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Semiología (43) · Unidad 4 — La enunciación y la deixis

Enunciación y enunciado

Para Benveniste la enunciación es poner la lengua a funcionar en un acto individual de uso, y el enunciado es su producto: en él quedan huellas —los deícticos, las modalidades— de quién habló, a quién, dónde y cuándo.

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La explicación

Antes de empezar

Esta unidad gira alrededor de una idea simple con consecuencias enormes: cada vez que alguien habla, deja marcas de sí mismo en lo que dice.

La desarrolló Émile Benveniste (1902-1976), un lingüista francés que estudió las lenguas antiguas y que, entre los años cincuenta y setenta, escribió una serie de artículos que fundaron la teoría de la enunciación. Este tema presenta esa teoría; los que siguen (4.2 a 4.5) estudian, una por una, las marcas que deja el que habla.

El problema: lo que el sistema no explica

Saussure (unidad 1) estudió la lengua como un sistema y dejó afuera el habla, que le parecía individual, variable y sin reglas. Para él, el significado de un signo es un concepto fijo: «mesa» quiere decir lo mismo la diga quien la diga.

Pero mirá este cartel, colgado en la puerta de un local:

«Vuelvo en diez minutos.»

depende de quién lo escribió depende de cuándo lo colgó

Todas las palabras se entienden y el cartel no dice lo que importa: quién vuelve, ni a qué hora. Para eso hay que saber quién lo escribió y cuándo. Ese dato no está en el sistema de la lengua: está en el acto de usarla. Benveniste propone estudiar justamente ese acto.

Enunciación y enunciado

Enunciación: el acto de poner la lengua a funcionar. Alguien, en un momento y en un lugar, la usa para decirle algo a otro. Es un acontecimiento: ocurre una vez.
Enunciado: el producto de ese acto. Lo que queda dicho o escrito: el cartel, el mensaje, la frase.

Una comparación que ayuda: la enunciación es el momento de sacar una foto; el enunciado, la foto. La foto queda y el momento no, pero en la foto se ve desde dónde se la sacó.

Con el enunciado pasa lo mismo. Detrás de cada uno hay, necesariamente, una enunciación que lo produjo, y el enunciado conserva sus huellas. En el cartel, «vuelvo» guarda la huella de quien lo escribió, y «en diez minutos», la del momento en que lo colgó.

Cómo distinguirlos
1. Si se habla de un acto —quién dijo, a quién, cuándo, dónde—, es la enunciación.
2. Si se habla de lo dicho —las palabras, la frase, el texto que quedó—, es el enunciado.
3. Una prueba: el enunciado se puede guardar, copiar o reenviar; la enunciación no se repite, porque cada vez que alguien vuelve a decir lo mismo ocurre una enunciación nueva.

Apropiarse de la lengua

Antes de que alguien hable, dice Benveniste, la lengua es sólo una posibilidad: un conjunto de formas que nadie está usando. En la enunciación, el que habla se apropia de la lengua: la toma para sí, se pone como yo y, en el mismo movimiento, pone delante de él a un tú.

Desde ese yo se ordena todo lo demás. El tiempo («ahora», «ayer») se cuenta desde el momento en que habla; el espacio («acá», «allá»), desde el lugar donde está. El que habla es el centro, el punto cero de todas las referencias: por eso se dice que la enunciación tiene un eje egocéntrico, el yo-aquí-ahora.

Para marcar todo eso, la lengua le da al que habla un juego de recursos que Benveniste llama aparato formal de la enunciación. Son de dos tipos:

Indicios específicos: los deícticos, palabras que señalan a los participantes, el tiempo y el lugar de la enunciación (yo, vos, ahora, acá). Los ves en detalle en 4.2, 4.3 y 4.4.
Procedimientos accesorios: sobre todo las modalidades, que muestran la actitud del que habla frente a lo que dice: si lo da por seguro, si lo desea, si lo pregunta («seguramente», «ojalá», «¿será?»). Los ves en la unidad 5.

«Por suerte hoy llegué temprano acá.»

persona tiempo espacio modalidad

Las tres primeras marcas son indicios específicos; «por suerte» es un procedimiento accesorio: no señala a nadie, pero muestra cómo vive el que habla lo que cuenta.

Cómo reconocer las piezas del aparato formal
1. Buscá las palabras que sólo se entienden sabiendo quién habla, cuándo y dónde: son deícticos, indicios específicos.
2. Buscá las que muestran qué piensa o siente el que habla sobre lo que dice (seguridad, duda, deseo): son modalidades, procedimientos accesorios.
3. Lo que queda —la mayoría de los sustantivos, verbos y adjetivos— describe el mundo, no la enunciación.

Dos modos de significar: semiótico y semántico

Benveniste dice que la lengua significa de dos maneras distintas, a las que llama significancia semiótica y significancia semántica. Los nombres asustan; la idea no.

Modo semiótico: el de los signos como unidades del sistema, a la manera de Saussure. Cada signo tiene un significado estable que se entiende sin saber nada de la situación: «heladera», «correr», «verde». En este modo, lo único que importa es reconocer el signo: ¿existe en la lengua o no?
Modo semántico: el del sentido que se arma cuando alguien usa la lengua en una situación. Ya no se trata de reconocer signos sino de comprender un mensaje dicho por alguien, a alguien, en un momento.

La lengua, según Benveniste, es el único sistema de signos que tiene los dos modos a la vez. Las señales de tránsito, por ejemplo, sólo tienen el primero: cada señal significa siempre lo mismo.

De esta distinción salen dos clases de palabras con funcionamientos opuestos:

Signos semióticos o términos nominales: tienen un significado conceptual y fijo, dado por la lengua. Nombran clases de cosas: «una silla» es cualquier objeto que cumpla con ser una silla.
Signos semánticos o formas deícticas: su significado es su referencia a la situación de enunciación, y por eso cambia cada vez. «Acá» no nombra ningún lugar en particular: señala el lugar donde está el que habla.

«Vos ahora traé la harina.»

signo semántico: depende de la situación signo semiótico: significado fijo

Hay una prueba muy simple: la del diccionario. «Harina» se define sin mencionar a nadie que hable: «polvo que se obtiene al moler granos». «Ahora», en cambio, sólo se puede definir mencionando el acto de hablar: «en el momento en que se habla».

Un cuidado: en el lenguaje de todos los días, «semántico» quiere decir «que tiene que ver con el significado». En Benveniste es otra cosa: el modo de significar que depende de la enunciación.

Cómo decidir si un signo es semiótico o semántico
1. Imaginá la palabra suelta en un papel, sin saber quién la escribió.
2. Si igual sabés qué designa (una clase de cosas, de acciones, de cualidades), es un término nominal: signo semiótico.
3. Si no sabés a qué refiere hasta conocer quién habla, cuándo o dónde, es una forma deíctica: signo semántico.
4. Confirmalo con el diccionario: ¿la definición tiene que mencionar el acto de hablar?

Cómo funcionan las formas deícticas

Benveniste describe varias propiedades de los deícticos. Éstas cuatro son las que más se preguntan:

Son formas vacías. Fuera de una enunciación no refieren a nada: «yo», escrito en un papel suelto, no es nadie. Se llenan cada vez que alguien las usa.
Se renuevan con cada enunciación. Cada «yo» nace con el acto en que se dice y termina con él. Benveniste usa una palabra rara para eso: son semelnativos (del latín semel, «una vez»).
Son inversibles. El que era «vos» pasa a ser «yo» en cuanto toma la palabra, y el que era «yo» pasa a ser «vos». Con «él» eso no ocurre.
Siguen una regla fija. La referencia cambia, pero el mecanismo no: todos los hablantes usan «yo» para sí mismos, siempre. Si cada uno tuviera su propia palabra para nombrarse, dice Benveniste, habría tantas lenguas como personas.

—¿Vos ya cenaste? —le pregunta Ema a Lucas.
—Sí, yo cené temprano.

Lucas como alocutario Lucas como locutor

La misma persona es «vos» en un renglón y «yo» en el siguiente. Cambió quién habla, y con eso se dio vuelta todo.

Cómo reconocer cada propiedad en un caso
1. Si el caso muestra un deíctico sin situación (un papel suelto, una frase sin autor), es la de forma vacía.
2. Si muestra la misma palabra dicha por dos personas, cada una con su referente, es la renovación con cada enunciación.
3. Si muestra a alguien que pasa de «vos» a «yo» en un diálogo, es la inversibilidad.
4. Si muestra que todos usan la palabra de la misma manera, es la regla fija: una relación constante y necesaria.

La enunciación no es el habla de Saussure

Si la enunciación es un acto individual, ¿no es lo mismo que el habla de Saussure? No, y es una de las preguntas que más se toman.

Para Saussure, el habla es individual porque es un acto de voluntad e inteligencia de cada hablante, sin convención social que lo regule. Por eso la dejó fuera de la ciencia.
Para Benveniste, la enunciación es individual en un sentido mucho más chico: la hace un sujeto en particular. Pero la hace siguiendo reglas constantes que comparten todos: cómo se asigna la referencia de «yo», de «ahora», de «acá».

Como hay reglas, la enunciación se puede estudiar de manera sistemática. Benveniste propone una lingüística del discurso, y así supera el corte —el «hiato»— que Saussure había abierto entre la lengua y el habla.

El discurso, para Benveniste, es el lugar de las relaciones entre sujetos: el paso de la lengua como sistema de signos a la lengua como sistema de comunicación.

Cómo contestar la comparación
1. Decí qué significa «individual» para cada uno.
2. Decí si hay reglas o no: para Saussure no; para Benveniste, sí.
3. Sacá la consecuencia: lo que para uno no se puede estudiar, para el otro es un objeto sistemático.

Toda enunciación es dialógica

En cuanto alguien se pone como yo, pone a un tú delante. Por eso Benveniste dice que toda enunciación es dialógica: tiene un origen, el locutor, y un destino, el alocutario. Los dos forman parte de un acto intersubjetivo, entre sujetos.

¿Y si no hay nadie escuchando? Igual. Dialógico no quiere decir que haya dos personas presentes: quiere decir que la enunciación está siempre destinada a otro.

Juli se da cuenta de que dejó las llaves adentro y se reta en voz alta: «Me olvidé otra vez… sos una colgada».

Juli que habla Juli a la que se le habla

En el monólogo, el que habla ocupa los dos lugares a la vez: es locutor y alocutario. La estructura del diálogo sigue ahí, aunque haya una sola persona.

Cómo explicar que algo es dialógico
1. Encontrá al locutor: quien produce el enunciado.
2. Encontrá al alocutario: a quien está destinado, aunque no esté presente, no conteste o sea el mismo locutor.
3. Si los dos lugares están ocupados, aunque sea por la misma persona, la enunciación es dialógica.

Cómo se escribe la respuesta

En esta unidad, el análisis de un enunciado empieza siempre por reconstruir su enunciación: quién habla, a quién, cuándo y dónde. Recién después se buscan las marcas que lo muestran.

«El enunciado conserva la huella de su enunciación: la primera persona de "vuelvo" remite a quien escribió el cartel, y "en diez minutos" se cuenta desde el momento en que lo colgó.»

Lo que más se olvida es justamente esa reconstrucción. Sin ella, decir «hay deícticos» no explica nada.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Paula le manda este mensaje a su compañera de departamento desde el trabajo, un martes al mediodía: «Me olvidé la ropa colgada en el balcón. Si llegás antes que yo, ¿la entrás? Seguro que a la tarde llueve». Reconstruí la enunciación y marcá sus huellas en el enunciado.

Primero, la enunciación: quién habla, a quién, cuándo y dónde.

Locutora: Paula. Alocutaria: su compañera de departamento. Tiempo: un martes al mediodía. Lugar: el trabajo de Paula.

Después, el enunciado con sus huellas a la vista:

«Me olvidé la ropa colgada en el balcón. Si llegás antes que yo, ¿la entrás? Seguro que a la tarde llueve.»

locutora alocutaria tiempo modalidad términos nominales

«Me olvidé», «yo»: indicios específicos de persona, primera singular: Paula. Signos semánticos.
«llegás», «entrás»: indicios específicos de persona, segunda singular, en la flexión del verbo: la compañera. Signos semánticos.
«a la tarde»: indicio específico de tiempo: la tarde de ese martes. Sólo se sabe qué tarde es sabiendo cuándo se mandó el mensaje.
«Seguro»: procedimiento accesorio, una modalidad de certeza: Paula muestra cuánto confía en lo que dice. La pregunta «¿la entrás?» también es una modalidad (interrogativa): la forma del pedido.
«ropa», «balcón»: términos nominales, signos semióticos. Significan lo mismo en cualquier enunciación.

Lo que el análisis deja ver: el enunciado lleva adentro el «quién» y el «cuándo» de su enunciación, pero no los reemplaza. Si la compañera leyera el mensaje una semana después, «a la tarde» ya no señalaría ninguna tarde útil. Y aunque Paula no ve a su compañera, el mensaje está armado para ella: es dialógico de punta a punta.

Y uno del nivel del parcial

En una playa de Necochea aparece una botella con un papel adentro: «Estoy bien. Vengan a buscarme acá antes del viernes». Explicá, con Benveniste, por qué ese enunciado no se puede entender del todo y qué muestra eso sobre la diferencia entre la lengua como sistema y el discurso.

La pregunta de fondo es qué le falta a ese papel para significar del todo. La respuesta: su enunciación. Todas sus palabras existen en la lengua; lo que no hay es la situación que las llenaba.

«Estoy bien. Vengan a buscarme acá antes del viernes.»

locutor desconocido alocutarios postulados tiempo y lugar perdidos

Formas vacías. «Estoy», «acá», «antes del viernes» son formas deícticas: su significado es su referencia a la situación. Separadas de ella, quedan vacías. Se sabe que alguien estaba en algún lugar, en algún momento; no quién, ni dónde, ni qué viernes.
Lo que sí se entiende. «Bien», «buscar» se entienden en el modo semiótico: son términos nominales, con significado fijo. Por eso el papel no es un sinsentido: se comprende la forma del mensaje, no su referencia.
Dialógico aunque no haya nadie. «Vengan» postula alocutarios, aunque el que escribió no supiera quiénes serían. La enunciación estaba destinada a otros desde el principio.
Huellas, no reemplazos. El enunciado conserva las marcas de su enunciación, pero las marcas no traen consigo la situación. Una botella es el caso extremo: el enunciado viajó y la enunciación quedó atrás.

Lo que el caso deja ver sobre lengua y discurso: como sistema, la lengua le da al papel todas sus formas, y ninguna está mal. Como discurso, ese papel fue un acto de alguien, para alguien, en un aquí y un ahora, y eso es lo que no se puede recuperar. Es la diferencia que Benveniste marca entre el modo semiótico, que reconoce signos, y el semántico, que necesita la enunciación para comprender.

Dónde se pierde el punto: decir que el mensaje «es ambiguo». No es ambiguo: es deíctico. La ambigüedad tiene dos lecturas posibles; acá la referencia no está, porque la situación que la daba se perdió.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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