etapa del liberalismo económico terminara mostrando lo que produce un sistema que funciona sobre los automatismos del mercado —fluctuaciones abruptas del ciclo y crecimiento del conflicto social—.

Su institución central es el pleno empleo. Y acá viene la advertencia de Isuani que más se pregunta:

El pleno empleo no es una institución del Estado de bienestar, aunque le traiga beneficios al trabajador (menos competencia en el mercado laboral, más capacidad de negociación). Está concebido como un mecanismo que asegura un óptimo de producción y de ganancia, no como un instrumento de redistribución progresiva del ingreso. Responde a la lógica de la producción, no a la de la redistribución.

Shonfield describe la posguerra con tres rasgos: el crecimiento fue extraordinariamente rápido; fue más constante que en el pasado —hubo recesiones, pero cortas y moderadas, y no afectaron el nivel de empleo—; y sus beneficios se difundieron ampliamente, con salarios que crecieron tan rápido como el producto nacional.

En paralelo, el EB cambia de forma. En sus comienzos había estado más centrado en la idea de seguridad que en la de igualdad: avanzó gradualmente y empezando por los grupos ocupacionales de mayor poder relativo. Recién hacia los años cuarenta aparece la idea de igualdad, empujada por los sacrificios de la guerra: la solidaridad nacional, la regulación pública del consumo y un reparto más equitativo de las cargas permitieron el florecimiento de ideas universalistas y de esquemas de prestación más igualitarios. Ahí queda afirmado, en Inglaterra, el principio de que todos los ciudadanos en cuanto tales tienen derecho a ser protegidos, independientemente de sus ingresos.

Cuidado con una confusión fácil: universalismo y keynesianismo no son la misma cosa aunque hayan viajado juntos. El universalismo es una forma del Estado de bienestar (dice quién está cubierto y por qué). El keynesianismo es una política económica (dice cómo se maneja el ciclo). Lo que hizo la posguerra fue darle al EB universalista la base material para crecer. Isuani lo dice sin vueltas: el crecimiento del EB fue potenciado por una etapa del desarrollo económico que brindó las bases materiales para ello.

Y un detalle que suele sorprender: ese EB amplio y solidario empezó a resquebrajarse con la propia expansión económica de la posguerra, cuando los distintos grupos acentuaron la competencia por los recursos del bienestar y eso reintrodujo desigualdad en la apropiación de los beneficios. La seguridad en un período de crecimiento produjo ganancias diferenciales, no igualdad.

Y entonces, ¿quién es el culpable?

La respuesta de Isuani: el principal responsable es el Estado keynesiano, no el Estado de bienestar.

El argumento, en corto: el pleno empleo sostenido sacó del tablero el mecanismo tradicional de disciplinamiento de la fuerza de trabajo —la recesión y el desempleo— y, junto con las instituciones democráticas, elevó el poder social y político de los asalariados hasta permitirles no aceptar el costo de los ajustes. Al EK "le cabría la responsabilidad de haber subvertido el poder disciplinador que el desempleo ejerce sobre los comportamientos y las expectativas de la fuerza de trabajo".

Al EB le toca una cuota menor: cooperó con legislación laboral que introdujo rigideces en el mercado de trabajo (las leyes que protegen contra el despido, por ejemplo) y con un gasto social que tiene resistencia a la baja y por eso no se puede usar anticíclicamente. Pero la acusación gruesa —que el tamaño del EB explica la inflación, que es el síntoma principal de la crisis— no se sostiene: un trabajo sobre 21 países de la OCDE entre 1965 y 1981 no encuentra evidencia de esa asociación tan publicitada, y si alguna relación hay es la contraria.

Fijate la consecuencia práctica, que es lo que hace que la distinción importe y no sea un juego de etiquetas: si la culpa es de Keynes y no de Bismarck, la salida conservadora no necesita demoler el Estado de bienestar. Le alcanza con atacar el pleno empleo y las políticas anticíclicas, y con tocar sólo los pedazos del EB que refuerzan la posición del trabajador dentro del mercado.

Isuani ofrece un indicio elegante para comprobarlo: el seguro de desempleo casi no fue atacado —en 1981 pesaba más dentro del gasto social de siete países de la OCDE que en 1960—, mientras que sí se cuestionó con fuerza la estabilidad en el empleo. O sea: el problema estaba en el mercado de trabajo, no en los mecanismos compensatorios del bienestar.
Ejemplo resuelto

Un país tiene dos programas para la vejez. El A paga una jubilación a quien acredite treinta años de aportes. El B paga una pensión a toda persona mayor de 65 años que viva en el país. Una crisis destruye un tercio de los empleos registrados y el empleo no se recupera durante quince años. ¿Qué matriz representa cada programa y qué le pasa a cada uno?

Paso 1 — identificar la matriz. El programa A es bismarckiano: el derecho nace del aporte, y el aporte nace del empleo registrado. El programa B es universalista: el derecho nace de una condición que no depende del mercado de trabajo (la edad y la residencia).

Paso 2 — seguir la crisis en el programa A. Quince años sin empleo registrado significan quince años sin aportes. El golpe llega dos veces:
· Ahora: entra menos plata al sistema.
· Dentro de treinta años: toda una generación llega a la edad de jubilarse sin los años de aporte que el programa exige, y queda directamente afuera. No es que cobre poco: no califica.
Paso 3 — seguir la crisis en el programa B. Acá el derecho no se toca: los que cumplan 65 lo van a cobrar igual, hayan trabajado registrados o no. Lo que sí se resiente es el financiamiento, porque una economía con menos empleo recauda menos impuestos. Son dos problemas distintos: en A se cae la cobertura, en B se cae la recaudación.

Paso 4 — por qué esto no es un ejercicio abstracto. Es exactamente el problema que arrastra el Estado de bienestar latinoamericano, construido en buena medida sobre la matriz contributiva en mercados de trabajo donde una parte grande de la población nunca estuvo registrada. Un sistema bismarckiano reparte bien mientras el empleo formal sea la norma; cuando deja de serlo, protege sobre todo a los que ya estaban mejor ubicados.

Conclusión: la pregunta "¿de dónde sale el derecho?" no es teoría. Es la que permite anticipar qué le pasa a un sistema cuando cambia el mercado de trabajo. Y es, además, la razón por la que Isuani insiste en separar las dos matrices antes de discutir de quién es la culpa de la crisis.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

Practicar Bismarck y Keynes: dos matrices →

Ver todos los temas de Sociedad y Estado

@soytiza.ok