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Sociedad y Estado · Unidad 5 — Presidencialismo, Congreso y elecciones

Qué define a un presidencialismo

Un presidencialismo se reconoce por tres rasgos que van juntos: el ejecutivo se elige aparte del legislativo, dura un plazo fijo y una sola persona es jefa de Estado y de gobierno. Los tres traen el mismo problema: si el presidente y el Congreso no se ponen de acuerdo, no hay quién desempate.

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La explicación

No es "hay un presidente"

Es el primer error y conviene sacarlo del medio de entrada. Alemania tiene un presidente. Italia tiene un presidente. Israel tiene un presidente. Ninguno de los tres es un presidencialismo. Lo que define al régimen no es que exista el cargo, sino de dónde sale el ejecutivo y de qué depende que siga estando.

Los tres rasgos, y por qué hay que pedirlos juntos

El contraste: el parlamentarismo

En un régimen parlamentario el ejecutivo sale del parlamento: el primer ministro es designado porque tiene el apoyo de una mayoría de legisladores, y sigue en el cargo mientras conserve esa confianza. Si la pierde, cae — por un voto de censura, o porque él mismo plantea una cuestión de confianza y la pierde. Y las dos jefaturas están separadas: el jefe de gobierno es el primer ministro; el jefe de Estado es otra persona (un monarca, o un presidente con funciones sobre todo ceremoniales).

En muchos parlamentarismos el ejecutivo además puede disolver el parlamento y adelantar la elección. Eso es exactamente la válvula de escape que un presidencialismo no tiene.

Juicio político no es voto de censura. En Argentina al presidente se lo puede destituir, pero por juicio político: hace falta una causal (mal desempeño, delito en el ejercicio de sus funciones, crímenes comunes) y mayorías agravadas en las dos cámaras. El voto de censura parlamentario no necesita causal ninguna: alcanza con que el parlamento le retire el apoyo político. Uno es un juicio, el otro es una decisión política. Confundirlos es el error que más se repite.

Qué está en juego cuando el presidente no tiene mayoría

Acá aparece la discusión académica de fondo, y conviene saber que es una discusión, no una verdad cerrada.

La posición de Juan Linz. El presidencialismo tiene dos problemas estructurales:

La respuesta de Scott Mainwaring y Matthew Shugart. El problema no sería el presidencialismo en abstracto, sino con qué se combina: un presidencialismo con dos o tres partidos y bloques disciplinados funciona; uno con un sistema de partidos muy fragmentado y legisladores que no responden a nadie, sufre. Y señalan lo que el mandato fijo aporta: previsibilidad, y un responsable identificable a quien el votante puede premiar o castigar en la elección siguiente.

Entre los dos extremos hay un tercer tipo: el semipresidencialismo (Francia es el caso típico). Hay un presidente electo por el voto popular y un primer ministro que responde ante la asamblea. Las dos lógicas conviven, y quién manda depende de si el presidente tiene o no mayoría parlamentaria.
Ejemplo resuelto

Un país elige presidente por cuatro años. Dos años después, en la elección legislativa, la oposición se queda con la mayoría de las dos cámaras y el presupuesto del presidente no se aprueba. ¿Con qué herramientas institucionales cuenta cada régimen para destrabar la situación?

Es el escenario que mejor muestra la diferencia entre los dos diseños, porque es el mismo conflicto leído en dos máquinas distintas.

1. Identificar el conflicto. Dos órganos, cada uno con su propia elección detrás, sostienen cosas incompatibles. No es una crisis moral: es aritmética parlamentaria.
2. Si el régimen es presidencialista. Ninguno de los dos puede sacar al otro. El Congreso no puede destituir al presidente por estar en desacuerdo con él —para eso necesitaría una causal de juicio político, y "no me gusta su presupuesto" no lo es— y el presidente no puede disolver el Congreso y llamar a elecciones. Los dos siguen hasta su fecha.
3. Qué queda entonces. Negociar; usar los recursos institucionales que la Constitución le dé al ejecutivo (vetar, insistir, decretar donde pueda); o esperar a la próxima elección legislativa. Todas son salidas políticas: el diseño no ofrece ninguna salida institucional al desacuerdo.
4. Si el régimen es parlamentario. El problema casi no puede plantearse así. Si el ejecutivo no consigue que le aprueben el presupuesto, es porque perdió la mayoría que lo sostiene — y entonces cae, se arma otro gobierno con otra coalición, o se disuelve el parlamento y se vota de nuevo. El desacuerdo se resuelve cambiando el gobierno, no aguantando dos años.

Conclusión. El presidencialismo compra previsibilidad (se sabe quién gobierna y hasta cuándo) al precio de rigidez (si el acuerdo se rompe, no hay mecanismo para reconstruirlo). El parlamentarismo hace el canje al revés. Ninguno de los dos es "el mejor": son dos apuestas distintas sobre qué problema es peor tener.

Y una advertencia para el parcial: la respuesta correcta no es "el presidencialismo es inestable". Eso es la tesis de Linz, y hay que presentarla como tesis, con la objeción de Mainwaring y Shugart al lado.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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@soytiza.ok