Semiología (43) · Unidad 1 — El signo lingüístico
El signo lingüístico y sus propiedades
El signo une un concepto con una imagen acústica, y esa unión es arbitraria, se despliega en una línea y es a la vez inmutable para cada hablante y mutable con el tiempo.
La explicación
Antes de empezar
En el tema 1.1 Saussure recortó la lengua: un sistema de signos que comparte una comunidad. Ahora toca la pieza de ese sistema, el signo lingüístico, y las cuatro propiedades que Saussure le encuentra.
El problema: una palabra no es una etiqueta pegada a una cosa
La idea más común sobre el lenguaje es que las palabras son nombres que se le ponen a las cosas, como etiquetas en frascos. Saussure la rechaza: si fuera así, las ideas existirían antes que las palabras y cada lengua sería una lista de nombres distinta para las mismas cosas. A esa visión la llama nomenclatura.
Para él, el signo no une una palabra con una cosa. Une dos cosas que están las dos en la mente:
Significante: la imagen acústica, o sea la huella mental de los sonidos: /a-l-f-a-j-o-r/. No es el sonido que sale de la boca, es el recuerdo de cómo suena.
Una prueba de que el significante es mental: podés repetir «alfajor» en tu cabeza sin mover los labios. Lo «oís» igual.
El alfajor que tenés en la mano no forma parte del signo. Es el referente: la cosa del mundo de la que se habla, y queda afuera. Significado y significante, en cambio, no se pueden separar: son como las dos caras de una moneda.
1. La idea que se te viene a la cabeza: significado.
2. La forma sonora que recordás: significante.
3. La cosa concreta, si existe: referente, que no es parte del signo.
Primera propiedad: es arbitrario
¿Por qué la idea de queso va unida a los sonidos /queso/? Por ninguna razón. Nada del queso pide esos sonidos. La prueba está en las otras lenguas:
castellano queso · inglés cheese · francés fromage
Mismo concepto, tres significantes que no se parecen. A eso Saussure lo llama arbitrariedad: la unión entre significado y significante es inmotivada, no tiene una causa natural.
Arbitrario no quiere decir que cada uno elija como quiera: quiere decir sin motivo. Una vez que la comunidad lo fija, nadie lo elige.
Lo que no es del todo arbitrario. Saussure llama símbolo a un signo donde sí hay un rastro de motivo. La calavera en un frasco de veneno se entiende porque tiene que ver con la muerte; no daría lo mismo dibujar una flor.
Y adentro de la lengua hay signos relativamente motivados: «lavarropas» se entiende por «lavar» y «ropa»; «heladería», por el molde de «panadería» o «librería». Pero las piezas sueltas, «lavar» y «ropa», siguen siendo arbitrarias.
¿Y las onomatopeyas? El «croac» parece imitar a la rana. Pero en inglés la rana hace «ribbit»: la imitación es aproximada y cambia según la lengua. Además son muy pocas. No alcanzan para voltear la regla.
1. Buscá si el mismo concepto tiene significantes distintos en otras lenguas.
2. Preguntá si hay alguna razón en la cosa para que suene así. Si no la hay, es arbitrario.
3. Si la palabra se arma con otras de la misma lengua (lava + rropas), es relativamente motivada.
Segunda propiedad: es lineal
Un dibujo se ve todo a la vez. Una palabra, no: sus sonidos vienen uno detrás de otro, en el tiempo, como una fila. No se pueden decir dos sonidos al mismo tiempo.
moto · tomo
Los mismos cuatro sonidos, en otro orden, dan otro signo. Por eso el orden importa: el significante es lineal, se despliega en una sola dimensión. Esta propiedad es propia del signo lingüístico y lo separa de las imágenes.
Cruzando las dos primeras: cuatro casilleros
La arbitrariedad vale para todos los signos que estudiaría la semiología; la linealidad, sólo para los de la lengua. Si se cruzan, salen cuatro tipos:
Símbolo lingüístico (con algo de motivo, y lineal): las palabras relativamente motivadas, como «lavarropas», y las onomatopeyas.
Signo no lingüístico (arbitrario, no lineal): la bandera a cuadros que marca el final de una carrera de autos. No se parece en nada a «terminó».
Símbolo no lingüístico (con motivo, no lineal): la calavera del frasco de veneno, o el dibujo de un tenedor y un cuchillo para indicar un restaurante.
Para Saussure, los signos totalmente arbitrarios son los que mejor muestran cómo funciona un sistema de signos: no dependen de nada de afuera. Por eso la lingüística sería el modelo de toda la semiología.
Tercera propiedad: es inmutable
Imaginá que el municipio decreta que desde mañana al colectivo hay que decirle «transporte urbano». Al día siguiente, todo el mundo sigue diciendo «colectivo» o «bondi». Nadie puede cambiar un signo por decisión propia, ni una persona ni un gobierno.
En un momento dado, el signo es inmutable. Saussure da varias razones:
Son muchísimos signos: no se puede revisar un sistema de miles de piezas como se revisa un reglamento corto.
El sistema es complejo: los hablantes lo usan sin conocer sus reglas de manera consciente.
Se hereda: cada generación recibe la lengua de la anterior, y la comunidad entera la usa todo el tiempo. Eso la vuelve conservadora.
Cuarta propiedad: es mutable
Y sin embargo la lengua cambia. Nadie lo decide, pero con el tiempo la relación entre significante y significado se corre.
«Fue una fiesta terrible.» · «Es re piola.»
«Terrible» quería decir algo que da terror; hoy, en el habla de muchos, también algo buenísimo. «Piola» era una cuerda fina; hoy es alguien que tiene buena onda. Es el mismo significante con otro significado: un desplazamiento entre las dos caras.
¿Cómo puede ser inmutable y mutable a la vez? Porque se mira en dos tiempos distintos:
A lo largo del tiempo (la diacronía): los usos individuales se repiten, se contagian y terminan cambiando el sistema. Mutable.
La misma arbitrariedad explica las dos cosas: como no hay motivo, nadie puede defender un cambio con razones; y como no hay motivo, tampoco hay nada que impida que el lazo se corra con los años.
1. ¿Compara lenguas o pregunta «por qué suena así»? Arbitrariedad.
2. ¿Juega con el orden de los sonidos? Linealidad.
3. ¿Alguien intenta cambiar un signo y no puede? Inmutabilidad.
4. ¿Un signo cambió con los años? Mutabilidad.
Explicá qué propiedad del signo muestra cada caso: A) Una nena pregunta por qué la mesa se llama «mesa» y no «tamba». B) Una cantante propone en la tele decirle «chispa» al celular, y nadie la sigue. C) Hace cincuenta años «ratón» no era un aparato de la computadora.
Cada caso, con lo que hay que mirar marcado:
A) ¿Por qué «mesa»? · B) «chispa» al celular · C) «ratón» de la compu
arbitrariedad inmutabilidad mutabilidad
B) Inmutabilidad. Una persona, aunque sea famosa, no puede cambiar un signo por decisión propia. La comunidad sigue con «celular». En un momento dado, el signo está fuera del alcance de la voluntad individual.
C) Mutabilidad. El significante «ratón» sumó un significado nuevo con los años: el aparato que se mueve con la mano. Es un desplazamiento entre significante y significado que nadie decretó: se fue imponiendo con el uso.
Lo que el análisis deja ver: B y C parecen decir cosas opuestas (el signo no cambia / el signo cambió), pero miran tiempos distintos. B es un momento dado, sincronía. C es el paso de décadas, diacronía. Y las dos se explican por lo mismo que A: como el lazo es arbitrario, nadie lo puede defender ni cambiar con razones, y por eso sólo cambia con el tiempo y el uso de todos.
Explicá, como en una respuesta de parcial, por qué la arbitrariedad del signo hace que sea a la vez inmutable y mutable.
La clave es mostrar que una sola propiedad explica las otras dos.
2. Por qué eso lo vuelve inmutable. Si un signo tuviera un motivo, se podría discutir si es el mejor y cambiarlo, como se cambia una regla del consorcio. Pero como no lo tiene, no hay argumento posible para reemplazarlo: el individuo no puede tocarlo sin quedar afuera de la comunidad que lo entiende. Se suman otras razones: son muchísimos signos, el sistema es complejo y se hereda.
3. Por qué eso lo vuelve mutable. Como nada natural sostiene la unión, tampoco hay nada que impida que se corra. Con el tiempo, los usos individuales que se repiten terminan moviendo el lazo: un significante pasa a unirse a otro significado.
4. Por qué no se contradicen. Inmutable en sincronía (en un momento dado, para cada hablante); mutable en diacronía (a lo largo del tiempo, por la comunidad).
Un ejemplo propio cierra bien: hoy nadie puede decidir que «piola» deje de ser elogio; pero «piola» empezó siendo sólo una cuerda y nadie votó el cambio.
Dónde se pierde el punto: enumerar las cuatro propiedades por separado, como una lista, sin mostrar la relación. La consigna pide justamente esa relación.
Dónde se cae la mayoría
- Decir que el signo une una palabra con una cosa. Une un concepto con una imagen acústica, los dos mentales; la cosa es el referente y queda afuera.
- Confundir el significante con el sonido físico o con la letra escrita. Es la huella mental del sonido: se «oye» aunque no se diga nada.
- Entender «arbitrario» como «cada uno elige». Quiere decir inmotivado: no hay razón natural. Justamente porque no hay razón, nadie puede cambiarlo a gusto.
- Ver una contradicción entre inmutable y mutable. Son dos perspectivas: en un momento dado, el hablante no puede cambiarlo; a lo largo del tiempo, la comunidad lo cambia sin proponérselo.
- Tomar las onomatopeyas como prueba de que el signo es natural. Son pocas, imitan de manera aproximada y cambian de lengua en lengua.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
Practicar El signo lingüístico y sus propiedades →Dónde entra este tema en el parcial
- Primer parcial — En la parada15 puntos · resuelto paso a paso
Los otros temas de la unidad 1
El signo lingüístico