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Semiología (43) · Unidad 9 — Narrar, explicar y argumentar

Argumentar: tesis, argumentos y contraargumentos

Argumentar es sostener una posición —la tesis— y dar razones para que otro la acepte; un buen texto argumentativo además se adelanta a las objeciones, las concede en parte y las rebate.

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La explicación

Antes de empezar

Una carta de lectores contra un aumento, un posteo que defiende una película, el discurso de un candidato, la nota de opinión de un diario: todos quieren que alguien piense o haga algo. Ése es el modo de organización argumentativo.

Para que haya argumentación tienen que darse tres cosas:

Un tema discutible: algo sobre lo que se puede pensar distinto. Nadie argumenta que el agua moja.
Alguien que toma posición y la sostiene con razones.
Alguien a quien convencer: el destinatario, que puede dudar o pensar lo contrario.

Y casi siempre hay una cuarta: otra voz, la de quien piensa distinto. Es la idea de Bajtín que viste en 6.2 y 7.1, el dialogismo: todo discurso responde a otros. En la argumentación eso se ve más que en ningún lado, porque se argumenta contra alguien, aunque no se lo nombre.

Cómo saber si un texto argumenta
1. ¿El tema se puede discutir?
2. ¿El texto valora («bueno», «injusto», «un error») o dice qué habría que hacer («hay que», «debería»)?
3. ¿Da razones para que el lector acepte esa posición?

La tesis: lo que se defiende

La tesis es la idea central que el texto quiere que aceptes. No hay que confundirla con el tema: el tema es de qué habla el texto; la tesis, qué sostiene sobre eso.

Los recreos de la escuela tendrían que durar media hora: diez minutos no alcanzan ni para hacer la fila del kiosco.

tesis argumento

El tema son los recreos; la tesis, que tendrían que durar media hora. La tesis puede ir al principio (y el resto la justifica), al final (como conclusión de lo que se fue diciendo) o en los dos lugares.

Cómo encontrar la tesis
1. Preguntá: ¿qué quiere este texto que yo piense o haga?
2. Buscá las marcas: «creo que», «hay que», «debería», «es necesario», «lo mejor sería», y las valoraciones.
3. Comprobá que el resto del texto la apoye: si sacás esa oración, ¿las demás se quedan sin para qué?

Los argumentos: las razones

Los argumentos son las razones que se dan para que la tesis se acepte. Pueden ser datos, ejemplos, causas, consecuencias, la palabra de una autoridad (en 9.4 vas a ver cómo se clasifican desde la retórica).

Los lingüistas franceses Jean-Claude Anscombre y Oswald Ducrot mostraron que la argumentación está metida en la lengua misma. Dos ideas suyas sirven mucho:

Los argumentos van orientados: cada uno empuja hacia una conclusión. Los que empujan hacia la misma son coorientados.
No todos pesan igual: se ordenan en una escala, del más débil al más fuerte. Palabras como «incluso» o «hasta» marcan el más fuerte de la serie.

El recital fue un éxito: se llenó el estadio, cantaron todas las canciones e incluso lloró el baterista.

marca del argumento más fuerte de la escala

Y lo que permite pasar del argumento a la conclusión es un principio general que se da por compartido, un topos (en plural, topoi): en el ejemplo, algo como «cuanto más emociona un recital, más éxito tuvo». Casi nunca se escribe; hay que reponerlo.

Cómo encontrar los argumentos
1. Ubicada la tesis, preguntá «¿por qué?» y buscá las respuestas en el texto.
2. Fijate en los conectores de causa: «porque», «ya que», «dado que», «puesto que».
3. Ordenalos: ¿cuál es el más fuerte? ¿Hay un «incluso» o un «hasta»?
4. Repone el topos: ¿qué idea general hace que esa razón sirva para esa conclusión?

La voz del otro: concesión y refutación

Un texto que sólo da razones a favor convence a los que ya estaban de acuerdo. Para convencer al que duda, hay que hacerse cargo de lo que piensa el otro. Así aparecen dos movimientos, casi siempre juntos:

Contraargumento u objeción: lo que diría alguien que piensa distinto. El texto lo trae él mismo.
Concesión: se le da la razón en parte. «Es cierto que…», «si bien…», «aunque…», «no niego que…».
Refutación: se muestra que eso no alcanza para cambiar la tesis. «Sin embargo», «pero», «no obstante», «aun así».

Es cierto que un recreo largo resta minutos de clase. Pero los chicos vuelven más atentos, y la hora rinde más.

concesión: la voz del otro, aceptada en parte giro hacia la refutación

Atención: lo que se concede no es la posición del autor. Lo dice para sacárselo de encima. Es otra voz, como la del enunciador de Ducrot que viste en 7.3.

Y una regla de Ducrot sobre «pero»: en «A pero B», lo que viene después del «pero» es el argumento que el que habla presenta como más fuerte. «Es caro, pero es bueno» empuja a comprar; «es bueno, pero es caro», a no comprar.

Cómo reconocer la concesión y la refutación
1. Buscá «es cierto que», «si bien», «aunque»: ahí habla, en parte, el otro.
2. Buscá el giro: «sin embargo», «pero», «no obstante».
3. Preguntá qué gana más peso: siempre lo que viene después del giro.

Preguntas que no esperan respuesta

A veces el que argumenta se hace una pregunta a sí mismo, como si la hiciera el lector, y la contesta él. O hace una pregunta cuya respuesta es tan obvia que no hace falta escribirla. Es la pregunta retórica, y es otra forma de meter la voz del destinatario en el texto.

¿Es caro arreglar las veredas? Más caro es pagar las fracturas de cadera de los jubilados que se caen.

la objeción, puesta como pregunta del lector

Cómo reconocer una pregunta retórica
1. ¿El texto espera de verdad una respuesta, o ya la tiene?
2. Si la contesta enseguida, la pregunta pone en escena la duda del lector para resolverla.
3. Si no la contesta, preguntá qué respuesta da por obvia: ésa es la que apoya la tesis.

Reconstruir un argumento

En los parciales se pide a veces «reconstruí el argumento». Es ponerlo en limpio, como en el dibujo de este tema: las razones arriba, la tesis abajo, y lo que no se dice, escrito.

«Hay que cerrar la calle los domingos: los chicos no tienen dónde andar en bici.»

el argumento que se dice

Premisa dicha: los chicos no tienen dónde andar en bici.
Premisa que no se dice (el topos): si los chicos no tienen lugar para jugar, hay que dárselo.
Tesis: hay que cerrar la calle los domingos.
Cómo reconstruirlo
1. Escribí la tesis en una oración.
2. Escribí cada argumento en una oración, sin conectores.
3. Preguntá qué idea general hace falta para que esos argumentos lleven a la tesis, y escribila: es la premisa implícita.
4. Si hay concesión, anotala aparte, con su refutación.

Los conectores, en un cuadro

Tesis u opinión: creo que, a mi juicio, considero que, hay que.
Causa (introduce un argumento): porque, ya que, dado que, puesto que.
Suma de argumentos: además, también, por otra parte, incluso.
Concesión: si bien, aunque, es cierto que, más allá de que.
Refutación u oposición: sin embargo, pero, no obstante, en cambio.
Conclusión: por lo tanto, por eso, en conclusión, en definitiva.

Cómo se escribe la respuesta

Para analizar un texto argumentativo: el tema, la tesis (con sus palabras o reformulada), los argumentos, la voz contraria si aparece (con su concesión y su refutación), la conclusión, y los conectores que marcan cada paso.

Por ejemplo: «Tema: la duración del recreo. Tesis: tendría que durar media hora. Argumento: diez minutos no alcanzan. Concesión: "es cierto que resta minutos de clase". Refutación, introducida por "pero": los chicos vuelven más atentos. El "pero" pone el peso del lado de la tesis».

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Analizá la estructura argumentativa de esta carta de lectores: «Señores del Concejo: la plaza Sarmiento necesita luces nuevas. Desde que se quemaron las de la esquina, nadie cruza de noche, y los chicos del secundario hacen dos cuadras de más para no pasar por ahí. Si bien entiendo que el presupuesto es chico, cambiar seis lámparas cuesta mucho menos que lo que pierde el barrio. Por lo tanto, les pido que la incluyan en el plan de este año».

Primero, la carta con cada movimiento marcado:

Señores del Concejo: la plaza Sarmiento necesita luces nuevas. Desde que se quemaron las de la esquina, nadie cruza de noche, y los chicos… hacen dos cuadras de más. Si bien entiendo que el presupuesto es chico, cambiar seis lámparas cuesta mucho menos que lo que pierde el barrio. Por lo tanto, les pido que la incluyan en el plan.

tesis argumentos concesión refutación conclusión

Tema: la iluminación de la plaza Sarmiento.
Tesis: «la plaza necesita luces nuevas». Va al principio, después del vocativo que nombra a los destinatarios.
Argumentos: dos consecuencias de la falta de luz, coorientadas hacia la tesis: nadie cruza de noche, y los chicos dan un rodeo. El segundo es el más fuerte porque pone en juego a menores.
Concesión: «Si bien entiendo que el presupuesto es chico». Es la objeción que podría hacer el Concejo; la carta se adelanta y la acepta en parte.
Refutación: «cambiar seis lámparas cuesta mucho menos que lo que pierde el barrio». La objeción del presupuesto queda chica frente a lo que se pierde.
Conclusión: «Por lo tanto, les pido…». Vuelve a la tesis, ahora como un pedido concreto.

Lo que hace bien la carta: no ignora al destinatario. Sabe que el Concejo va a decir «no hay plata» y responde antes de que lo diga. Por eso convence más que una lista de quejas.

Y uno del nivel del parcial

Leé el comienzo de esta nota de opinión y explicá con qué voces discute y cómo las trae: «Cada vez que se habla de dejar que los chicos de catorce vuelvan solos de la escuela, aparece el mismo argumento: "a los catorce no tienen madurez". Curioso: a los catorce cuidan a sus hermanos, hacen los mandados y se manejan solos en el barrio. ¿Madurez para qué, entonces? Nadie dice que todos los chicos de catorce estén listos para viajar solos. Pero tampoco lo están todos los de cuarenta, y a nadie se le ocurre ir a buscarlos».

La pregunta de fondo es contra quién se escribe. La nota no dice todavía su tesis con todas las letras, pero se la reconoce por lo que rechaza: hay que dejar que los chicos de catorce vuelvan solos.

…aparece el mismo argumento: «a los catorce no tienen madurez». Curioso: a los catorce cuidan a sus hermanos, hacen los mandados y se manejan solos en el barrio. ¿Madurez para qué, entonces? Nadie dice que todos… estén listos. Pero tampoco lo están todos los de cuarenta…

la voz contraria y su refutación ironía pregunta retórica concesión

La voz contraria, citada: «a los catorce no tienen madurez» va entre comillas y presentada como «el mismo argumento» de siempre. Es una cita que no respalda: se trae para desarmarla (lo viste en 7.3).
«Curioso»: una ironía breve que anuncia que lo que sigue va a dejar mal parada a esa voz.
Los argumentos: tres cosas que a los catorce ya se les confían, coorientadas: si se les confía eso, el argumento de la madurez se debilita.
«¿Madurez para qué, entonces?»: pregunta retórica. No espera respuesta; pone al lector a buscar una y no encontrarla.
Concesión y refutación: «Nadie dice que todos… estén listos» concede una segunda objeción (no todos lo están). El «pero» la refuta con una comparación: tampoco lo están todos los adultos, y no por eso se los va a buscar.

Cómo funciona el conjunto: la nota casi no habla «a favor» de algo; discute con dos voces que no nombra (los que hablan de madurez, los que dicen que no todos están listos) y les responde una por una. Es el dialogismo en estado puro: el texto se arma como respuesta a lo que otros ya dijeron.

Dónde se pierde el punto: tomar «a los catorce no tienen madurez» o «nadie dice que todos estén listos» como posiciones del autor. Las dos son voces ajenas: una citada para rechazarla, la otra concedida para rebatirla.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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