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Semiología (43) · Unidad 6 — Signo ideológico y géneros discursivos

El signo ideológico

Para el grupo Bajtín el signo no es la unidad neutra de un sistema sino un terreno de disputa: cada grupo social carga las mismas palabras con acentos distintos, y por eso «orden», «emprendedor» o «barrio» significan cosas diferentes según quién las diga.

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La explicación

Antes de empezar

Mijaíl Bajtín (1895-1975) fue un teórico ruso de la lengua y la literatura. Trabajó en un círculo de intelectuales —con Valentín Voloshinov y Pável Medvédev— que discutían todo en grupo, y varios libros de esa época salieron firmados por otros. El más importante para este tema, Marxismo y filosofía del lenguaje (1929), lleva la firma de Voloshinov, y todavía se discute cuánto escribió Bajtín. Por eso se habla del grupo o círculo de Bajtín.

Su punto de partida es una discusión con Ferdinand de Saussure, el lingüista suizo de la unidad 1, que estudiaba la lengua como un sistema de signos, cada uno con un valor fijado por sus diferencias con los otros.

El problema: la palabra del diccionario y la de la calle

Dos personas usan la misma palabra el mismo día:

«Mi viejo es un emprendedor: arrancó con un carrito y hoy tiene tres locales.»
«Te dicen emprendedor para no decirte que no tenés aguinaldo ni vacaciones.»

la palabra con orgullo la palabra con desconfianza

Un diccionario daría una sola definición para las dos. Pero cualquiera que las escuche sabe que no dicen lo mismo: en la primera la palabra es un elogio; en la segunda, quien habla la escucha como una manera de disimular un trabajo sin aguinaldo ni vacaciones.

Para Saussure, las dos frases usan el mismo signo con el mismo valor, y la diferencia queda del lado del habla, que no le interesaba estudiar. Para Bajtín, esa diferencia es el sentido de la palabra.

Dos maneras de equivocarse

Bajtín arma su propuesta discutiendo con dos corrientes de su época:

El objetivismo abstracto, cuyo modelo es Saussure: estudia la lengua como un conjunto de formas (sonidos, gramática, vocabulario) separado de la historia y de las personas que la usan. Para Bajtín es un error separar la lengua del habla: es el habla lo que la mantiene viva, y separarlas es como estudiar un producto olvidando el trabajo que lo hizo.
El subjetivismo idealista, que viene de Wilhelm von Humboldt (filósofo y lingüista alemán del siglo XIX): piensa el lenguaje como la creación de un individuo, la expresión de su mundo interior. Para Bajtín olvida que nadie habla solo: pone el sentido adentro de la cabeza de cada uno.

Contra las dos, Bajtín sostiene que el sentido no está en el sistema ni en la cabeza: está entre las personas, en la interacción social, en los enunciados concretos que se dicen unos a otros.

Cómo reconocer cada posición
1. Si la lengua aparece como un sistema estable, sin hablantes ni historia: objetivismo abstracto (Saussure).
2. Si el lenguaje aparece como expresión del interior de un individuo: subjetivismo idealista (Humboldt).
3. Si el sentido aparece producido entre personas, en situaciones sociales concretas: la posición de Bajtín.

Nadie habla primero

El hablante común, dice Voloshinov, no se encuentra con las palabras en el diccionario. Se las encuentra ya usadas: en la boca de su familia, de la tele, del barrio, del trabajo, de grupos que no son el suyo. Cada palabra le llega con las marcas de esos usos.

Bajtín lo dice con una imagen: ningún hablante es Adán, el primero en nombrar las cosas. Cuando alguien dice una palabra, la está tomando de otros.

El signo ideológico

De ahí sale la idea central del tema: todo signo es un signo ideológico. No porque sea «político» en el sentido de un partido, sino porque siempre trae, además de lo que nombra, una valoración que viene de algún grupo social.

En esta teoría «ideología» no quiere decir «mentira» ni «opinión personal». Quiere decir el modo de valorar el mundo de un grupo, que se ve en sus acciones, en sus gestos y en sus palabras.

A esa valoración que una palabra lleva en un uso concreto, Voloshinov la llama acento (o acentuación valorativa). No es un sonido: es la carga de valor con que un grupo pronuncia la palabra.

Cómo reconocer el acento de una palabra
1. Mirá quién la dice y en qué situación.
2. Preguntá qué valoración arrastra ahí: orgullo, desconfianza, desprecio, aprecio.
3. Preguntá de qué grupo viene esa valoración: no es una opinión suelta, es una manera social de usar la palabra.

Una palabra, muchos acentos

Como los grupos sociales que se enfrentan comparten la misma lengua, en cada signo conviven tantos acentos como grupos con intereses distintos. Voloshinov dice que el signo es multiacentuado, y por eso llega a ser «la arena de la lucha de clases»: el lugar donde se disputa el sentido.

Un cordobés: «Los de Buenos Aires nos dicen el interior, como si el país fuera una casa con un solo living.»

«El interior» parece un término geográfico neutro. Pero sólo se puede decir desde un centro: el que lo usa se pone en el living y deja a todos los demás en los cuartos. Quien vive en Córdoba lo escucha con otro acento que quien lo dice en un canal porteño.

La disputa tiene un lado más: el grupo dominante intenta imponer su acento como si fuera el único, el natural, el que la palabra «tiene». Lo que se presenta como el significado normal de una palabra suele ser el acento que ganó.

Cómo reconocer un signo multiacentuado
1. Buscá dos usos de la misma palabra por grupos distintos.
2. Fijate si las valoraciones se oponen.
3. Preguntá si alguno de los dos presenta su acento como el sentido «natural» de la palabra.

La palabra no se rompe

Si cada grupo carga la palabra a su manera, ¿no terminamos con mil palabras distintas? No. Voloshinov insiste en que la palabra conserva una unidad: un núcleo común que todos reconocen. Sin eso, no se podría discutir.

Justamente la discusión lo prueba. Cuando dos personas pelean por una palabra —«eso no es libertad», «sí que lo es»— están usando la misma, en contextos opuestos. La palabra se revela como la integración de sus acentos: lo común hasta un cierto umbral, y de ahí en adelante, las diferencias.

Por eso, dice Voloshinov, todo enunciado concreto, de algún modo, está de acuerdo con algo o niega algo.

Cuando el insulto se vuelve bandera

Un caso que muestra la disputa muy claro es la reapropiación: un grupo toma la palabra con que lo insultaban y la usa para nombrarse con orgullo.

En el recreo, hace veinte años: «Andá, nerd». Hoy, en la remera de un club de robótica: «Orgullo nerd».

acento del que se burla acento del grupo que se nombra

El referente es el mismo; la lucha es por el acento. Y el que pierde la exclusividad del insulto lo nota enseguida.

Cómo se escribe la respuesta

Para analizar un signo desde el grupo Bajtín se hacen dos pasos: cómo lo vería Saussure (una unidad del sistema, con un valor estable) y cómo lo ve Bajtín (qué acentos tiene, de qué grupos, en qué contextos, y si alguno se presenta como natural).

Un club anuncia: «Somos una familia». Un jugador que se quiere ir: «Qué familia, si no me pagan hace tres meses».

«familia»: para Saussure, un signo con su valor en el sistema (frente a «club», «empresa», «grupo»). Para Bajtín, un signo multiacentuado: el club la usa para presentar el vínculo como afectivo y desinteresado; el jugador la devuelve con un acento irónico que la desarma, y deja ver la relación laboral que la palabra tapaba.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Analizá la palabra «barrio» en estos tres usos, primero como la vería Saussure y después como la vería el grupo Bajtín. A) Un aviso inmobiliario: «Lotes en barrio privado, con seguridad las 24 horas». B) La letra de una murga: «Yo soy del barrio y no me olvido de dónde vengo». C) Una noticia: «Operativo policial en un barrio de emergencia».

Primero, los tres usos con lo que carga a la palabra en cada uno:

A) «Lotes en barrio privado, con seguridad las 24 horas.»
B) «Yo soy del barrio y no me olvido de dónde vengo.»
C) «Operativo policial en un barrio de emergencia.»

acento de la exclusividad acento de la pertenencia acento de la carencia

Como lo vería Saussure: un solo signo, «barrio», con un significado («parte de una ciudad») cuyo valor se recorta frente a «ciudad», «manzana», «localidad». Las diferencias entre A, B y C son usos individuales, del habla, y no cambian el signo.
Como lo vería Bajtín: un signo multiacentuado. El núcleo común existe —en los tres hay gente que vive en una zona—, pero cada uso lo carga con la valoración de un grupo distinto.
A: «barrio privado» asocia la palabra a la seguridad y a quedar afuera de la ciudad. Es el acento de quien puede pagar para separarse.
B: «del barrio» es pertenencia y orgullo de origen, frente a los que se olvidan. Es un acento popular, de identidad.
C: «barrio de emergencia» liga la palabra a la pobreza y a la intervención del Estado, mirada desde afuera.

Lo que el análisis deja ver: «barrio» no es neutro en ninguno de los tres. El aviso y la noticia hablan del barrio desde afuera, uno para vender la distancia y el otro para marcar un problema; la murga habla desde el barrio. La misma palabra es un territorio que tres grupos nombran a su manera.

Y uno del nivel del parcial

Una publicidad de seguros muestra a una pareja con dos hijos y dice: «Protegé a tu familia normal». Días después, en las redes, alguien comparte la imagen con este comentario: «¿Normal para quién? Mi familia somos mi abuela, mi hermano y yo». Explicá, desde el grupo Bajtín, qué disputa se juega en la palabra «normal».

La pregunta de fondo es quién decide qué es lo normal. La publicidad no discute nada: usa «normal» como si la palabra tuviera un solo sentido obvio. El comentario rompe esa obviedad.

«Protegé a tu familia normal.» — «¿Normal para quién?»

el acento que se presenta como natural el acento que lo discute

El acento de la publicidad: «normal» = la familia de padre, madre e hijos. No se dice así; se muestra en la imagen y se da por sentado. Es el caso que describe Voloshinov: un acento que se impone como si fuera el sentido natural de la palabra, y que así deja fuera de lo «normal» a todas las demás formas de familia.
El acento del comentario: «normal» deja de ser una descripción y pasa a ser una norma que alguien fijó. La pregunta «¿para quién?» muestra que detrás de la palabra hay un grupo y un punto de vista.
Lo que comparten: los dos entienden «normal» como «lo habitual, lo esperable». Por eso el comentario puede contestarle a la publicidad: discuten el mismo signo, no hablan de cosas distintas.

El punto central: el signo es la arena de la disputa. La publicidad no necesita argumentar porque presenta su acento como dado; el comentario hace visible que había un acento, y con eso lo vuelve discutible. Es la diferencia entre una palabra que parece neutra y una palabra que se descubre ideológica.

Dónde se pierde el punto: decir que el comentario «tiene una opinión distinta». No es una opinión sobre los seguros: es una disputa por el sentido de una palabra, y lo que se discute es qué familias quedan adentro. También, decir que la publicidad es neutra porque no opina: presentar un acento como natural es la forma más eficaz de imponerlo.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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