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Semiología (43) · Unidad 5 — La subjetividad: subjetivemas y modalidades

Modalidades de enunciación

Toda oración se dice en una modalidad —aseverativa, interrogativa o imperativa— que fija la relación entre el que habla y el que escucha, y esas modalidades se excluyen: una pregunta no puede ser a la vez una orden, aunque sirva para darla.

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La explicación

Antes de empezar

Hasta acá la unidad buscó al que habla en sus palabras: los subjetivemas. Este tema y el siguiente lo buscan en otro lugar: en la actitud con que dice lo que dice. A eso la teoría de la enunciación lo llama modalidad.

El que habla se relaciona con dos cosas, y por eso hay dos clases de modalidades:

Con el que escucha (el alocutario): ¿le informa, le pregunta, le ordena? Son las modalidades de enunciación, las de este tema.
Con lo que dice: ¿lo da por seguro, lo valora, lo presenta como obligatorio? Son las modalidades de enunciado, del tema 5.5.

El problema: tres frases para lo mismo

Hace frío en la cocina y querés que tu hermano cierre la ventana. Podés decir cualquiera de estas:

«Cerrá la ventana.»
«¿Podés cerrar la ventana?»
«Hace un frío tremendo acá.»

forma de orden forma de pregunta forma de afirmación

Las tres buscan lo mismo: que tu hermano haga algo. Pero cada una arma una relación distinta con él. La primera manda; la segunda se lo deja a su buena voluntad; la tercera ni siquiera lo pide, y si no lo cierra, nadie le dio una orden.

La modalidad de enunciación es justamente eso: el tipo de vínculo que el locutor arma con el alocutario cada vez que le habla.

Las tres modalidades

El locutor puede querer tres cosas del que escucha:

Aseverativa (también declarativa o asertiva): que acepte algo como verdadero. «El súper cierra a las diez.»
Interrogativa: que le dé una información. Puede ser total, cuando se contesta con sí o no («¿Cerró el súper?»), o parcial, cuando pregunta por una parte («¿A qué hora cierra?»).
Imperativa (también exhortativa): que haga algo. «Comprá pan.»

«El súper cierra a las diez. ¿Vas vos? Comprá pan.»

Son tres porque son las tres cosas que el locutor le puede reclamar al otro: que le crea, que le conteste o que le obedezca. ¿Y «¡Ojalá esté abierto!»? No le reclama nada al que escucha: lo que hace «ojalá» es valorar el contenido como deseable. Eso pasa en el otro nivel, el de las modalidades de enunciado: en el material de la materia, «ojalá» es justamente el ejemplo de la modalidad apreciativa (tema 5.5). Algunas gramáticas escolares hablan de una cuarta modalidad, «desiderativa»; el material de la materia no la usa, y acá tampoco.

Cómo reconocer la modalidad
1. Preguntá qué quiere el locutor del que escucha: que le crea, que le conteste o que haga algo.
2. Esa respuesta da la modalidad: aseverativa, interrogativa o imperativa.
3. Si es interrogativa, fijate si se contesta con sí o no (total) o pide un dato (parcial).

La forma y la modalidad no siempre coinciden

Cada modalidad tiene una forma típica:

Aseverativa: el orden habitual de la oración y el verbo en indicativo, con punto.
Interrogativa: los signos de pregunta en lo escrito, la entonación que sube en lo oral.
Imperativa: el verbo en imperativo («cerrá»), o en subjuntivo si es plural o negativo («cierren», «no cierres»); muchas veces empieza con el verbo o con un vocativo.

Pero no hay una correspondencia fija. Cuando la forma coincide con la modalidad, la modalidad se realiza por un medio directo. Cuando el locutor usa la forma de otra, por un medio indirecto:

«¿Me alcanzás el control?» (forma de pregunta, pero es un pedido)
«Quisiera saber quién se comió la última medialuna.» (forma de afirmación, pero es una pregunta)
«¿Quién no se quedó dormido alguna vez?» (forma de pregunta, pero afirma: a todos nos pasó)

imperativa indirecta interrogativa indirecta aseverativa indirecta

El último caso tiene nombre propio: pregunta retórica. No espera respuesta, porque presenta lo que dice como obvio.

También hay pedidos sin verbo en imperativo: «¡A comer!», «Despacito por la escalera», «Manos arriba». Son formas impropias de la imperativa.

Cómo decidir si el medio es directo o indirecto
1. Decidí primero la modalidad: qué quiere el locutor.
2. Mirá la forma: punto, signos de pregunta, verbo en imperativo.
3. Si la forma es la típica de esa modalidad, es directo. Si es la de otra, es indirecto: decí cuál.

Sin la situación no se puede decidir

Como la forma no alcanza, la modalidad muchas veces se decide mirando el contexto: quién habla, a quién, qué puede hacer el otro, qué pasó antes.

«Necesito el auto el sábado» es una afirmación si se la contás a una amiga. Dicha a tu viejo, que es el dueño del auto, es un pedido. La regla de fondo: cuando el locutor afirma una necesidad que el que escucha puede satisfacer, lo más probable es que esté pidiendo (o preguntando).

Una sola modalidad por vez

Las modalidades de enunciación se excluyen: un enunciado tiene una sola. «¿Me alcanzás el control?» no es «una pregunta y un pedido»: es un pedido (imperativa) hecho con forma de pregunta (medio indirecto).

Esto las diferencia de las modalidades de enunciado del 5.5, que sí se pueden sumar en una misma frase.

Por eso «ojalá» no entra en esta lista: no arma ninguna relación nueva con el que escucha, sino que valora lo que se dice como deseable. Es una modalidad de enunciado apreciativa, como «por suerte» o «menos mal que» (5.5), y como toda modalidad de enunciado se puede sumar a otras. Y si te acordás del 2.1, ahí «Ojalá aprobemos» era un ejemplo de función emotiva: tampoco eso choca con esto. Es otro marco, el de Jakobson, que no clasifica la actitud del locutor sino a qué factor de la comunicación se orienta el mensaje; un deseo se orienta al que lo dice.

Para qué sirven los medios indirectos

Cada vez que alguien habla, le pide algo al otro: que le crea, que le conteste o que le obedezca. Y el otro puede no hacerlo. Las tres negativas no pesan igual:

No creer casi nunca se nota: el otro se lo guarda.
No contestar es ambiguo: puede que no haya escuchado.
Desobedecer es un choque abierto.

Por eso los pedidos indirectos son tan comunes: si el otro no cierra la ventana después de «hace frío acá», no desobedeció ninguna orden, y nadie quedó mal. Bajan el riesgo del choque y cumplen con la cortesía.

La pregunta retórica hace otra cosa: al preguntar algo obvio, mete al que escucha en la afirmación. Es como decir «vos también lo sabés», y así reparte la responsabilidad de lo que se afirma.

Cómo se escribe la respuesta

El formato: el enunciado, su modalidad de enunciación, el medio (directo o indirecto) y, si es indirecto, con qué forma se realiza.

Una profesora, al ver el aula llena de papeles: «¿Alguien tiene ganas de juntar esto?»

«¿Alguien tiene ganas de juntar esto?»: modalidad de enunciación imperativa (un pedido), realizada por un medio indirecto: tiene forma interrogativa. Nadie espera que le contesten «no, ganas no»: se espera que junten los papeles.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Analizá las modalidades de enunciación de este mensaje que una madre le manda a su hijo a la madrugada: «Son las dos de la mañana. ¿Vos sabés qué hora es? Mañana tenés parcial. Apagá la play. Ojalá algún día me hagas caso».

Primero, el mensaje con cada enunciado marcado según lo que la madre quiere del hijo:

«Son las dos de la mañana. ¿Vos sabés qué hora es? Mañana tenés parcial. Apagá la play. Ojalá algún día me hagas caso.»

aseverativa imperativa «ojalá»: modalidad de enunciado

«Son las dos de la mañana.» y «Mañana tenés parcial.»: aseverativas por un medio directo: forma de afirmación, y la madre quiere que el hijo acepte esos datos.
«¿Vos sabés qué hora es?»: la madre no pide la hora; acaba de decirla. Es una pregunta retórica: modalidad aseverativa por un medio indirecto (forma interrogativa). Lo que afirma es «es tardísimo y lo sabés».
«Apagá la play.»: imperativa por un medio directo: verbo en imperativo.
«Ojalá algún día me hagas caso.»: no le reclama nada al hijo, así que no suma una cuarta modalidad de enunciación. «Ojalá» valora el contenido como deseable: es una modalidad de enunciado apreciativa (5.5).

Un matiz que vale mencionar: las dos aseverativas del principio, en esta situación, también empujan hacia la orden. Si el mensaje terminara ahí, «Son las dos» funcionaría como un pedido indirecto. Como la madre después da la orden directa, esas afirmaciones quedan como las razones de la orden. En un análisis se dice la modalidad (aseverativa) y se explica esa función.

Lo que el análisis deja ver: el mensaje va de lo más suave a lo más directo. Primero datos, después un reproche disfrazado de pregunta, después la orden sin vueltas, y al final el deseo, que es una queja: cuenta con que la orden tampoco se va a cumplir.

Y uno del nivel del parcial

En el ascensor de un edificio aparece este cartel: «Se ruega no dejar bolsas de residuos en el palier. ¿Tanto cuesta bajarlas al contenedor de la esquina? Los vecinos del 3.º agradecemos su colaboración». Explicá cómo se construye el pedido y por qué no aparece ninguna orden directa.

La pregunta de fondo es cómo pedir algo a gente con la que hay que seguir conviviendo. El cartel pide una sola cosa —que no dejen la basura en el palier— y lo hace tres veces, de tres maneras, ninguna directa.

«Se ruega no dejar bolsas de residuos en el palier. ¿Tanto cuesta bajarlas al contenedor de la esquina? Los vecinos del 3.º agradecemos su colaboración.»

imperativa sin imperativo aseverativa indirecta imperativa con forma de afirmación

«Se ruega no dejar…»: modalidad imperativa sin verbo en imperativo. El «se» impersonal borra al que pide y al que tiene que obedecer: nadie le ordena nada a nadie en particular.
«¿Tanto cuesta…?»: pregunta retórica, modalidad aseverativa por un medio indirecto. Afirma «no cuesta nada» y deja la conclusión en manos del lector: si no cuesta nada, no hay excusa.
«agradecemos su colaboración»: forma de afirmación con valor de pedido. Agradece por adelantado algo que todavía no pasó, y así presenta el cumplimiento como lo esperable.

Por qué no hay orden directa: un «No dejen la basura» abierto expondría a los del 3.º a una desobediencia evidente y a un conflicto con vecinos que no saben quiénes son. Los medios indirectos bajan ese riesgo: el pedido se hace igual, pero si no se cumple, nadie desobedeció a nadie. La pregunta retórica es el único lugar donde se asoma el enojo, y aun ahí queda disimulado.

Dónde se pierde el punto: decir que la segunda oración «es una pregunta» porque tiene signos de interrogación. Nadie espera que un vecino conteste «sí, cuesta mucho». También, no ver que las tres oraciones apuntan a lo mismo: la gracia del cartel es pedir tres veces sin mandar nunca.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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Dónde entra este tema en el parcial

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