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Sociedad y Estado · Unidad 6 — Federalismo y política subnacional

El federalismo como negociación permanente

Como la ley que repartiría todo de una vez está trabada, la relación entre la Nación y las provincias se renegocia todos los años con tres palancas —las reglas fiscales, los impuestos que casi no se reparten y la deuda— y quién queda mejor parado depende del momento económico.

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La explicación

Por qué «permanente»

Vimos en 6.1 que reformar la coparticipación exige, desde 1994, un acuerdo entre la Nación y las provincias ratificado por cada legislatura provincial, y que ninguna provincia acepta recibir menos de lo que recibe. Consecuencia práctica: la discusión de fondo no se salda nunca, y toda la relación fiscal federal se resuelve por fuera del régimen general, acuerdo por acuerdo, año por año.

Lodola analiza esa negociación en el período kirchnerista y la ordena en tres factores: las instituciones fiscales, la política tributaria y la política financiera. Son tres palancas distintas, y conviene verlas por separado antes de juntarlas.

Palanca 1 — las reglas fiscales

En el acuerdo stand by firmado con el FMI en 2003 el gobierno se comprometió a dos cosas: reformar la coparticipación y sancionar una ley de responsabilidad fiscal.

La primera se archivó rápido y nunca llegó al Congreso — por la traba constitucional ya vista y por un conflicto interno del peronismo de ese momento, con varios gobernadores anticipando que presionarían a sus legisladores para votar en contra. La segunda sí salió: la Ley de Responsabilidad Fiscal, sancionada en agosto de 2004, en vigencia desde enero de 2005 con la adhesión de 21 provincias.

Qué fija la ley:

Lodola señala que además refuerza a la Nación en tres sentidos: la faculta a firmar acuerdos bilaterales con cada provincia sobre pasivos y financiamiento (una manera de dividir cualquier frente común de gobernadores), deja fuera de la asistencia financiera nacional a quien no adhiera, y le da poder de veto en el órgano encargado de sancionar incumplimientos.

El detalle que se pasa por alto. La mayoría de las provincias no pudo cumplir los topes numéricos, y en vez de aplicarse sanciones la ley se fue reformando año tras año para dejar los topes sin efecto. O sea: la parte que limitaba el gasto terminó desactivada y la parte que fortalecía a la Nación quedó firme. Es un buen ejemplo de que una regla puede funcionar más como instrumento de negociación que como límite efectivo.
(El FMI, por su lado, rechazó la ley porque no preveía sanciones directas a los funcionarios, y el gobierno debió pedir un waiver.)

Palanca 2 — los impuestos que casi no se reparten

La segunda vía es tributaria: concentrar recaudación en impuestos que están poco o nada coparticipados. Los dos que analiza Lodola no los creó este período — la decisión inicial fue de gobiernos anteriores, en plena crisis —, pero sí se consiguieron las mayorías para prorrogarlos.

Después de que el Senado rechazara la resolución 125, en medio del conflicto con el campo de 2008, un decreto creó el Fondo Federal Solidario: el 30 % de lo percibido por derechos de exportación de soja se gira a las provincias que adhieran, repartido con el criterio de la coparticipación, y cada provincia debe redistribuir el 30 % de lo que recibe entre sus municipios.

Mirá el diseño del fondo, que es una pieza de ingeniería política. La norma establecía que la falta de adhesión de una provincia aumentaba proporcionalmente el porcentaje de las que sí adherían. Para un gobernador opositor, negarse significaba que su provincia aportara al fondo sin recibir nada a cambio, y además que sus vecinas cobraran más. Resultado: adherir no era realmente optativo. Y como obligaba a redistribuir a los municipios, el fondo iba también a construir relación con los intendentes.

Palanca 3 — la deuda

Es la más potente, y viene de antes. Un poco de historia, porque sin ella no se entiende:

El efecto sobre quién es el acreedor de las provincias fue radical. Antes del canje, el principal acreedor era el sector privado (cerca del 69 % en promedio), con los organismos internacionales en 17 % y el Estado nacional en 8,3 %. Después, en el promedio 2002-2010, la Nación pasó a ser el principal acreedor con cerca del 65 % del stock; el sector privado quedó en 23,2 % y los organismos internacionales en 12,2 %.

Cómo se convierte eso en palanca. La asistencia financiera nacional refinanciaba sólo parte de las amortizaciones de un ejercicio, así que había que renegociar todos los años. Y como la normativa no fijaba reglas claras de acceso, la Nación decidía cuánto, cuándo y a quién. Lodola es explícito en que se evitaron a propósito las refinanciaciones a largo plazo: habrían desahogado los presupuestos provinciales y, con eso, apagado la capacidad de presión. Los fondos se asignaban a cuentagotas, después de negociaciones bilaterales.
Pero no operaba igual con todos. La capacidad de presión dependía de dos cosas: la solvencia fiscal de cada provincia y el peso que la deuda con la Nación tuviera en su estructura. Un grupo chico de jurisdicciones que no había entrado al canje podía zafar; para el resto, esa deuda representaba alrededor del 67 % de sus pasivos en promedio, y en algunos casos más del 80 %.

Por qué el resultado cambia con el contexto económico

Esta es la conclusión que hay que poder enunciar. Todo el esquema anterior funciona dando, y dar requiere tener.

Dos lecturas del Plan de 2010 que conviene tener juntas. Según estimaciones privadas que cita Lodola, para la Nación ese costo resultaba menor que el de coparticipar el impuesto al cheque, que se estimaba en unos 14.300 millones. Y la medida le quitaba protagonismo a un proyecto parecido que el Congreso se aprestaba a tratar. Es decir: la misma decisión puede leerse como un alivio a las provincias y como la opción más conveniente entre las disponibles. Las dos lecturas están en el texto y no se excluyen.

Lodola cierra con una advertencia doble. Primero, que la estrategia es demasiado dependiente del ciclo económico: con menos crecimiento y caída de la recaudación, la capacidad de repartir se achica y hay que recurrir a otros mecanismos. Segundo, que un presidente que ya no puede reelegirse negocia desde una posición más débil, porque le acorta a los gobernadores e intendentes el horizonte por el cual les conviene acompañarlo.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Una provincia necesita refinanciar los vencimientos de deuda de este año. La Nación puede ofrecerle un acuerdo a veinte años o uno que cubre sólo este ejercicio. ¿Cuál elige si lo que busca es capacidad de presión, y de qué depende que esa presión efectivamente funcione?

1. Qué le da poder al acreedor.
El poder no está en el monto prestado sino en la frecuencia con que hay que volver a pedir. Un acuerdo a veinte años resuelve el problema y cierra la conversación; uno que cubre un ejercicio obliga a sentarse de nuevo el año que viene.
2. La respuesta, entonces.
Elige el de un ejercicio. Lodola lo dice sin vueltas: se evitaron los refinanciamientos a largo plazo justamente porque desahogarían los presupuestos provinciales y con eso menguaría la capacidad de presión. Los fondos se asignaban a cuentagotas, tras negociaciones bilaterales.
3. El segundo ingrediente: la falta de reglas.
Como la normativa no fijaba criterios claros de acceso al refinanciamiento, la Nación decidía cuánto, cuándo y a quién. Sin esa discrecionalidad, la renegociación anual sería un trámite y no una negociación.
4. De qué depende que funcione.
De dos condiciones, y esta es la parte que más se olvida:
· De la solvencia fiscal de la provincia. Una provincia que puede cubrir sus vencimientos con recursos propios no necesita sentarse.
· Del peso de esa deuda en su estructura de pasivos. Para el grueso de las provincias la deuda con la Nación era alrededor del 67 % del total —en algunos casos más del 80 %—, pero un grupo que no había entrado al canje quedaba mucho menos expuesto.

Y el marco general: todo el esquema funciona repartiendo, y repartir requiere que haya. Por eso Lodola concluye que la estrategia depende demasiado del ciclo económico: si cae la recaudación, la misma herramienta deja de comprar lo mismo.

Y uno del nivel del parcial

Una provincia tiene que refinanciar vencimientos de deuda que no puede pagar. Tiene dos opciones: un acuerdo con la Nación, con tasa baja y condiciones sobre su gasto, o salir al mercado a colocar un bono a tasa mucho más alta. Analizar qué gana y qué pierde en cada caso, y qué produce la existencia misma de la opción del rescate.

El acuerdo con la Nación: qué gana.

· tasa más baja: menos intereses, más margen presupuestario
· plazo más largo: los vencimientos dejan de apretar este año
· certeza: el acuerdo se firma, no depende de que haya compradores

Qué pierde. Las condiciones sobre el gasto no son un detalle administrativo: son la contrapartida.

· límites al gasto corriente, al empleo público o a los salarios
· metas fiscales que hay que cumplir e informar
· y, sobre todo, una relación de dependencia que dura lo que dure
  el acuerdo

El punto político: el gobernador entrega margen de decisión sobre variables que son el núcleo de su gestión. Y si el año que viene necesita apartarse de las metas, tiene que volver a pedir permiso.

El mercado: qué gana. Autonomía. Nadie le dice en qué gastar, no rinde cuentas sobre su política fiscal a otro gobierno, y no queda atado a la relación política con la Nación.

Qué pierde. La tasa, que puede ser varias veces más alta, y eso se paga con presupuesto que no va a servicios. Y además:

· el acceso no está garantizado: si el mercado no quiere, no hay bono
· si la deuda es en moneda extranjera, aparece el riesgo cambiario:
  la provincia recauda en pesos y paga en dólares
· una devaluación multiplica la deuda sin que la provincia haya
  hecho nada

El resumen del dilema:

Nación: más barato, menos autonomía
mercado: más caro, más autonomía, y más riesgo

Ahora la pregunta más interesante: qué produce que la opción del rescate exista.

El problema se llama restricción presupuestaria blanda. Si una provincia sabe que, si se endeuda de más, la Nación va a terminar ayudándola, entonces el costo de endeudarse de más no lo paga entera.

restricción DURA: el que se endeuda de más, enfrenta la consecuencia
restricción BLANDA: alguien más aparece a cubrir el agujero

Los efectos de una restricción blanda son predecibles:

· incentivo a gastar de más hoy y negociar mañana
· la provincia prudente queda en desventaja: se ajustó sola y
  la que no se ajustó fue rescatada
· el mercado también lo sabe y presta a las provincias contando
  con el respaldo implícito de la Nación

Ese último punto es el más perverso: el respaldo implícito baja la tasa a la que consigue crédito la provincia imprudente, lo que la hace endeudarse todavía más.

Por qué la Nación termina rescatando igual. Porque el costo de no hacerlo es alto y llega rápido: una provincia que no puede pagar sueldos produce un conflicto que se vuelve nacional, y en un país federal el gobierno nacional no puede desentenderse de una crisis provincial. El rescate no es generosidad: es la salida menos mala una vez que el problema ya existe.

Y de ahí sale el problema de compromiso: la Nación querría poder decir "no voy a rescatar a nadie" y que le crean. Pero como todos saben que cuando llegue el momento va a rescatar, la amenaza no es creíble y no disciplina a nadie.

Cómo se intenta resolver, en los países que lo intentaron:

· reglas fiscales con límites de endeudamiento provincial,
  verificables y con sanción automática
· autorización previa de la Nación para tomar deuda
· información pública y comparable sobre las cuentas provinciales
· y, sobre todo, aumentar la autonomía fiscal: una provincia que
  financia su gasto con impuestos propios enfrenta el costo de
  su propio endeudamiento

Dónde se pierde el punto: analizar solo cuál de las dos opciones conviene. La pregunta del enunciado incluye qué produce la existencia misma del rescate, y eso es lo que conecta el caso con el federalismo fiscal: el problema no es la decisión de esta provincia, es el sistema de incentivos en el que todas deciden.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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