Sociedad y Estado · Unidad 5 — Presidencialismo, Congreso y elecciones
El sistema electoral argentino
Argentina elige su Congreso por distritos provinciales, con dos máquinas distintas para cada cámara, renovaciones parciales que desacoplan al Congreso del presidente, y un reparto de bancas que le da a las provincias chicas mucho más peso del que les daría su población.
La explicación
Un país, veinticuatro distritos
El primer dato, y el que ordena todo lo demás: no existe un distrito nacional para elegir el Congreso. Las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires son distritos electorales, y tanto los diputados como los senadores se eligen adentro de cada uno. El único cargo que se elige en un distrito único nacional es el de presidente.
Eso tiene una consecuencia inmediata: no hay proporcionalidad nacional. Un partido con el 10% de los votos repartidos parejo en todo el país puede terminar sin ninguna banca, porque en ningún distrito llegó al corte. La proporcionalidad se calcula distrito por distrito, y ahí la magnitud de cada uno decide casi todo (lo que viste en 5.3).
Cámara de Diputados
- Cuántos: 257. La Constitución dice que representan "al pueblo de la Nación", aunque se los elija por provincia.
- Mandato: 4 años, y la Cámara se renueva por mitades cada dos años: cada distrito pone en juego la mitad de sus bancas (o el número entero más cercano).
- Cómo se reparten: fórmula D'Hondt, umbral del 3% del padrón del distrito, y listas cerradas y bloqueadas — el votante elige la lista entera, armada por el partido, y no puede alterar el orden.
- Cuántas bancas tiene cada provincia: lo fija una ley de 1983, todavía vigente. Establece una banca cada 161.000 habitantes o fracción no menor a 80.500, más tres bancas fijas por distrito, con un piso de cinco diputados por provincia y la regla de que ninguna puede tener menos de las que tenía en marzo de 1976. La base poblacional no se actualizó desde entonces.
Senado
- Cuántos: 72. Representan a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires: tres por distrito, sin importar la población.
- Cómo se reparten: no es D'Hondt. Es lista incompleta: dos bancas para el partido más votado y una para el que sale segundo. Es una regla mayoritaria con un premio explícito a la primera minoría.
- Mandato: 6 años, con renovación por tercios cada dos años. Como cada distrito elige sus tres senadores juntos, lo que rota son los distritos: ocho por vez, y esos ocho ponen en juego sus tres bancas.
La consecuencia política de la lista incompleta es fuerte y conviene tenerla presente: una tercera fuerza no entra al Senado por un distrito, por más votos que saque, si no sale primera o segunda. No hay premio consuelo. El Senado, por diseño, tiende a tener menos partidos que Diputados.
La sobrerrepresentación de las provincias chicas
Es el punto que más se toma, así que vale la pena tenerlo con números.
- En el Senado es total y es explícita: cada distrito tiene tres senadores. Tierra del Fuego, con menos de 200.000 habitantes, tiene los mismos tres que la provincia de Buenos Aires, con más de 17 millones. Un senador fueguino representa más de ochenta veces menos gente que un senador bonaerense.
- En Diputados es menos visible pero está. El piso de cinco y las tres bancas fijas por distrito desacoplan las bancas de la población: una banca fueguina representa alrededor de seis veces menos habitantes que una bonaerense. Si el reparto fuera estrictamente proporcional a la población, los distritos chicos perderían bancas y los grandes ganarían.
El nombre técnico de este fenómeno es malapportionment: el desajuste entre la proporción de población de un distrito y la proporción de bancas que le tocan. Es distinto de la desproporcionalidad que produce la fórmula: acá el desvío no lo produce D'Hondt, lo produce el reparto previo de bancas entre distritos.
A favor del diseño: en un Estado federal, la lógica de la cámara territorial es precisamente que las unidades pesen igual, como los estados en el Senado de Estados Unidos. Sin un piso, las provincias con poca población quedarían sin capacidad de incidir en nada, y el federalismo sería nominal. El piso en Diputados cumple una función parecida: garantizar una representación mínima.
En contra: el principio democrático es "un ciudadano, un voto", y con estas reglas el voto de un habitante pesa varias veces más en un distrito que en otro. Como consecuencia, una mayoría de bancas en el Congreso puede no corresponderse con una mayoría de votantes, y las provincias sobrerrepresentadas quedan con un poder de negociación que no se explica por su peso poblacional.
La discusión sigue abierta y cada tanto se presentan proyectos para actualizar el reparto. Lo que no corresponde en un parcial es adjudicarle el beneficio a un partido determinado: qué fuerza gana con la sobrerrepresentación depende de quién gobierne esas provincias, y eso cambia elección a elección.
Cómo se conecta con el resto de la unidad
Tres hilos que vienen de los temas anteriores y acá se cierran:
- Las renovaciones por mitades y por tercios, desacopladas de la elección presidencial, son lo que permite que un presidente pase de gobierno unificado a dividido a mitad de mandato (5.2).
- Las listas cerradas y bloqueadas, armadas provincia por provincia, son la razón por la cual la disciplina del bloque pasa por los liderazgos provinciales: quien arma la lista decide la carrera del legislador (5.2).
- La enorme variación de magnitud entre distritos hace que "el sistema electoral argentino" sea en realidad veinticuatro sistemas conviviendo, cada uno con su propio umbral efectivo (5.3).
Un partido nuevo saca el 15% de los votos en todo el país, repartido de manera bastante pareja entre los distritos. ¿Cuántas bancas puede esperar en cada cámara, y por qué?
La respuesta no es un número: es un razonamiento distrito por distrito, y esa es exactamente la habilidad que el tema quiere que tengas.
Conclusión. El mismo caudal de votos produce presencia razonable en Diputados por los distritos grandes, presencia nula en los chicos, y probablemente ninguna banca en el Senado. Por eso a las terceras fuerzas argentinas les cuesta tanto convertir crecimiento electoral en poder institucional: el sistema premia la concentración territorial, no el caudal nacional. Un partido con el 40% en una sola provincia saca más bancas que uno con el 15% parejo en las veinticuatro.
Y notá que en todo esto no intervino ninguna decisión de nadie: es el efecto previsible de reglas escritas hace décadas.
Dónde se cae la mayoría
- Creer que hay un distrito nacional para el Congreso. No lo hay: las 23 provincias y la Ciudad son los distritos, y la proporcionalidad se calcula en cada uno por separado. El único cargo de distrito único es el de presidente.
- Aplicar D'Hondt al Senado. El Senado se elige por lista incompleta: dos bancas al más votado y una al segundo. D'Hondt es sólo para diputados.
- Confundir la renovación de Diputados con la del Senado. Diputados se renueva por mitades cada dos años, y cada distrito renueva la mitad de sus bancas; el Senado se renueva por tercios, y lo que rota son los distritos: ocho por vez, con sus tres bancas.
- Pensar que la sobrerrepresentación viene de la fórmula electoral. No: D'Hondt reparte adentro de cada distrito. El desajuste se produce antes, al repartir las bancas entre distritos.
- Tratar la sobrerrepresentación como si beneficiara siempre al mismo partido. Beneficia a las provincias chicas, y qué fuerza las gobierna cambia elección a elección.
- Suponer que una tercera fuerza que crece a nivel nacional va a llegar al Senado. Con lista incompleta, si no sale primera o segunda en algún distrito, no entra.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 6 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
Practicar El sistema electoral argentino →