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Sociedad y Estado · Unidad 4 — Régimen político: democracia y autoritarismo

Las dos transformaciones de la democracia

La democracia cambió de escala dos veces —de la polis al Estado nacional— y en cada salto ganó alcance y perdió intensidad: entendé qué se ganó y qué se perdió y el capítulo entero queda ordenado.

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La explicación

La primera transformación: la ciudad-Estado democrática

En la primera mitad del siglo V a.C. ocurrió en Grecia (y en Roma) un cambio que Dahl compara con la invención de la rueda: varias ciudades-Estado que desde siempre habían sido gobernadas por aristócratas, oligarcas o tiranos se convirtieron en sistemas donde una cantidad sustancial de varones adultos libres tenía derecho a participar directamente en el gobierno, en calidad de ciudadanos.

Para el griego, la polis no era un lugar donde uno vive: era la asociación en la que un ser humano se vuelve plenamente humano. El ciudadano era un ser total para quien la política no estaba separada del resto de la vida por ninguna línea. Su virtud consistía en empeñarse, en las cuestiones públicas, por el bien de la polis; y una buena polis era la que produce buenos ciudadanos. Eso explica por qué el bien común no era un adorno del sistema sino su motor.

Los seis requisitos de la democracia griega

Dahl reconstruye seis condiciones que, según esa visión, había que satisfacer:

Las limitaciones, que no son un detalle moral

La ciudadanía griega era exclusiva en lugar de inclusiva, y lo era en dos sentidos:

El punto que suele perderse: la escala chica no era un accidente ni una limitación técnica de la época. Era un requisito de la propia concepción. Por eso la segunda transformación no es un perfeccionamiento de la primera: es un cambio de idea.

La segunda transformación: de la ciudad-Estado al Estado nacional

Durante más de dos mil años el pensamiento político occidental dio por sentado que un Estado democrático o republicano tenía que ser pequeño. La segunda transformación consistió en desplazar la idea de democracia desde la ciudad-Estado al ámbito mucho más vasto de la nación. Dahl señala tres fuentes que lo hicieron posible, además de la griega:

Las ocho consecuencias del cambio de escala

Dahl las enumera así, y conviene leerlas como ganancias y pérdidas al mismo tiempo:

El balance en una línea. Se ganó: alcance, derechos individuales, pluralismo, la aceptación del conflicto como algo normal. Se perdió: la participación directa, la homogeneidad y aquella noción compacta de bien común, que en una sociedad diversa se estira tanto que Dahl se pregunta si no es apenas el recuerdo conmovedor de una visión antigua.
Ejemplo resuelto

«La democracia ateniense era más democrática que la nuestra, porque la gente decidía directamente». Evaluá la afirmación usando lo que dice Dahl.

La afirmación no es ni verdadera ni falsa: mezcla dos cosas que hay que separar, y separarlas es el ejercicio.

1. Lo que la frase acierta. En intensidad de participación, tiene razón. El ciudadano ateniense decidía en la Asamblea, ocupaba cargos sorteados y administraba la ciudad. Dahl es explícito: algunas formas de participación quedan inherentemente más limitadas en gran escala, y ningún medio electrónico lo revierte del todo. Esa es la consecuencia número 3.
2. Lo que la frase omite. En inclusión, la comparación se da vuelta por completo. La ciudadanía ateniense era exclusiva hacia adentro: quedaban afuera las mujeres, los metecos y los esclavos, y desde 451 a.C. hizo falta que ambos progenitores fueran ciudadanos. Una poliarquía actual incluye a prácticamente todos los adultos. Si lo que se mide es qué proporción de los habitantes tiene derechos políticos, no hay discusión posible.
3. Lo que la frase ni siquiera considera. La expansión de los derechos individuales (consecuencia 8) y el pluralismo (consecuencia 7). En Atenas la libertad era un atributo de los miembros de esa ciudad particular, no de los seres humanos; no había una pretensión universal de libertad e igualdad. Y las asociaciones autónomas, que hoy son indispensables, en la vieja concepción monista eran ilegítimas.

Respuesta armada: la afirmación confunde intensidad con extensión. La democracia griega era más intensa para quienes estaban adentro; la moderna es incomparablemente más inclusiva y reconoce derechos que aquella no concebía. El cambio de escala fue un intercambio, no una mejora en todas las variables — y decir eso, con las dos mitades, es lo que la pregunta busca.

Un cierre que suma: Dahl agrega que la visión griega era además un ideal, y que la práctica ateniense real quedaba bastante por debajo de él: probablemente sólo una minoría asistía a la Asamblea, las facciones basadas en el parentesco y la amistad pesaban mucho, y la mayoría de los discursos los pronunciaba un puñado de dirigentes. Comparar nuestra práctica con el ideal de ellos es hacer trampa en la comparación.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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@soytiza.ok