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Semiología (43) · Unidad 9 — Narrar, explicar y argumentar

La perspectiva retórica: ethos, pathos y logos

Desde Aristóteles, la retórica distingue tres maneras de convencer: por la imagen confiable que da el que habla (ethos), por las emociones que despierta en el que escucha (pathos) y por las razones del propio discurso (logos).

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La explicación

Antes de empezar

Dos personas pueden decir lo mismo y una convencer y la otra no. ¿Por qué? A esa pregunta se dedica la retórica: el estudio de cómo se persuade con el discurso. Los contenidos mínimos de la materia la llaman «perspectiva retórica» y piden conocer sus tipos de prueba.

El primero que la ordenó fue Aristóteles, el filósofo griego del siglo IV a. C., en su libro Retórica. Para él, convencer no era un truco sino un arte que se podía enseñar: encontrar, en cada caso, lo que puede persuadir.

Aristóteles separa dos clases de pruebas. Las que el orador encuentra hechas (testigos, documentos, contratos) y las que construye con su discurso. Estas últimas son tres, y son el centro del tema:

Ethos: convencer por la imagen del que habla. Se le cree porque parece confiable.
Pathos: convencer por las emociones del que escucha. Se lo mueve a sentir algo.
Logos: convencer por las razones del discurso. Se demuestra, o se parece demostrar.

Siglos después, el orador romano Cicerón resumió las tareas del que habla en tres verbos que se parecen mucho: docere (enseñar, probar), movere (conmover) y delectare (agradar, ganarse al auditorio).

Ethos: la confianza en el que habla

Muchas veces creemos algo no por las razones, sino por quién lo dice. Aristóteles dice que el orador convence cuando habla de manera que parece digno de crédito, y que eso tiene que salir del propio discurso: no basta con ser famoso; hay que mostrarse confiable al hablar.

Las tres cualidades del ethos según Aristóteles
Prudencia (phrónesis): parece saber de lo que habla.
Virtud (areté): parece honesto, alguien que no engaña.
Buena voluntad (eúnoia): parece querer el bien del que lo escucha.

Atiendo en esta farmacia hace veinte años, y nunca le vendí a nadie algo que no necesitara.

ethos: la imagen confiable del que habla

En la unidad 4 viste que el que habla deja marcas de sí en lo que dice. El ethos es eso mismo mirado desde la persuasión: la imagen de sí que el locutor construye para que le crean. Se arma con la primera persona, la experiencia que cuenta, el registro que elige, cómo trata al auditorio (un vocativo, un nosotros inclusivo) y hasta con lo que reconoce no saber.

La cita de autoridad (7.3) se apoya en lo mismo: el libro de la materia explica que actúa sobre la imagen de quien habla. Cuando el que habla se presenta como la autoridad (autoridad mostrada), está construyendo su ethos.

Cómo reconocer el ethos
1. Buscá lo que el que habla dice de sí mismo: experiencia, oficio, honestidad, cercanía.
2. Preguntá qué imagen arma: ¿alguien que sabe?, ¿alguien honesto?, ¿alguien que te quiere bien?
3. Preguntá para qué: si la frase sirve para que le creas a él, es ethos.

Pathos: lo que siente el que escucha

Otras veces se convence moviendo al auditorio: haciéndole sentir miedo, compasión, indignación, orgullo, esperanza. Aristóteles dice que juzgamos distinto cuando estamos tristes que cuando estamos contentos, y que el orador tiene que saber qué emoción despertar y cómo.

Imaginá a tu abuela esperando el colectivo bajo la lluvia, con las bolsas, porque sacaron el refugio de la parada.

pathos: una escena que busca conmover

Las marcas del pathos
1. Escenas concretas y vívidas, mejor si tienen una persona con nombre o un vínculo (tu abuela, tu hijo).
2. Segunda persona que pone al que escucha adentro de la escena («imaginá», «pensá en»).
3. Palabras afectivas y exclamaciones (la unidad 5 las llama subjetivemas afectivos).
4. Fuera de las palabras: música, imágenes, tono de voz.

Un cuidado: el pathos es la emoción que se busca en el que escucha, no la que siente el que habla. Alguien puede contar algo con mucha emoción propia y estar usando, sobre todo, su experiencia (ethos).

Cómo reconocer el pathos
1. Preguntá qué querría que sintieras el que habla.
2. Buscá la escena, el vínculo o la palabra que busca esa emoción.
3. Si la frase funciona aunque no dé ninguna razón nueva, porque te mueve, es pathos.

Logos: las razones

La tercera prueba está en el discurso mismo: datos, causas, consecuencias, comparaciones, ejemplos. Aristóteles distingue dos maneras básicas de razonar para convencer:

El ejemplo: se apoya en un caso parecido. «En otra ciudad se hizo y funcionó.»
El entimema: un razonamiento en el que una premisa se da por sabida y no se dice. «Va a llover: hay nubes negras» (la premisa callada es «cuando hay nubes negras, suele llover»).

En el análisis de un discurso, los argumentos del logos suelen nombrarse por cómo razonan:

Por el ejemplo: un caso concreto que muestra que la tesis vale.
Por las consecuencias: lo que va a pasar (bueno o malo) si se hace o no se hace algo.
De autoridad: lo que dice una persona o una institución que sabe del tema.

El de autoridad está en el borde: es una razón que el discurso da (por eso va con el logos), pero funciona por la confianza en quien la respalda, que es lo propio del ethos. Por eso, en un ejercicio, lo que se pregunta es qué tipo de argumento es, y no de cuál de las dos pruebas.

Si se pone un semáforo en la esquina, los autos van a bajar la velocidad; en la esquina de la escuela lo pusieron el año pasado y no hubo más choques.

logos: razones (una consecuencia y un ejemplo)

Que sea logos no quiere decir que la razón sea buena: quiere decir que el discurso convence mostrando por qué, y no por quién habla ni por lo que hace sentir.

Cómo reconocer el logos
1. Preguntá «¿por qué?» y buscá la respuesta que da el texto.
2. Fijate qué tipo de razón es: un caso, una consecuencia, un dato, una autoridad.
3. Repone la premisa que no se dice, si la hay: ahí está el entimema.

Las tres juntas

Ningún discurso usa una sola. Un buen discurso suele empezar construyendo el ethos (para que lo escuchen), da razones en el medio y cierra con pathos (para que el auditorio actúe). Por eso la pregunta de análisis es qué prueba predomina en cada tramo, no en el texto entero.

Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, dos filósofos que renovaron la retórica en Bélgica a mediados del siglo XX (su Tratado de la argumentación, de 1958, la llama «nueva retórica»), agregan algo clave: todo depende del auditorio. Lo que convence a un grupo de vecinos no es lo que convence a un tribunal, y una autoridad que un auditorio no reconoce no prueba nada.

Retórica sin palabras

Los contenidos mínimos piden ver la retórica también en los lenguajes no verbales. Las tres pruebas funcionan con imágenes, sonidos y cuerpos:

Ethos: un guardapolvo blanco en una publicidad de pasta dental, un traje, una voz calma, un escritorio con libros detrás.
Pathos: la música (en las películas de terror, un golpe de sonido en el momento justo; en una publicidad, un piano suave), un primer plano de una cara que llora, un cachorro.
Logos: un gráfico, una tabla, una comparación antes y después.
Cómo analizar una pieza no verbal
1. Separá lo que se ve, lo que se oye y lo que se dice.
2. Para cada elemento, preguntá: ¿me hace confiar en alguien, me hace sentir algo, o me muestra una razón?
3. Decí qué prueba predomina en cada elemento.

Cómo se escribe la respuesta

Para cada tramo: qué prueba predomina, qué marca la muestra (lo que dice de sí, la escena que conmueve, el tipo de razón) y qué busca en el auditorio. Al final, cómo se combinan.

Por ejemplo: «"Atiendo en esta farmacia hace veinte años": ethos. El locutor se presenta con su experiencia (prudencia) para que se le crea lo que va a recomendar».

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Indicá qué prueba predomina en cada tramo de este discurso de una vecina en una reunión del club: «(1) Muchos me conocen: hace quince años que entreno a las chicas de vóley y nunca falté a un sábado. (2) Hoy la cancha tiene goteras, y el mes pasado una de las nenas se resbaló y se quebró la muñeca. (3) Si arreglamos el techo ahora, cuesta lo que dos meses de cuota; si esperamos al invierno, vamos a tener que cambiar el piso entero. (4) No dejemos que ninguna otra chica se lastime en nuestra cancha».

Primero, cada tramo con su prueba:

(1) hace quince años que entreno a las chicas… (2) una de las nenas se resbaló y se quebró la muñeca. (3) si esperamos al invierno, vamos a tener que cambiar el piso. (4) No dejemos que ninguna otra chica se lastime…

ethos pathos logos

(1) Ethos. La vecina se presenta: quince años de entrenadora (sabe de lo que habla) y nunca faltó (es confiable, cumple). «Muchos me conocen» apela a la reputación que ya tiene con ese auditorio.
(2) Pathos. Hay un dato (las goteras), pero lo que pesa es la escena: «una de las nenas» que se quebró la muñeca. Busca preocupación y compasión, sobre todo en los padres.
(3) Logos, por las consecuencias. Compara dos caminos y sus costos: arreglar ahora es barato; esperar es caro. Convence mostrando por qué.
(4) Pathos. Exhortación en nosotros inclusivo («No dejemos») que vuelve a la imagen de las chicas lastimadas y apela al sentido de pertenencia («nuestra cancha»).

Cómo se combinan: el discurso sigue el orden clásico. Abre con ethos, para que la escuchen; se apoya en una escena que conmueve; da una razón económica para los que miran la plata; y cierra con pathos, para que el auditorio pase a la acción.

Un control: el tramo (2) tiene un dato (el accidente), pero no se pregunta qué contiene sino qué predomina. Si el discurso dijera «hubo tres accidentes en un año, un 50 % más que el anterior», el mismo hecho estaría usado como logos.

Y uno del nivel del parcial

Analizá las pruebas retóricas de este aviso de televisión, en lo que se ve, lo que se oye y lo que se dice: aparece una médica de guardapolvo, en un consultorio luminoso, que mira a cámara y dice con voz tranquila: «Como pediatra, sé que la fiebre asusta». Corte a un nene dormido en brazos de su mamá, mientras suena una canción de cuna. Vuelve la médica: «Por eso recomiendo un antifebril que actúa en quince minutos». Al final, un cartel: «Recomendado por 9 de cada 10 pediatras».

La pregunta de fondo es qué hace cada elemento para que el espectador compre. El aviso combina las tres pruebas y usa tanto la imagen y el sonido como las palabras.

Ethos, en lo que se ve y en lo que se dice. El guardapolvo, el consultorio, la mirada a cámara y la voz tranquila construyen a alguien que sabe y no se altera. «Como pediatra, sé…» lo dice con palabras: es autoridad mostrada.
Pathos, en lo que se ve y en lo que se oye. «La fiebre asusta» nombra un miedo que el espectador conoce; el nene dormido en brazos y la canción de cuna lo resuelven en calma. El aviso hace sentir primero el miedo y después el alivio, y pega el alivio al producto.
Logos, en lo que se dice. «Por eso recomiendo…» presenta la recomendación como una consecuencia, y «actúa en quince minutos» es un dato. El cartel final, «9 de cada 10 pediatras», es un argumento de autoridad con forma de estadística.

Cómo se combinan: la médica abre y cierra (ethos), la escena del medio conmueve (pathos), y el dato y la cifra dan razones (logos). La autoridad de la médica y la del cartel se refuerzan: una es mostrada (ella misma) y la otra citada (los otros pediatras).

Lo que el análisis permite ver: el aviso casi no explica cómo funciona el remedio. La mayor parte de su fuerza está en quién lo recomienda y en lo que hace sentir; el logos es breve. Para Perelman, eso tiene sentido: el auditorio de este aviso son padres preocupados, no farmacéuticos.

Dónde se pierde el punto: analizar sólo las palabras. La consigna pide lo que se ve y lo que se oye, y ahí están buena parte del ethos y casi todo el pathos.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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