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Sociedad y Estado · Unidad 5 — Presidencialismo, Congreso y elecciones

Los poderes del presidente argentino

Para saber cuán fuerte es un presidente no alcanza con leer la Constitución. Hay que sumarle cuántas bancas controla su partido y qué tan disciplinado es ese bloque: los poderes institucionales y los partidarios se compensan entre sí.

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La explicación

Por qué hacen falta dos columnas y no una

Una pregunta que parece simple: ¿el presidente argentino es fuerte? Si se contesta leyendo solamente la Constitución, se está contestando la mitad. Alejandro Bonvecchi y Javier Zelaznik, siguiendo una distinción que viene de Mainwaring y Shugart, separan los recursos del presidente en dos columnas que hay que mirar juntas:

La columna institucional, en concreto

Dentro de los poderes institucionales se suele distinguir a su vez entre los legislativos (los que le permiten intervenir en la producción de leyes) y los no legislativos.

La columna partidaria, en concreto

Esto es lo que hay que entender de esta unidad. Las dos columnas se compensan. Un presidente con pocas facultades constitucionales pero con mayoría propia y disciplinada convierte su programa en ley sin firmar un solo decreto: le alcanza con que su bloque levante la mano. Un presidente con facultades constitucionales enormes pero con un bloque chico o díscolo tiene que gobernar por decreto, vetar todo el tiempo y aguantar que le rechacen cosas. Por eso el uso intensivo del decreto no es prueba de fuerza: muy a menudo es el síntoma de que los votos no están.

Gobierno unificado y gobierno dividido

Se llama gobierno unificado a la situación en que el partido del presidente tiene la mayoría en el Congreso, y gobierno dividido a cuando no la tiene. Son descripciones de aritmética parlamentaria, no juicios de valor: un gobierno dividido no es una crisis, es un reparto de bancas.

El diseño argentino hace que la situación pueda cambiar a mitad del mandato presidencial, sin que nadie toque la Constitución: la Cámara de Diputados se renueva por mitades y el Senado por tercios cada dos años, y esas elecciones legislativas de medio término no coinciden con la presidencial. Un presidente puede empezar unificado y quedar dividido en el año dos, o al revés.

El matiz federal, que es donde se cae mucha gente. En Argentina "controlar el bloque propio" no es una negociación con una sola persona. Los candidatos a diputado se eligen en listas cerradas por provincia, y quien pesa en armarlas suele ser la dirigencia provincial y el gobernador. Así que buena parte de la disciplina legislativa del presidente pasa por su relación con los gobernadores, y no sólo por su relación con los legisladores. Los poderes partidarios, en un país federal, tienen un componente territorial.

Cómo responder "¿es fuerte el presidente argentino?"

La respuesta bien armada tiene tres movimientos: uno, describir la dotación institucional, que efectivamente es amplia; dos, aclarar que su uso efectivo depende de los recursos partidarios, que varían elección a elección; tres, mostrar el caso donde las dos columnas se separan — el presidente institucionalmente fuerte y partidariamente débil, o al revés. Quien sólo hace el primer movimiento contestó la mitad.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Dos presidentes de países distintos. Aldana gobierna con una constitución que le da decreto, veto y delegación amplia, pero su fuerza tiene el 35% de las bancas y el bloque se le parte seguido. Bruno gobierna con una constitución austera —sin decretos legislativos y con veto fácil de revertir— pero su partido tiene el 58% de las bancas y vota siempre en bloque. ¿Cuál de los dos gobierna con más facilidad?

La respuesta corta es Bruno, y lo interesante es por qué, porque es exactamente la distinción que la unidad quiere que quede clara.

1. Separar las dos columnas en cada caso.
Aldana: poderes institucionales altos, poderes partidarios bajos.
Bruno: poderes institucionales bajos, poderes partidarios altos.

2. Ver qué puede hacer cada uno con lo que tiene.
Aldana puede firmar decretos, pero el Congreso —donde tiene el 35%— se los puede rechazar. Puede vetar, y eso sí le sirve: con el 35% le sobra para impedir la insistencia de dos tercios. O sea que puede bloquear bien, pero no puede construir.
Bruno no tiene ninguna herramienta unilateral, pero tiene algo mejor: los votos. Manda el proyecto, su bloque lo aprueba, sale ley. No necesita decretar nada porque no necesita esquivar a nadie.

3. Comparar el resultado, no las herramientas.
Aldana gobierna a los tumbos, negociando cada ley y usando el decreto como sustituto de los votos que no tiene. Bruno convierte su programa en ley sin recurrir a ningún poder excepcional.

La conclusión que hay que poder escribir: un presidente institucionalmente débil pero partidariamente fuerte puede ser más poderoso en los hechos que uno institucionalmente fuerte y partidariamente débil. Los poderes constitucionales son una dotación; los partidarios son los que deciden si esa dotación se usa para gobernar o para resistir.

Y el corolario que se toma en el parcial: si en un país se observa un uso muy alto de decretos y vetos, eso no permite concluir que el presidente sea fuerte. Habría que mirar antes cuántas bancas tiene. Un uso alto de recursos unilaterales es compatible con —y frecuentemente indica— debilidad partidaria.

Y uno del nivel del parcial

Dos presidentes. Aldana tiene amplios poderes de decreto, veto parcial e iniciativa exclusiva en el presupuesto, pero su partido tiene el 20 % de las bancas y está dividido en tres bloques. Beltrán no tiene decreto ni veto parcial, pero su partido controla el 55 % de las bancas y vota disciplinado. ¿Cuál gobierna con más facilidad?

La distinción que resuelve el caso:

poderes CONSTITUCIONALES: los que da el texto — decreto, veto,
   iniciativa exclusiva, convocatoria a sesiones

poderes PARTIDARIOS: los que da el sistema de partidos — tamaño
   del bloque propio, disciplina, control sobre las candidaturas

Los dos determinan la capacidad de gobernar, y son independientes entre sí. Un mismo texto constitucional produce presidentes fuertes o débiles según qué le dé la política.

Aldana: constitucionalmente fuerte, partidariamente débil.

puede: dictar decretos, vetar, vetar parcialmente, controlar
   la iniciativa del presupuesto
no puede: sancionar una ley, ni sostener un decreto si el
   Congreso decide rechazarlo

Y su propio partido está dividido en tres bloques, lo que agrava el problema: no tiene un interlocutor con quien acordar. Cada negociación hay que hacerla tres veces, y lo acordado con uno puede romperse con otro.

Cómo gobierna Aldana, en la práctica: por decreto, vetando lo que no le gusta y armando mayorías eventuales tema por tema. Puede imponer bastante en el corto plazo y casi nada de forma estable, porque todo lo que hizo sin ley se puede deshacer.

Beltrán: constitucionalmente débil, partidariamente fuerte.

no puede: gobernar sin el Congreso
puede: conseguir que el Congreso sancione lo que él propone

Con el 55 % disciplinado no necesita ninguno de los poderes que le faltan. No necesita decreto porque consigue la ley; no necesita veto porque nada que él no quiera llega a sancionarse.

La respuesta: gobierna con más facilidad Beltrán, y con una diferencia de calidad que importa:

Aldana gobierna por instrumentos REVERSIBLES (decretos)
Beltrán gobierna por instrumentos ESTABLES (leyes)

Una ley sancionada sobrevive al gobierno que la impulsó; un decreto lo deroga el presidente siguiente con otro decreto. Por eso un presidente con mayoría deja políticas y uno sin mayoría deja medidas.

De dónde sale la disciplina partidaria, que es lo que hace fuerte a Beltrán. No es lealtad personal: es que el jefe del partido controle algo que a los legisladores les importe.

· quién arma las listas y en qué orden
· si la lista es cerrada y bloqueada (el votante no puede alterarla)
· si hay reelección indefinida o el legislador depende de que lo
  reubiquen en otro cargo

El matiz federal, que conviene agregar: en un país federal, quien arma las listas suele ser el gobernador y no el presidente. Entonces la disciplina existe, pero responde a otro jefe, y el presidente tiene que negociar con los gobernadores aunque los legisladores sean de su propio partido.

Y el caso peor de los cuatro posibles, por si el parcial lo pregunta: un presidente con pocos poderes constitucionales y sin mayoría. No puede hacer nada por sí mismo ni conseguir que se lo aprueben. Ahí la parálisis es completa.

La conclusión general: analizar la fuerza de un presidente leyendo solo la Constitución es leer la mitad del problema. La otra mitad la escribe el resultado electoral y el sistema de partidos, y cambia en cada mandato sin que cambie una coma del texto.

Dónde se pierde el punto: contestar Aldana porque "tiene más facultades". Las facultades constitucionales son sobre todo negativas o provisorias; lo que permite gobernar de forma sostenida son los votos en el Congreso.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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