Semiología (43) · Unidad 4 — La enunciación y la deixis
Planos de la enunciación: discurso e historia
Un texto puede comentar el mundo desde el aquí y ahora del que habla —plano del discurso: presente, pretérito perfecto compuesto, futuro, yo y vos— o contar hechos como si se narraran solos —plano de la historia: pretérito perfecto simple, imperfecto, tercera persona.
La explicación
Antes de empezar
En 4.1 viste que el que habla deja marcas de su enunciación, y en 4.2, 4.3 y 4.4, cuáles son. Este tema da vuelta la pregunta: ¿qué pasa si el que habla decide no dejarlas?
Benveniste observó que se puede hablar de dos maneras: mostrándose o escondiéndose. A cada manera la llama plano de la enunciación. Junto a él aparecen dos autores más: Harald Weinrich (1927-2022), un lingüista alemán que estudió para qué sirven los tiempos verbales en un texto, y Gérard Genette (1930-2018), un teórico francés de la narración.
El problema: dos maneras de contar lo mismo
Lo mismo, dicho dos veces:
A) «Les juro que nunca me ha pasado algo así: hoy el subte quedó parado veinte minutos.»
B) «El subte se detuvo entre dos estaciones. Las luces se apagaron. Nadie hablaba.»
el que habla se muestra los hechos se cuentan solos el fondo de la escena
En A hay alguien que habla, a otros, ahora, y opina («nunca me ha pasado»). En B no hay nadie: los hechos parecen narrarse solos. Son los dos planos.
El plano del discurso
En el plano del discurso lo que se dice aparece atado al momento en que se habla. El que habla se deja ver: se puede saber quién es la fuente de lo dicho y, por eso, atribuirle una responsabilidad.
Tiempos: se pueden usar todos, pero los que lo revelan son el presente de la enunciación, el pretérito perfecto compuesto («he visto») y el futuro.
Deícticos de tiempo y de espacio: hoy, ahora, acá.
Tiempo axial (el que organiza a los demás): el presente.
Weinrich llama a este plano mundo comentado. El que habla está comprometido con lo que dice, y su actitud —y la del que escucha— es tensa: lo dicho le concierne al otro y pide una respuesta. Es el plano de la charla, la clase, la carta, la nota de opinión.
1. Buscá primera y segunda persona: pronombres, posesivos, verbos.
2. Buscá presente, perfecto compuesto o futuro que se midan desde el ahora del que habla.
3. Buscá deícticos de tiempo y de lugar.
4. Si hay opinión o se le habla a alguien buscando una respuesta, también es discurso.
El plano de la historia
En el plano de la historia (o del relato) los hechos aparecen cerrados, sin conexión con el momento en que se cuentan. El que habla no deja marcas: los hechos parecen contarse solos, y el texto produce un efecto de objetividad.
Tiempos: el pretérito perfecto simple («se detuvo»), que es el tiempo base; el imperfecto («hablaba»); el pluscuamperfecto («había llegado») para lo anterior y el condicional («llegaría») para lo posterior.
Quedan afuera el presente de la enunciación, el perfecto compuesto y el futuro: los tres remiten al ahora del que habla.
Tiempo axial: el pretérito perfecto simple.
Que el locutor no se vea no quiere decir que no esté. Siempre hay alguien que elige qué contar, en qué orden y con qué palabras: en la historia está borrado, no ausente.
Weinrich llama a este plano mundo narrado. La actitud es relajada: el que escucha queda en el lugar de espectador, sin tener que responder. Es el plano del cuento, la novela, la crónica, la biografía, el libro de historia. Las fórmulas de los cuentos para chicos («había una vez…») son la puerta de entrada a ese mundo.
1. Fijate que no haya ni primera ni segunda persona.
2. Fijate que los verbos estén en perfecto simple e imperfecto (y, si aparecen, pluscuamperfecto o condicional).
3. Si no hay ningún deíctico y los hechos se presentan como cerrados, estás en la historia.
Tres pasados que no son iguales
El perfecto simple, el compuesto y el imperfecto hablan los tres del pasado. Lo que cambia es cómo se lo mira:
Pretérito perfecto compuesto («ha llegado»): un hecho terminado que todavía pesa en el presente del que habla. Es del discurso. En el castellano rioplatense casi siempre se reemplaza por el simple, salvo con palabras de continuidad: «siempre ha sido así», «nunca he visto algo igual».
Pretérito imperfecto («llegaba»): un hecho que no se muestra terminado sino en su desarrollo, mirado desde adentro. Sirve para describir (cómo era una persona, un lugar) y para lo habitual («todos los veranos íbamos a Necochea»).
1. ¿El hecho está cerrado y no tiene que ver con el presente? Perfecto simple.
2. ¿Está cerrado pero el que habla lo conecta con su ahora («todavía», «siempre», «hoy»)? Perfecto compuesto.
3. ¿Está en desarrollo, es una descripción o algo que se repetía? Imperfecto.
Primer plano y fondo: la puesta en relieve
El lenguaje va de a una palabra por vez: no puede mostrar dos cosas a la vez como una foto. Para dar profundidad a una escena, la historia alterna dos tiempos:
Fondo: lo que acompaña, describe o sirve de escenario, en imperfecto.
«Llovía sin parar. El colectivo frenó de golpe y un chico se bajó corriendo.»
fondo (imperfecto) primer plano (perfecto simple)
A esa alternancia se la llama puesta en relieve: produce un efecto casi de cine, con una acción recortada sobre un decorado.
Según Genette, si un relato acumula hechos de primer plano, el tiempo parece correr: es un relato vertiginoso. Si se detiene en el fondo —descripciones, pensamientos, detalles—, parece que la acción no avanza: es un relato moroso.
1. Marcá los verbos en perfecto simple: son el primer plano.
2. Marcá los imperfectos: son el fondo.
3. Si dominan los primeros, el relato es vertiginoso; si dominan los segundos, moroso.
Saltos en el tiempo: las anacronías
Un relato no siempre cuenta los hechos en el orden en que pasaron. Cuando se aparta de ese orden hay una anacronía, y Genette distingue dos:
Prolepsis: un salto adelante. Se anticipa algo posterior, en condicional o con «iba a» + infinitivo: «Tiempo después, la casa se vendería por monedas».
En el plano de la historia, entonces, el sistema queda así: lo anterior en pluscuamperfecto, lo simultáneo en imperfecto (y el eje en perfecto simple) y lo posterior en condicional.
1. Ubicá el tiempo base del relato (los perfectos simples).
2. Si un verbo en pluscuamperfecto cuenta algo anterior, es analepsis.
3. Si un condicional o un «iba a» cuenta algo posterior, es prolepsis.
El presente que cuenta el pasado
Sobre todo en los libros de historia, el relato se cuenta a veces en presente histórico: un presente con valor de pasado. «En 1816 el Congreso declara la independencia.» Suele combinarse con un futuro histórico, que anticipa algo posterior a los hechos pero igual pasado: «Años después, se trasladará a Buenos Aires».
Ninguno de los dos es deíctico: no se miden desde el ahora del que habla. Y como el presente histórico no alterna con el imperfecto, no hay relieve: todo parece igual de importante. A ese efecto se lo llama chatura, y refuerza la impresión de objetividad.
Cómo se escribe la respuesta
Se nombra el plano y se justifica con todas las marcas: personas, tiempos verbales y deícticos.
«El fragmento pertenece al plano del discurso: hay primera persona (creo), segunda (ustedes), presente de la enunciación (es) y un deíctico de tiempo (hoy); el tiempo axial es el presente.»
Lo que más se olvida es justificar con los tiempos verbales: la persona sola no alcanza, porque hay textos en tercera que igual son discurso.
Decí en qué plano de la enunciación está cada parte de este texto, publicado en el sitio de una biblioteca popular, y justificá con las marcas: «La biblioteca se fundó en 1927. Funcionaba en el garaje de un zapatero y tenía cuarenta libros. Hoy tenemos más de doce mil, y los invitamos a conocerlos».
Primero, el texto con sus marcas:
«La biblioteca se fundó en 1927. Funcionaba en el garaje de un zapatero y tenía cuarenta libros. Hoy tenemos más de doce mil, y los invitamos a conocerlos.»
historia: primer plano historia: fondo discurso
La última oración: plano del discurso. «Hoy» es un deíctico de tiempo. «Tenemos» e «invitamos» están en primera persona plural y en presente de la enunciación: la biblioteca habla por sí misma (un nosotros institucional, como en 4.2). «Los» designa a los lectores del sitio: segunda persona, con el pronombre de «ustedes». El tiempo axial es el presente.
Lo que el análisis deja ver: el texto pasa del pasado narrado al presente comentado. La historia le da a la biblioteca una tradición que parece objetiva; el discurso la vuelve una invitación dirigida a quien lee. La fundación se cuenta sola; la invitación la hace alguien, que se hace cargo.
Así empieza un libro de divulgación sobre la historia del fútbol argentino: «Antes de empezar, les debo una confesión: soy hincha, y no voy a fingir que miro esta historia desde ninguna parte. Lo que sí les prometo es contarla con los datos sobre la mesa». ¿Qué imagen de sí construye el locutor al empezar en el plano del discurso, y qué cambiaría si el libro arrancara directamente en el plano de la historia?
La pregunta de fondo es qué gana el autor mostrándose justo antes de contar. Para responderla hay que ver qué haría el otro plano.
«Antes de empezar, les debo una confesión: soy hincha, y no voy a fingir que miro esta historia desde ninguna parte. Lo que sí les prometo es contarla con los datos sobre la mesa.»
el locutor los lectores deíctico
La imagen del locutor. Un autor que declara su lugar antes de que se lo pregunten. «Soy hincha» lo vuelve parte del objeto que va a contar; «no voy a fingir» y «les prometo» lo comprometen con los lectores. Construye una imagen de honestidad: no pretende una objetividad que no tiene, pero se obliga a un método («los datos sobre la mesa»).
Si arrancara en la historia. Con «El primer partido oficial se jugó…», el locutor se borraría y los hechos parecerían contarse solos. Ganaría un efecto de objetividad, pero ocultaría desde dónde mira. Para un lector crítico, eso obliga a reponer quién habla y qué posición tiene, porque el texto no lo dice.
Lo que el análisis deja ver: elegir un plano es elegir una relación con el lector. El discurso hace visible la responsabilidad del que habla; la historia la esconde detrás de los hechos. En el ámbito académico, donde se espera que cada uno explicite desde dónde habla, empezar así no es una debilidad: es una manera de entrar en el debate con las cartas a la vista.
Dónde se pierde el punto: decir que el autor «es subjetivo» como si fuera un defecto. Todo relato tiene un locutor que elige; lo que cambia de un plano al otro es si se lo ve o no.
Dónde se cae la mayoría
- Decidir el plano sólo por la persona. Un texto en tercera persona puede ser discurso si tiene presente de la enunciación, deícticos u opinión: hay que mirar también los tiempos.
- Confundir el pretérito perfecto simple con el compuesto. «Llegó» es un hecho cerrado (historia); «ha llegado» es un pasado que sigue pesando en el ahora (discurso).
- Pensar que en el plano de la historia no hay locutor. Está borrado, no ausente: alguien elige qué contar y cómo.
- Invertir primer plano y fondo. Los hechos que hacen avanzar la historia van en perfecto simple; el imperfecto es el fondo.
- Tratar el presente histórico como presente de la enunciación. Cuenta el pasado y no es deíctico.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
Practicar Planos de la enunciación: discurso e historia →Dónde entra este tema en el parcial
- Primer parcial — La panadería del abuelo10 puntos · resuelto paso a paso
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La enunciación y la deixis