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Sociología (14) · Unidad 3 — La primera modernidad: Durkheim y Weber

La acción social y sus cuatro tipos

Para Weber una conducta es acción social cuando quien la hace le da un sentido que tiene en cuenta a otros, y ese sentido puede venir de un cálculo de fines, de un valor, de una emoción o de una costumbre: los cuatro tipos con que se lee cualquier acción.

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La explicación

Antes de empezar

La sociología estudia cómo vivimos con otros: por qué hacemos lo que hacemos cuando hay gente alrededor, y cómo de esas conductas salen cosas más grandes, como un mercado, una familia o un club.

Este tema es de Max Weber (1864-1920), un sociólogo alemán que, junto con Marx y Durkheim, se cuenta entre los fundadores de la disciplina. Su apuesta: para explicar lo que la gente hace hay que comprender el sentido que cada uno le da a lo que hace. Por eso a su enfoque se lo llama sociología comprensiva, y es casi lo opuesto de Durkheim (tema 3.1), que mira los hechos sociales desde afuera, como cosas.

Las definiciones salen de las primeras páginas de Economía y sociedad, donde Weber arma las piezas con las que después construye todo lo demás.

El problema: ¿cuándo una conducta es social?

Parece que todo lo que hacemos es social, porque vivimos en sociedad. Weber dice que no, y propone una prueba más fina en dos pasos.

Primero, la acción: cualquier conducta —hacer algo, dejar de hacerlo o aguantarse— a la que quien la hace le pone un sentido, un «para qué» o un «por qué» que tiene en su cabeza.

Después, la acción social: la acción cuyo sentido tiene en cuenta lo que hacen otros y se guía por eso.

«Bajo la música porque mi vecino de abajo se levanta a las cinco.»

la acción el otro por el que se orienta

Los otros pueden aparecer de varias maneras:

Conocidos o desconocidos: el vecino, o una multitud sin cara. Weber pone el ejemplo del dinero: quien acepta un billete lo acepta porque espera que muchos desconocidos se lo acepten después.
Pasados, presentes o futuros: se puede actuar por lo que otro hizo ayer, por lo que hace ahora o por lo que se espera que haga.
Hacer o no hacer: callarse en una reunión para no pelear con un compañero también cuenta.
Cómo reconocer una acción social
1. Encontrá la conducta: qué hace (o deja de hacer) la persona.
2. Preguntá por qué o para qué lo hace, desde su punto de vista.
3. Si en esa respuesta aparece lo que otros hacen, hicieron o van a hacer, es acción social.

Lo que parece social y no lo es

Weber se toma el trabajo de separar los casos que confunden. Conviene tenerlos a mano, porque son los bordes del concepto:

1. La conducta que sólo mira cosas. Armar sola un mueble o rezar en soledad tiene sentido, pero ese sentido no pasa por otras personas.
2. El choque. Weber da el ejemplo de dos ciclistas que se chocan sin verse: eso es un suceso, como una piedra que cae. Lo que viene después —pedirse disculpas, discutir— sí es acción social.
3. Muchos haciendo lo mismo. Su otro ejemplo: empieza a llover y todos abren el paraguas a la vez. Cada uno responde a la lluvia, no a los demás. Que sea masivo no lo vuelve social.
4. El contagio de la masa. En medio de una multitud uno se entusiasma o se enoja más que solo. Si esa conducta no tiene un sentido referido a los otros, Weber no la cuenta como acción social, aunque admite que el límite es borroso.
5. La imitación. Copiar a otro como un reflejo, o copiar algo porque se vio que funciona, no es acción social: uno se guía por el resultado, no por el otro. En cambio, imitar algo porque está de moda o porque da prestigio sí lo es: ahí importa lo que piensan los demás.
Cómo descartar los falsos casos
1. ¿El sentido pasa por otras personas o sólo por cosas? Si sólo por cosas, no es social.
2. ¿Es un accidente o un reflejo? Entonces es un suceso, no una acción con sentido.
3. Si muchos hacen lo mismo, preguntá si cada uno lo hace por los otros o sólo al mismo tiempo que ellos.
4. Si alguien copia, preguntá si copia por el otro (moda, prestigio) o por el resultado.

Los cuatro tipos de acción

Una vez que se sabe qué es una acción social, la pregunta es qué la mueve. Weber distingue cuatro respuestas posibles.

1. Racional con arreglo a fines. La persona tiene un objetivo, el fin, y elige el camino que le parece más eficaz para llegar, el medio. Compara alternativas, pesa costos y calcula consecuencias, incluso lo que van a hacer los demás.

«Me anoto en la comisión de la noche para poder seguir trabajando de día.»

fin medio

2. Racional con arreglo a valores. La persona hace algo porque cree que está bien en sí mismo —por deber, por religión, por lealtad, por dignidad—, pase lo que pase después. Siente que hay un mandato que le toca cumplir, y no lo cambia aunque le salga caro.

«Rechacé el trabajo mejor pago porque había que firmar papeles falsos, y eso no lo hago por nada del mundo.»

la acción el valor que manda

3. Afectiva. La mueve una emoción del momento: bronca, alegría, miedo, ternura, ganas de desquitarse. No hay cálculo ni principio: hay una descarga.

«Cuando me cobraron dos veces el mismo café, le levanté la voz al cajero sin pensarlo.»

la descarga de la emoción

4. Tradicional. La mueve una costumbre arraigada: se hace así porque siempre se hizo así. Casi no se piensa; funciona como un piloto automático. Weber observa que buena parte de lo que hacemos cada día se parece a este tipo.

«En casa, a las doce del 31 se comen doce uvas, como hacía la bisabuela.»

la costumbre

Cómo reconocer el tipo
1. Preguntá qué explica la acción, desde quien la hace.
2. Si es un resultado que busca con un camino elegido para llegar: fines. Marcá el fin y el medio.
3. Si es un deber que cumple aunque le cueste o le salga mal: valores.
4. Si es lo que siente en ese instante: afectiva.
5. Si es «siempre se hizo así»: tradicional.

Los pares que más se confunden

Fines o valores. Los dos tipos son racionales: hay reflexión. La diferencia está en las consecuencias. El de fines las calcula y cambia de camino si no le conviene; el de valores las deja de lado, porque el sentido está en el acto mismo.
Valores o afectiva. Las dos ponen el sentido en la acción y no en el resultado. Pero la de valores responde a un principio pensado, que se sostiene en el tiempo; la afectiva es la reacción del momento, que se pasa.
Tradicional o valores. Una costumbre puede volverse un principio cuando alguien la defiende a conciencia («las tradiciones de la familia se respetan»). Mientras se haga en piloto automático, es tradicional.
Cómo desempatar
1. Fines o valores: preguntá «¿lo seguiría haciendo si le saliera mal?». Si la respuesta es sí, valores.
2. Valores o afectiva: preguntá «¿es un principio que sostiene siempre o un arrebato?».
3. Tradicional o valores: preguntá «¿lo hace sin pensarlo o lo defiende como algo que vale?».

Tipos puros: herramientas, no cajones

En la vida real casi ninguna acción es de un solo tipo: alguien va a la cancha por costumbre, por la emoción del partido y porque ya pagó la cuota. Weber lo sabe y lo dice: los cuatro son tipos puros (también se los llama tipos ideales), construcciones exageradas a propósito para medir contra ellas lo que pasa de verdad.

Por eso la pregunta buena no es «¿de qué tipo es?» sino «¿qué tipo predomina?», y la respuesta tiene que decir en qué se nota. Tampoco son una lista de todo lo que puede mover a alguien: son las cuatro orientaciones que a Weber le sirven para investigar.

Cómo usarlos en un caso mezclado
1. Separá los motivos que aparecen.
2. Asigná cada motivo a un tipo.
3. Decí cuál pesa más en ese caso y qué frase lo muestra.

De la acción a la relación social

Cuando la acción de uno se orienta por la del otro, y la del otro por la del uno, hay una relación social: una conducta de varios, referida de ida y vuelta. Puede ser una amistad, una competencia, un contrato o una pelea: el concepto no dice si se llevan bien.

Dos detalles que Weber subraya:

No hace falta que los dos le den el mismo sentido. Uno puede vivir como amistad lo que el otro vive como conveniencia. Mientras cada uno oriente su conducta por la del otro, la relación existe.
Una relación es una probabilidad. Que exista un club, una pareja o un Estado quiere decir, para la sociología, que es probable que ciertas personas sigan actuando de cierta manera, orientadas por eso. Si esa probabilidad desaparece, la relación deja de existir sociológicamente, aunque quede el edificio o el papel.
Cómo reconocer una relación social
1. Fijate si hay al menos dos que actúan teniendo en cuenta lo que hace el otro.
2. No exijas que la vivan igual: alcanza con que cada uno cuente con el otro.
3. Para decir si «sigue existiendo», preguntá si todavía es probable que la gente actúe orientada por ella.

Cómo se escribe la respuesta

En un parcial, clasificar no alcanza: hay que nombrar el tipo, decir qué orienta la acción y señalar la frase del caso que lo muestra. Si es de fines, además, separar el fin del medio.

«Me bajé la app del banco para no hacer la fila todos los meses.»

fin medio

Acción racional con arreglo a fines: el fin es no hacer la fila; el medio, bajarse la aplicación; lo muestra el «para», que une el medio con el fin.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Clasificá las tres acciones de Gonzalo según el tipo que predomina y, en la que sea de fines, separá el fin del medio: «Gonzalo se compra una bicicleta usada para ir a la facultad sin gastar en boleto. Antes de salir, golpea dos veces el marco de la puerta, como hacía su abuelo, sin saber bien por qué. Un día, un auto se le tira encima y Gonzalo, del susto y la bronca, le grita de todo al conductor».

Primero, el caso con las tres acciones marcadas:

«Gonzalo se compra una bicicleta usada para ir a la facultad sin gastar en boleto. Antes de salir, golpea dos veces el marco de la puerta, como hacía su abuelo, sin saber bien por qué. Un día, un auto se le tira encima y Gonzalo, del susto y la bronca, le grita de todo al conductor.»

fin medio costumbre descarga afectiva

Después, cada una con el formato de la respuesta: tipo, qué la orienta y la frase que lo muestra.

Comprar la bicicleta: racional con arreglo a fines. El fin es ir a la facultad sin gastar en boleto; el medio, la bicicleta usada (y usada, no nueva: también el medio se calcula). Lo muestra el «para».
Golpear el marco de la puerta: tradicional. Lo orienta una costumbre heredada; «sin saber bien por qué» dice que no hay cálculo ni principio. Ojo: no es acción social, porque su sentido no pasa por ninguna otra persona. Los tipos sirven para cualquier acción; que sea social es otra pregunta.
Gritarle al conductor: afectiva. La mueven el susto y la bronca del momento. Sí es acción social: está dirigida al conductor y responde a lo que él hizo.

Lo que el análisis deja ver: la misma persona, en el mismo día, hace acciones de tres tipos distintos. Los tipos clasifican acciones, no personas: no hay «gente tradicional» y «gente racional».

Y uno del nivel del parcial

En una colecta de sangre del barrio hay cuatro donantes. Analía dona porque cree que ayudar a desconocidos es una obligación de cualquiera. Bruno dona porque ese día no va a trabajar y lo tiene justificado. Carmen dona porque en su familia todos donan cada otoño, desde que ella tiene memoria. Diego no pensaba donar, pero vio en la fila a una nena con su mamá llorando y se sumó en el momento. ¿Qué muestra el caso sobre el método de Weber?

La pregunta de fondo es qué ve un observador y qué no. Desde afuera hay cuatro personas iguales, sentadas con el brazo estirado. La conducta visible es idéntica; el sentido, no.

Analía: «es una obligación de cualquiera». Racional con arreglo a valores: dona por un deber que vale por sí mismo, sin esperar nada a cambio.
Bruno: «ese día no va a trabajar». Racional con arreglo a fines: la donación es el medio y el día libre, el fin. Si mañana sacaran el día libre, es probable que dejara de donar.
Carmen: «desde que ella tiene memoria». Tradicional: dona porque en su familia siempre se hizo. Si alguien le preguntara por qué, lo primero que diría es «porque sí».
Diego: «se sumó en el momento». Afectiva: lo mueve la emoción que le despierta la escena, no un plan ni un principio.

valores fines tradicional afectiva

Lo que muestra sobre el método: si la sociología sólo contara conductas, vería «cuatro donaciones» y nada más. Para Weber eso no explica nada: hay que comprender el sentido que cada uno le da a lo que hace, y por eso su sociología se llama comprensiva. Los cuatro tipos son la herramienta para ordenar esos sentidos.

Además, las cuatro son acciones sociales: todas tienen en cuenta a otros (los desconocidos que van a recibir la sangre, el empleador que justifica el día, la familia, la nena y su mamá).

Dónde se pierde el punto: clasificar «donar sangre» como un solo tipo —casi siempre, de valores, porque suena solidario—. La consigna pide justamente ver que la misma conducta tiene cuatro sentidos, y que la clasificación se hace sobre el sentido.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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