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Semiología (43) · Unidad 5 — La subjetividad: subjetivemas y modalidades

Subjetivemas: los sustantivos axiológicos y la connotación

Al elegir una palabra el que habla puede dejar ver una valoración: «patota» por «grupo» o «régimen» por «gobierno» no describen más, evalúan, y esa evaluación puede estar en el significado o en un sufijo.

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La explicación

Antes de empezar

En la unidad 4 viste que el que habla deja marcas de sí mismo en lo que dice: los deícticos muestran quién habla, a quién, cuándo y dónde. Esta unidad busca otra marca, más escondida: cómo valora lo que nombra.

La que ordenó estas marcas fue Catherine Kerbrat-Orecchioni, una lingüista francesa que en su libro La enunciación (1980) retomó a Benveniste y se preguntó cómo se cuela la opinión del que habla en las palabras mismas. A esas palabras las llamó subjetivemas.

El problema: dos maneras de nombrar lo mismo

Dos vecinos cuentan lo mismo en el grupo del edificio:

«Anoche se juntó un grupo de chicos en la esquina.»
«Anoche se juntó una patota en la esquina.»

nombra sin juzgar nombra y juzga

Los dos hablan de los mismos chicos en la misma esquina. Pero «patota» no agrega ningún dato: agrega un juicio del que habla (que son peligrosos, que molestan).

Si otro vecino contesta «no eran una patota, eran los pibes del club», la discusión no es sobre quiénes estaban. Es sobre cómo nombrarlos.

Cada vez que habla, el locutor elige entre un modo más objetivo, en el que su opinión no se ve, y uno más subjetivo, en el que aparece como la fuente de una evaluación o de un afecto. Esa elección se nota, sobre todo, en las palabras.

Cómo darte cuenta de que una palabra fue una elección subjetiva
1. Buscá otra palabra que nombre lo mismo.
2. Cambiala en la frase.
3. Si se pierde un dato, eran cosas distintas. Si se pierde sólo un juicio o un sentimiento del que habla, la palabra elegida era subjetiva.

Lo que la palabra nombra y lo que agrega

Para explicar la diferencia, Kerbrat-Orecchioni separa el significado de una palabra en dos partes:

Lo denotado (la denotación): la información que sirve para saber a qué cosa del mundo se refiere la palabra. Es explícita, clara y la comparten todos los que hablan la lengua.
Lo connotado (la connotación): todo lo que la palabra agrega sobre el que habla o sobre la situación. Es implícito, difuso y puede variar de una persona a otra.

Hay connotaciones de varias clases. Para este tema importan dos:

Connotación estilística: la palabra dice algo del registro —más formal o más coloquial, más antigua o más nueva—, pero no del juicio del que habla. «Comida» y «alimento» nombran lo mismo; se diferencian en el registro.
Connotación enunciativa: la palabra deja ver la posición del que habla: un afecto o una evaluación. «Manjar» y «bazofia» también nombran comida, pero una la elogia y la otra la desprecia.

comida · alimento · manjar · bazofia

sin juicio (a lo sumo, otro registro) connotación enunciativa positiva connotación enunciativa negativa

Cómo separar lo denotado de lo connotado
1. Preguntá qué cosa del mundo nombra la palabra: eso es lo denotado.
2. Preguntá qué dice además sobre el que habla.
3. Si lo que agrega es sólo el registro, la connotación es estilística. Si agrega un juicio o un sentimiento, es enunciativa.

Qué es un subjetivema

Un subjetivema es una palabra cuya connotación es enunciativa: su significado incluye un afecto o una evaluación del que la usa.

Dicho más simple: para explicar qué quiere decir, hay que nombrar al que habla. «Bazofia» no es «comida»: es «comida que al que habla le parece horrible».

Pueden ser subjetivemas los sustantivos, los adjetivos, los verbos y los adverbios. Este tema empieza por los sustantivos; los adjetivos vienen en 5.2 y los verbos en 5.3.

No es cuestión de sí o no: hay palabras más cargadas y menos cargadas. Kerbrat-Orecchioni lo piensa como una escala que va de lo más objetivo a lo más subjetivo, por ejemplo: «rosarino» → «verde» → «liviano» → «egoísta». Que alguien sea rosarino se comprueba con el DNI; que sea egoísta, no.

Tres pruebas para detectar un subjetivema
1. ¿Se puede comprobar? «Es plomero» se comprueba; «es un fenómeno», no.
2. ¿Dos personas podrían discutirlo mirando el mismo caso? Si sí, hay una evaluación en juego.
3. ¿Desentona en un texto que se quiere objetivo —un acta, un currículum, un informe forense, un diccionario—? Una definición de diccionario que dijera «perro: animal adorable» ya no sería una definición.

Un caso que confunde: elegir «empleado» y no «trabajador» también es una decisión del que habla. Pero si la valoración no está en el significado de la palabra elegida, no es un subjetivema: lo subjetivo es la elección, no la palabra.

Los sustantivos axiológicos

«Axiológico» viene del griego axios, «valor»: es lo que tiene que ver con lo bueno y lo malo. Un sustantivo axiológico nombra a alguien o algo y, en el mismo movimiento, lo juzga.

«Mi cuñado es kinesiólogo.»
«Mi cuñado es un crack.»
«Mi cuñado es un chanta.»

propiedad comprobable axiológico positivo axiológico negativo

En «un crack» y «un chanta» viajan juntas dos informaciones que no se pueden separar: una descripción de la persona y un juicio del locutor, de aprecio o de desprecio.

El valor puede ser positivo (se dice también elogioso o meliorativo) o negativo (peyorativo o despectivo).

Cómo reconocer un sustantivo axiológico
1. Encontrá el sustantivo.
2. Preguntá si sólo dice qué es eso, o también si está bien o mal para el que habla.
3. Si lo juzga, decí el valor: positivo o negativo.

Dónde está el juicio: en el sufijo o en el significado

La valoración puede vivir en dos lugares de la palabra. El cuadro síntesis de la materia los llama nivel del significante y nivel del significado:

En el significante: un sufijo. La palabra base es neutra y una terminación le agrega el desprecio: «cuarto» → «cuartucho», «poeta» → «poetastro», «pájaro» → «pajarraco», «rico» → «ricachón». A veces pasa al revés de lo que uno espera: el aumentativo elogia («golazo», «partidazo») y el diminutivo desprecia («un trabajito de nada»).
En el significado. No hay ninguna terminación especial: la palabra entera ya trae el juicio. «Matasanos» frente a «médico», «manjar» frente a «comida», «crack» frente a «jugador».

«Nos tocó un cuartucho sin ventana, pero la dueña resultó un ángel.»

axiológico por el sufijo (−) axiológico por el significado (+)

Cómo saber en qué nivel está el juicio
1. Sacale la terminación a la palabra. ¿Queda una palabra neutra («cuartucho» → «cuarto»)? El juicio estaba en el sufijo.
2. Si no hay terminación que sacar, o al sacarla no queda una palabra («chanta»), el juicio está en el significado.
3. Con diminutivos y aumentativos, mirá el contexto: «mi casita» puede ser cariño y no desprecio.

El valor no está fijo

Kerbrat-Orecchioni advierte que el valor de una palabra se puede mover con el contexto, la entonación o hasta las comillas. Pasan tres cosas:

Una palabra neutra se carga de valor. «—¿Y tu jefe nuevo? —Y… es contador.» Dicho con cierta cara, «contador» deja de ser un dato y pasa a ser un reproche.
Una palabra valorativa se invierte. Una abuela le dice «bandido» a su nieto preferido: el insulto se vuelve cariño. La ironía hace lo mismo en la otra dirección.
Una palabra valorativa se neutraliza. Con el uso, algunas pierden casi todo el juicio y quedan como un nombre más.

Por eso se clasifica la palabra en su uso, no en el diccionario: en el límite, cualquier sustantivo puede volverse axiológico.

Eufemismos y atenuaciones

A veces la lengua ofrece dos palabras que denotan lo mismo y valoran distinto. Elegir la más suave para algo que se juzga feo es un eufemismo (del griego «hablar bien»).

«La empresa anunció una desvinculación.»
«La empresa anunció despidos.»
«La prepaga aplicó una readecuación de cuotas.»
«Llegó el cuotazo de la prepaga.»

eufemismo: atenúa nombra lo mismo con su juicio a la vista

«Cuotazo» es, además, un caso de valor por el sufijo: el aumentativo «-azo» dice que el aumento es desmedido.

Otra manera de suavizar es la litote: decir menos para dar a entender más. «—¿Cocina bien? —Digamos que no es lo suyo.»

Cómo reconocer un eufemismo
1. Preguntá qué es, en concreto, lo que se nombra.
2. Buscá la palabra más directa para eso mismo.
3. Si la elegida esconde o ablanda lo que la directa dice con crudeza, es un eufemismo. Preguntate a quién le conviene.

Cómo se escribe la respuesta

En la materia el análisis tiene un formato fijo. Para cada sustantivo: que es un sustantivo axiológico, en qué nivel está el juicio (significante o significado), qué valor tiene y por qué, o sea, qué evaluación del locutor muestra en ese texto.

Un hincha, después del partido: «El arquero de ellos es un payaso.»

«payaso»: sustantivo axiológico a nivel del significado, con valor negativo: no habla de un oficio sino que el locutor descalifica al arquero rival, lo presenta como alguien que no se toma en serio su puesto.

Lo que más se olvida es el final: decir qué juicio deja ver la palabra en ese texto es lo que muestra que entendiste qué es un subjetivema.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Analizá los sustantivos de esta reseña que un cliente dejó en una aplicación de restaurantes: «El bodegón de la esquina es un tesoro escondido. La milanesa, una delicia; el mozo, un capo. Lástima el baño: una pocilga».

Primero, la reseña con todos los sustantivos a la vista:

«El bodegón de la esquina es un tesoro escondido. La milanesa, una delicia; el mozo, un capo. Lástima el baño: una pocilga.»

sustantivo neutro axiológico positivo axiológico negativo

Hay un patrón: cada cosa se nombra primero con una palabra neutra y después con una que la juzga. Ahora, cada subjetivema con el formato de la materia:

«tesoro»: sustantivo axiológico a nivel del significado, valor positivo. No dice que el bodegón tenga joyas: dice que para el locutor es valioso y poco conocido.
«delicia»: sustantivo axiológico a nivel del significado, valor positivo: la milanesa le pareció riquísima.
«capo»: sustantivo axiológico a nivel del significado, valor positivo, de registro coloquial: el mozo atiende muy bien. Tiene también connotación estilística (es una palabra informal), pero lo que la vuelve subjetivema es el elogio.
«pocilga»: sustantivo axiológico a nivel del significado, valor negativo. Denota un corral de cerdos; acá el locutor la usa para decir que el baño está sucísimo.
«bodegón», «milanesa», «mozo», «baño»: no son subjetivemas. Nombran el local, el plato, la persona y el lugar sin juzgarlos; cualquiera los comprobaría igual.

Quedan dos marcas que no son sustantivos y se ven en los temas que siguen: «escondido», un adjetivo, y «Lástima», que valora todo lo que viene después (es una modalidad apreciativa, del tema 5.5).

Lo que el análisis deja ver: la reseña casi no informa; evalúa. Tres elogios contra un desprecio arman la imagen de un lugar que vale la pena con un defecto, y el «Lástima» deja claro que el defecto no alcanza para cambiar el juicio.

Y uno del nivel del parcial

En el grupo de vecinos de un barrio, dos personas comentan lo mismo el domingo a la tarde. A) «Qué lindo el paseo de artesanos que se armó en la plaza: hay música, comida casera y un montón de familias.» B) «Otra vez el mercadito en la plaza: un amontonamiento de puestos y de vendedores ambulantes por todos lados.» Explicá cómo cada mensaje construye, con sus sustantivos, una valoración distinta de la misma feria.

La pregunta de fondo es qué es la feria. Los dos hablan de los mismos puestos, en la misma plaza, el mismo domingo. Lo que no comparten es cómo nombrarla, y ahí está la disputa.

A) «Qué lindo el paseo de artesanos que se armó en la plaza: hay música, comida casera y un montón de familias.»
B) «Otra vez el mercadito en la plaza: un amontonamiento de puestos y de vendedores ambulantes por todos lados.»

elige el nombre que valoriza sufijo despectivo axiológico negativo neutro que el contexto carga neutro

«paseo»: en A la feria no es un lugar de compraventa sino de ocio; la palabra la acerca al tiempo libre y la valoriza.
«artesanos»: nombra a los que venden como gente que hace con sus manos lo que ofrece. Frente a «vendedores», suma prestigio.
«mercadito»: el diminutivo no es cariño sino desprecio; achica la feria a algo menor. El valor está en el sufijo.
«amontonamiento»: sustantivo axiológico a nivel del significado, negativo: no dice cuántos puestos hay sino que están mal puestos, sin orden.
«vendedores ambulantes»: en sí es una denominación neutra (venden sin local fijo), pero rodeada de «otra vez», «amontonamiento» y «por todos lados», se carga de un valor negativo: presenta a los feriantes como un problema.

El punto central: A y B denotan lo mismo y se oponen en la connotación enunciativa. Es el caso que Kerbrat-Orecchioni describe para los axiológicos: aunque el referente no cambie, en una disputa cada parte elige el nombre que lleva su juicio. Elegir entre «paseo de artesanos» y «mercadito» ya es tomar partido sobre si la feria debería estar ahí.

Dónde se pierde el punto: decir que B «es más objetivo porque describe los puestos». No hay en B ningún dato que A no tenga: hay otra valoración. Y también quedarse en la lista de palabras sin decir qué imagen de la feria arma cada mensaje.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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