Semiología (43) · Unidad 4 — La enunciación y la deixis
Mecanismos referenciales y deícticos de espacio
Una expresión puede identificar su referente sola (referencia absoluta), apoyándose en otra palabra del texto (cotextual: anáfora y catáfora) o en la situación de habla (deíctica), y los de espacio —acá, ahí, allá, este, ese, aquel— miden la distancia desde el que habla.
La explicación
Antes de empezar
En el tema 4.2 viste que una expresión puede llegar a lo que nombra de tres maneras: sola (referencia absoluta), apoyándose en otra palabra del texto (referencia cotextual) o en la situación en que se habla (referencia deíctica). Allá se usaron para las personas.
Este tema abre la del medio, que tiene más variantes de las que parece, y después pasa a los deícticos de espacio. Las categorías son de Catherine Kerbrat-Orecchioni, la lingüista francesa que retomó y ordenó la teoría de Benveniste.
Referencia y referente
Dos palabras que se usan todo el tiempo y conviene separar:
Referencia: la relación entre la expresión y esa cosa; el camino por el que la palabra llega a ella.
Los mecanismos referenciales son esos caminos. El que habla los usa al elegir sus palabras, y el que escucha, al interpretarlas.
«La ferretería Gómez cerró: el dueño se jubiló. Ahora hay una pizzería acá enfrente.»
se identifica sola necesita el texto necesita la situación
«La ferretería Gómez» se identifica sola. «El dueño» necesita la ferretería que ya está en el texto: es el dueño de ésa. «Acá enfrente» necesita saber dónde está el que habla.
La referencia cotextual y sus dos variantes
Al texto que rodea a una expresión se lo llama cotexto, para no confundirlo con el contexto, que es la situación. Una expresión tiene referencia cotextual cuando, para saber a qué se refiere, hay que mirar otra parte del texto. Hay dos maneras:
Representantes: palabras que retoman otra expresión del texto. Son, sobre todo, los pronombres. Cuando retoman algo que ya apareció forman una anáfora; cuando anticipan algo que viene después, una catáfora.
A la expresión retomada se la llama antecedente si está antes y consecuente si está después.
Anáfora y catáfora
La anáfora tiene tres formas, según con qué clase de palabra se retome:
Anáfora léxica: retoma con otro sustantivo, un sinónimo o una palabra más general (un hiperónimo). «Le regalaron un cachorro a Ema; el bicho no para de morder.»
Anáfora adverbial: retoma con un adverbio, casi siempre de lugar. «Fuimos a la quinta de mi tío y allí pasamos el feriado.»
La catáfora hace el camino inverso: primero el pronombre, después lo que significa.
«Te digo esto: mañana no hay clase.»
el representante lo que anticipa
¿Para qué sirven? Para no repetir. Sin representantes habría que decir «compré una bici usada y arreglé la bici usada yo». La anáfora léxica, además, puede agregar información o una valoración: llamar «el bicho» al cachorro ya dice algo de cómo lo ve el que habla.
1. Buscá qué otra expresión del texto necesita la palabra para completarse.
2. Si esa expresión está antes, es anáfora; si está después, catáfora.
3. Mirá con qué se la retoma: un pronombre (pronominal), un sustantivo (léxica) o un adverbio (adverbial).
4. Si la palabra no retoma a otra pero sólo se entiende en relación con ella («el dueño de…»), es un término relacional.
Los deícticos de espacio: el que habla es el centro
Los deícticos de espacio ubican las cosas desde donde está el que habla. El locutor es el punto cero, y desde ahí el espacio se divide en zonas, como círculos que se alejan:
Medianía: ese, esa, eso; ahí. Muchas veces, lo que está cerca del que escucha.
Lejanía: aquel, aquella, aquello; allá, allí. Lo que no está cerca de ninguno de los dos.
En la verdulería: «Dame de estas, no de esas; y aquellas de allá, ¿son de estación?»
cerca del que habla a media distancia lejos de los dos
Los límites de cada zona los pone el que habla: «acá» puede ser esta silla, este barrio o este país.
Hay dos grupos. Los demostrativos (este, ese, aquel) suelen ir acompañados de un gesto o de una mirada que señala. Los locativos o adverbios de lugar (acá, ahí, allá) ubican un lugar. Entre estos últimos, las formas en -á (acá, allá) tienden a indicar dirección o zonas amplias, y las en -í (aquí, allí), lugares más precisos, aunque en el uso se mezclan mucho y cada región tiene sus preferencias.
1. Ubicá dónde está el que habla.
2. Confirmá que la palabra señala algo de la situación (con un gesto, una mirada, el lugar mismo).
3. Decí la zona: cercanía (este, acá), medianía (ese, ahí) o lejanía (aquel, allá), y a qué lugar u objeto apunta.
¿Deíctico o representante?
Las mismas palabras —este, ese, ahí, allá— pueden funcionar de las dos maneras. En los parciales casi siempre aparece alguna así.
Mostrando el celular: «Mirá esto.»
«Llegamos a la plaza y ahí nos encontramos con Sol.»
deíctico: señala la situación representante: retoma el texto
En la primera, «esto» se completa con lo que hay en la pantalla. En la segunda, «ahí» se completa con «la plaza», que ya estaba en el texto: es una anáfora adverbial. En los textos escritos, donde no hay gesto que señale, el uso como representante es el más común.
1. Buscá en el texto una expresión que la palabra pueda estar retomando (antes) o anticipando (después).
2. Si la hay y la palabra se completa con ella, es representante: anáfora o catáfora.
3. Si no la hay y hace falta ver la situación, es deíctico.
Adverbios de posición, ir y venir
Palabras como cerca, lejos, delante, detrás, a la derecha, arriba pueden ser deícticas o no. Depende de desde dónde se mida:
No deíctico: relaciona dos cosas entre sí, sin el que habla. «El kiosco está al lado del banco»: vale igual lo diga quien lo diga, desde donde lo diga.
Con delante y detrás, derecha e izquierda, la perspectiva cambia todo: lo que para el que habla está «a la derecha», para el que lo tiene enfrente está a la izquierda.
Los verbos ir y venir también son deícticos: venir es moverse hacia donde está el que habla; ir, hacia cualquier otro lado.
Desde su casa: «¿Venís a comer?»
Desde el trabajo: «Esta noche voy a comer a lo de mi vieja.»
hacia donde está el que habla hacia otro lugar
1. Preguntá: si lo dijera otra persona, desde otro lugar, ¿cambiaría la referencia? Si cambia, es deíctico.
2. Con ir y venir: ubicá al que habla y fijate si el movimiento va hacia él (venir) o hacia otro lado (ir).
Distancias que no son de metros
A veces la distancia que marca un demostrativo no es física sino afectiva. Son usos corridos —enálages de espacio—, como los que viste para las personas en 4.2:
Lejanía afectiva: «ese» o «aquel» para tomar distancia o despreciar. «Esa gente no entiende nada.»
Demostrativo pospuesto: detrás del sustantivo, con artículo adelante; casi siempre despectivo. «No me hables del jefe ese.»
Neutro para una persona: «esto», «eso», dicho de alguien, lo trata como una cosa y por eso suena peyorativo.
Deixis por analogía: el lugar señalado evoca otro. Señalando la maqueta de la escuela: «Mi aula está acá»: el acá es un punto de la maqueta y, a través de él, el aula real.
1. Compará la zona que marca el demostrativo con la distancia real.
2. Si no coinciden (algo lejano con «este», algo cercano con «ese»), buscá una valoración: cariño o desprecio.
3. Si el demostrativo va después del sustantivo, o es un neutro dicho de una persona, casi siempre es despectivo.
Cómo se escribe la respuesta
El formato es el del 4.2, con lo propio de cada mecanismo:
Para un representante: «"la": representante, pronombre, anáfora pronominal; su antecedente es "una bici usada"».
Igual que con las personas, lo que más se olvida es el final: a qué lugar señala el deíctico, o cuál es el antecedente del representante.
En una mudanza, Caro le habla a Nico, que está parado junto a la puerta: «Esa caja dejala ahí, al lado tuyo. Esta, en cambio, va arriba, al cuarto de Pili, porque es de ella. Y aquellas del fondo, las del balcón, las bajamos mañana». Analizá los deícticos de espacio y los mecanismos referenciales.
Primero, ubicar a los participantes: Caro, la locutora, está en el medio del departamento; Nico, el alocutario, junto a la puerta.
«Esa caja dejala ahí, al lado tuyo. Esta, en cambio, va arriba, al cuarto de Pili, porque es de ella. Y aquellas del fondo, las bajamos mañana.»
cerca de Caro cerca de Nico lejos de los dos referencia cotextual
«ahí»: deíctico de espacio, locativo, medianía; el lugar junto a Nico, que el mismo enunciado aclara con «al lado tuyo».
«Esta»: deíctico de espacio, demostrativo, cercanía; la caja que Caro tiene a su lado.
«arriba»: deíctico: se mide desde donde están los dos (el piso de arriba del suyo).
«el cuarto de Pili»: referencia cotextual, término relacional: el cuarto queda identificado por su relación con Pili.
«ella»: representante, pronombre, anáfora pronominal; su antecedente es «Pili».
«aquellas»: deíctico de espacio, demostrativo, lejanía; las cajas del fondo, lejos de los dos.
Lo que el análisis deja ver: Caro reparte el espacio en tres zonas tomando como centro el lugar donde está ella, y usa a Nico como punto de referencia de la zona media. Por eso el mismo enunciado, dicho desde la puerta, tendría que cambiar sus demostrativos: lo que para Caro es «esa caja», para Nico es «esta».
Un vecino escribe en el grupo de WhatsApp del barrio: «Otra vez los chicos esos de la esquina con la música a todo volumen. Esta plaza era un lugar tranquilo. Aquellos sí que eran buenos tiempos». Explicá qué hacen los demostrativos más allá de señalar distancias.
La pregunta de fondo es cómo arma el vecino un «nosotros» y un «ellos» sin decir ni una cosa ni la otra. Lo hace con tres demostrativos que no miden metros.
«Otra vez los chicos esos de la esquina con la música a todo volumen. Esta plaza era un lugar tranquilo. Aquellos sí que eran buenos tiempos.»
distancia de desprecio cercanía de pertenencia lejanía de nostalgia
«Esta plaza»: el vecino escribe desde su casa, quizá a varias cuadras. «Esta» no marca cercanía física sino pertenencia: la plaza es nuestra. Es proximidad afectiva.
«Aquellos tiempos»: el mismo sistema de cercanía y lejanía aplicado al tiempo. «Aquellos» pone el pasado lejos y a la vez lo idealiza: es la distancia de la nostalgia.
Lo que el análisis deja ver: el mensaje dibuja un mapa. Cerca están el que habla, la plaza y, por extensión, los vecinos que leen; lejos, «esos» chicos, que quedan afuera aunque estén en la misma esquina. Y el tiempo bueno queda «allá», en un pasado al que no se puede volver. Sin decir «nosotros» ni «ellos», los demostrativos construyen la frontera.
Dónde se pierde el punto: clasificar los tres demostrativos por la distancia física. Con eso se acierta la forma (pospuesto, cercanía, lejanía) y se pierde lo que importa, que es la valoración que cada uno lleva.
Dónde se cae la mayoría
- Clasificar todo «ahí» o «ese» como deíctico. Si retoman algo que ya está en el texto, son representantes: anáforas.
- Decir «anáfora» sin decir de qué tipo ni cuál es el antecedente. Se pide si es pronominal, léxica o adverbial, y qué palabra retoma.
- Confundir anáfora con catáfora. La anáfora retoma algo anterior; la catáfora anticipa algo que viene después.
- Tratar como deíctico un «cerca» o un «al lado de» que relaciona dos cosas entre sí. Sólo es deíctico si se mide desde el que habla.
- Explicar un «este» o un «ese» sólo por la distancia física cuando hay una valoración: cariño (proximidad afectiva) o desprecio (lejanía afectiva).
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
Practicar Mecanismos referenciales y deícticos de espacio →Dónde entra este tema en el parcial
- Primer parcial — El mail a la profesora20 puntos · resuelto paso a paso
Los otros temas de la unidad 4
La enunciación y la deixis