Sociedad y Estado · Unidad 4 — Régimen político: democracia y autoritarismo
Poliarquía: las condiciones de Dahl
Dahl guarda la palabra «democracia» para un ideal y llama poliarquía al régimen realmente existente que cumple siete condiciones institucionales enumerables: no es un insulto, es una vara para medir.
La explicación
Por qué le hizo falta otra palabra
Robert Dahl reserva «democracia» para un ideal: un sistema en el que todos los miembros son considerados políticamente iguales y el gobierno responde de manera continua a sus preferencias. Medido contra esa vara, ningún país del mundo la alcanza. Pero declarar que «no hay democracias» no sirve para nada: no permite distinguir a Noruega de Corea del Norte, que es exactamente lo que hay que poder hacer.
Por eso Dahl acuña poliarquía para nombrar otra cosa: el tipo de régimen político que resultó históricamente de democratizar y liberalizar las instituciones de los Estados nacionales. La poliarquía tiene condiciones que se pueden enumerar, buscar en un país y encontrar o no encontrar. Ese es el punto entero del concepto: convierte una discusión interminable («¿este país es democrático?») en una comparación que se puede hacer.
Las dos características amplias, que son las dos dimensiones
En el plano más general, una poliarquía se distingue por dos rasgos:
- La ciudadanía está extendida a una proporción comparativamente alta de adultos. Esta es la dimensión de la participación o inclusividad: cuánta gente está adentro.
- Entre los derechos de esa ciudadanía se cuenta el de oponerse a los altos funcionarios del gobierno y hacerlos abandonar sus cargos mediante el voto. Esta es la dimensión de la contestación o competencia pública: cuánto se puede disputar el poder.
Las dos dimensiones son independientes, y Dahl lo muestra con dos contrastes que conviene tener a mano:
- Contestación sin inclusión: Gran Bretaña, Bélgica o Italia antes del sufragio masivo. Había oposición legal y competencia real, pero tanto los que gobernaban como sus opositores salían de un grupo social muy chico.
- Inclusión sin contestación: los regímenes autoritarios modernos en los que casi todos los adultos son ciudadanos y hasta votan, pero entre sus derechos no está el de oponerse al gobierno y destituirlo con el voto.
Las siete instituciones
Bajando de lo general a lo concreto, Dahl dice que la poliarquía es un orden político que se singulariza por la presencia de siete instituciones, y que las siete tienen que estar para poder clasificar a un gobierno como poliárquico:
- 1. Funcionarios electos. El control de las decisiones de política pública corresponde, según la constitución, a funcionarios elegidos.
- 2. Elecciones libres e imparciales. Esos funcionarios se eligen en comicios limpios, celebrados con regularidad, en los que la coacción es rara.
- 3. Sufragio inclusivo. Prácticamente todos los adultos tienen derecho a votar.
- 4. Derecho a ocupar cargos públicos. Prácticamente todos los adultos tienen derecho a ser elegidos, más allá de que la edad mínima pueda ser mayor que la de votar.
- 5. Libertad de expresión. Se puede opinar sin riesgo de castigos severos sobre cuestiones políticas ampliamente definidas, incluida la crítica a los funcionarios, al gobierno, al régimen y a la ideología dominante.
- 6. Variedad de fuentes de información. Existen fuentes diversas y además están protegidas por la ley.
- 7. Autonomía asociativa. Se pueden constituir asociaciones y organizaciones relativamente independientes, entre ellas partidos políticos y grupos de interés.
a) Las siete son necesarias pero no suficientes para un proceso democrático pleno. Que estén no garantiza que el país cumpla con el ideal democrático; que falte una alcanza para que no sea una poliarquía.
b) Tienen que estar vigentes y efectivas, no meramente nominales. Que la constitución las enumere no cuenta. Por eso los países pueden ordenarse según el grado en que cada una está realmente presente, y por eso el concepto sirve para medir.
Por qué, aun así, no se llama democracia
Dahl compara las instituciones con cinco criterios del proceso democrático: igualdad de voto, participación efectiva, comprensión esclarecida, control del programa de acción e inclusión. Las siete instituciones son indispensables para la democracia en gran escala, pero ninguna poliarquía los cumple del todo: la participación es menos vigorosa de lo que sería en una unidad chica, el control ciudadano sobre las decisiones es más flojo de lo que el ideal pediría. La poliarquía queda, entonces, como el umbral histórico más alto alcanzado, no como el punto de llegada.
En el país X hay elecciones presidenciales cada cuatro años, votan todos los mayores de 18 y el escrutinio es transparente. Sólo está legalizado un partido, los diarios necesitan autorización oficial para publicar y los sindicatos independientes están prohibidos. ¿Es una poliarquía?
La forma de contestar esto no es opinando: es recorriendo la lista de siete y marcando.
2. Elecciones libres e imparciales: el escrutinio es limpio, pero «imparciales» abarca la competencia, no sólo el conteo. Queda en duda.
3. Sufragio inclusivo: se cumple.
4. Derecho a ocupar cargos: no se cumple: fuera del partido único no hay candidatura posible.
5. Libertad de expresión: no se cumple.
6. Variedad de fuentes de información: no se cumple.
7. Autonomía asociativa: no se cumple.
Respuesta: no es una poliarquía, y con que faltara una sola alcanzaba. Acá faltan cuatro.
Ahora lo interesante, que es dónde falla el país X. Mirado con las dos dimensiones: la inclusividad es alta —votan todos los adultos—, pero la contestación es nula: nadie puede organizarse, publicar ni presentarse para disputarle el poder al gobierno. Es el caso de manual de «inclusión sin contestación», y es justamente por eso que Dahl insiste en que las dos dimensiones son independientes: contar votantes no dice nada sobre si el poder es disputable.
Y un aviso sobre la respuesta larga: decir «no es una poliarquía porque no es democrático» no contesta nada, es la pregunta repetida con otras palabras. Lo que se evalúa acá es que puedas nombrar cuáles de las siete faltan.
Dónde se cae la mayoría
- Leer «poliarquía» como «democracia imperfecta» o como una forma elegante de decir que la democracia es mentira. Es un concepto distinto, con condiciones propias, construido para poder clasificar y comparar países reales.
- Resumir el tema como «Dahl dice que no existen democracias». Lo que dice es más útil: existen poliarquías, y se puede decir con precisión cuáles lo son y cuáles no.
- Confundir las dos dimensiones. Inclusividad es cuánta gente participa; contestación es cuánto se puede disputar el poder. Se mueven por separado, y un país puede tener mucho de una y nada de la otra.
- Creer que alcanza con que haya elecciones. Sin libertad de expresión, sin fuentes de información variadas y sin autonomía asociativa, votar no constituye una poliarquía.
- Tratar a las siete instituciones como suficientes. Son necesarias: su presencia no garantiza que se cumpla el proceso democrático, y en eso se apoya toda la evaluación que Dahl hace al final.
- Chequear las instituciones leyendo la Constitución. Dahl pide que sean efectivas y no meramente nominales: lo que se mide es la práctica.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
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