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Semiología (43) · Unidad 8 — Pragmática: actos de habla, implícitos y figuras

La presuposición

Hay contenidos que un enunciado no afirma pero da por sentados —«dejó de fumar» presupone que fumaba— y que sobreviven a la negación y a la pregunta; ciertas palabras y construcciones son las que los disparan.

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La explicación

Antes de empezar

Un enunciado comunica más de lo que dice en voz alta. Esta parte de la unidad estudia lo implícito: lo que se transmite sin decirse abiertamente. Hay dos grandes clases. Este tema es la primera, la presuposición; la segunda, la implicatura, viene en el 8.4.

El problema: preguntas con trampa

Un compañero te pregunta en la parada del colectivo:

«¿Ya dejaste de llegar tarde a Física?»

Contestes «sí» o «no», quedás admitiendo lo mismo: que antes llegabas tarde. La pregunta no lo afirma ni lo pregunta: lo da por sentado. Eso es una presuposición.

Lo puesto y lo presupuesto

Todo enunciado que presupone algo tiene dos capas de contenido. Oswald Ducrot, un lingüista francés que estudió estos fenómenos a fondo desde los años setenta, las distingue así:

Lo expuesto (o lo puesto): lo que el enunciado afirma, pregunta u ordena. Es lo que está en discusión.
Lo presupuesto: lo que da por sabido, como marco de lo anterior. No está en discusión: se presenta como algo que todos aceptan.

«Martín volvió a perder las llaves.»

Lo expuesto: Martín perdió las llaves ahora. Lo presupuesto: ya las había perdido antes. Se suele anotar con una doble flecha: «Martín volvió a perder las llaves» >> Martín ya había perdido las llaves.

La prueba: negar, preguntar, poner un «si»

¿Cómo se sabe qué es presupuesto? Lo presupuesto sobrevive cuando el enunciado se niega, se convierte en pregunta o se mete en un condicional. Lo expuesto, no.

«Martín no volvió a perder las llaves.»
«¿Martín volvió a perder las llaves?»
«Si Martín volvió a perder las llaves, me va a llamar.»

En las tres se sigue entendiendo que Martín ya las había perdido alguna vez. Lo que cambió es lo expuesto: en la primera se niega que las haya perdido ahora; en la segunda se pregunta; en la tercera queda en suspenso.

La prueba separa la presuposición de otra relación, el entrañamiento (o implicación lógica): lo que se deduce necesariamente de lo afirmado. «Aprobaste los dos parciales» entraña «aprobaste un parcial»; pero si lo niego («no aprobaste los dos parciales»), el entrañamiento se cae. Lo presupuesto, en cambio, resiste.

Cómo encontrar un presupuesto
1. Escribí el enunciado negado: «no…».
2. Escribilo como pregunta: «¿…?».
3. Anotá lo que se sigue entendiendo en los tres: el original, la negación y la pregunta. Eso es lo presupuesto.
4. Lo que cambia o se cae al negar es lo expuesto (o algo que se deducía de lo expuesto).

De la lógica al diálogo

La idea nació en la lógica. Gottlob Frege, un lógico alemán de fines del siglo XIX, notó que al nombrar algo presuponemos que existe. Si no existe, la frase no es ni verdadera ni falsa:

«El subte de Mar del Plata está cerrado por obras.»

Mar del Plata no tiene subte. La frase no es verdadera, pero tampoco es falsa como lo sería «el subte de Buenos Aires está cerrado» un día en que funciona: falla antes, porque no hay de qué hablar. El filósofo inglés Peter Strawson retomó la idea en 1950 y la llevó al uso: presuponer es una condición para usar bien una frase, y si la presuposición falla queda una «laguna» de verdad.

Ducrot dio el último paso: presuponer es un acto que hace el que habla. Al presuponer algo, lo vuelve el marco obligatorio del diálogo: el otro, si quiere seguir hablando del tema, tiene que aceptarlo. Para rechazarlo, tiene que romper la conversación:

«—¿Martín volvió a perder las llaves? —¡Pero si nunca las perdió!»

El que contesta así no responde la pregunta: dice que la pregunta no se podía hacer. Por eso presuponer es tan eficaz en una discusión: instala algo como sabido y hace caro discutirlo.

Un detalle más de Ducrot: los conectores se enganchan con lo expuesto, no con lo presupuesto. «Martín volvió a perder las llaves, así que no puede entrar» saca una consecuencia de lo de ahora, no de la vez anterior.

Las palabras que disparan presupuestos

Lo presupuesto no sale de la situación: sale de palabras y construcciones precisas de la frase. Se las llama accionadores o disparadores presuposicionales. Unos son palabras; otros, maneras de armar la oración.

Palabras
Verbos factivos (saber, darse cuenta de, lamentar, alegrarse de, estar orgulloso de): presuponen que lo que sigue es un hecho. «Se dio cuenta de que la heladera estaba abierta» >> la heladera estaba abierta.
Verbos implicativos (lograr, conseguir, olvidarse de, evitar): presuponen algo sobre el intento o la obligación. «Lograste sacar turno» >> intentaste sacar turno.
Verbos de cambio de estado (dejar de, empezar a, seguir, terminar de): presuponen el estado anterior. «Empezó a ir al gimnasio» >> antes no iba.
Iterativos (volver a, otra vez, de nuevo, ya no): presuponen que ya pasó antes. «De nuevo se cortó la luz» >> ya se había cortado.
Verbos de juicio (acusar, criticar): presuponen una valoración. «Lo acusaron de copiarse» >> copiarse está mal.
Construcciones
Descripciones definidas (el, la + sustantivo + complemento): presuponen que lo nombrado existe. «El hermano de Caro trabaja en Rosario» >> Caro tiene un hermano.
Cláusulas temporales (desde que, antes de, después de, cuando): presuponen el hecho que ubican. «Desde que se mudó a Córdoba, no lo vimos más» >> se mudó a Córdoba.
Oraciones escindidas (fue… el que, es… lo que): presuponen que alguien o algo lo hizo. «Fue Lucía la que avisó» >> alguien avisó.
Comparaciones: «Sos tan terco como tu viejo» >> tu viejo es terco.
Relativas explicativas, las que van entre comas: «Mi prima, que estudia Medicina, viene el sábado» >> mi prima estudia Medicina.
Condicionales contrafácticos (si + hubiera o hubiese): «Si hubiera estudiado, aprobaba» >> no estudió.
Preguntas con qué, quién, dónde: «¿Quién se terminó el dulce de leche?» >> alguien se lo terminó.

disparador léxico: una palabra disparador sintáctico: una construcción

Cómo encontrar el disparador
1. Hacé la prueba de la negación y encontrá el presupuesto.
2. Preguntá qué palabra o qué construcción lo trae: si la sacás o la cambiás, ¿desaparece? («volvió a perder» → «perdió»: el presupuesto se va).
3. Clasificala: ¿es una palabra (factivo, implicativo, de cambio de estado, iterativo, de juicio) o una forma de la oración (descripción definida, temporal, escindida, comparativa, relativa, contrafáctica, pregunta)?

Cuando el presupuesto se cancela

Las presuposiciones son fuertes, pero no indestructibles. En ciertos contextos se cancelan (también se dice que son defectibles): algo de la frase las borra sin volverla contradictoria.

«No se arrepiente de haberle mentido, porque nunca le mintió.»
«No volvió a fumar, si es que fumó alguna vez.»

Las dos funcionan porque son negativas: la negación deja lugar para discutir el marco. En afirmativo no se puede: «Se arrepiente de haberle mentido, porque nunca le mintió» es un disparate, porque arrepentirse exige que haya pasado. Algo parecido ocurre cuando lo que se presupondría aparece antes como hipótesis, con un «si…»: el que habla no lo da por hecho. Y detrás de verbos como decir o creer, el presupuesto queda a cargo del que dice o cree, no del que habla.

Cómo saber si se canceló
1. Encontrá el presupuesto con la prueba de la negación.
2. Fijate si el resto de la frase lo niega o lo pone en duda («porque nunca…», «si es que…», un «si…» al principio).
3. Si lo hace sin que la frase suene absurda, el presupuesto se canceló. Si suena absurda, es que lo dicho lo exigía.

Cómo se escribe la respuesta

Para cada presupuesto: el enunciado, el disparador y su tipo, el presupuesto escrito como una oración corta sin el disparador, y la prueba.

«Gabi dejó de trabajar en el bar.»

Disparador: «dejó de», verbo de cambio de estado. Presupuesto: Gabi trabajaba en el bar. Prueba: «Gabi no dejó de trabajar en el bar» y «¿Gabi dejó de trabajar en el bar?» siguen dando por hecho que trabajaba ahí. Lo expuesto: hoy no trabaja ahí.

El error más común es escribir el presupuesto con el disparador adentro («que dejó de trabajar en el bar»). Así no se dice nada nuevo: hay que reformularlo.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Encontrá los presupuestos de este enunciado, con su disparador y la prueba: «Cuando terminó el curso, Valeria se dio cuenta de que su hermano le había copiado el trabajo».

Primero, el enunciado con los tres disparadores a la vista:

«Cuando terminó el curso, Valeria se dio cuenta de que su hermano le había copiado el trabajo.»

disparador léxico disparador sintáctico

Después, cada uno con el formato de la respuesta:

«Cuando terminó el curso»: cláusula temporal. Presupuesto: el curso terminó.
«se dio cuenta de que…»: verbo factivo. Presupuesto: el hermano le copió el trabajo.
«su hermano»: descripción definida (con posesivo). Presupuesto: Valeria tiene un hermano.

La prueba. Negado: «Cuando terminó el curso, Valeria no se dio cuenta de que su hermano le había copiado el trabajo». Como pregunta: «¿Valeria se dio cuenta…?». En las tres versiones sigue en pie que el curso terminó, que Valeria tiene un hermano y que él le copió el trabajo. Lo único que cambia es si ella lo descubrió.

Lo expuesto, entonces, es eso: que Valeria lo descubrió en ese momento. Es lo que está en discusión.

Por qué importa: quien dice esta frase no está acusando al hermano de copiarse; lo da por sabido. Si el hermano quisiera defenderse sin romper la conversación, sólo podría discutir lo expuesto («no, no se dio cuenta»), y eso deja la copia en pie. Para negarla tiene que salirse del marco: «¡Pero si yo no copié nada!». Ése es el poder del presupuesto del que habla Ducrot.

Para comparar: con «Valeria cree que su hermano le copió el trabajo» el factivo desaparece, y con él el presupuesto. La copia ya no se da por hecha: queda a cargo de lo que Valeria cree.

Y uno del nivel del parcial

Leé esta publicidad de una empresa de internet inventada y explicá qué presupone y para qué le sirve presuponerlo en lugar de afirmarlo: «¿Seguís pagando de más por tu internet? Dejá de esperar al técnico. Pasate a Conexa y volvé a disfrutar tus series sin cortes».

La pregunta de fondo es qué da por sentado el aviso sobre el que lo lee. Casi todo lo que dice del cliente está presupuesto, no afirmado.

«¿Seguís pagando de más por tu internet? Dejá de esperar al técnico. Pasate a Conexa y volvé a disfrutar tus series sin cortes.»

cambio de estado iterativo

«¿Seguís pagando de más…?» >> ya pagabas de más. Es una pregunta, así que no afirma nada; pero contestes «sí» o «no», quedás admitiendo que pagabas de más.
«Dejá de esperar al técnico» >> estás esperando al técnico (o sea, tu servicio actual falla). Una orden también presupone.
«volvé a disfrutar tus series» >> antes las disfrutabas y ahora no. «Tus series» presupone, además, que tenés series que mirás.

Lo que hace el aviso: no dice «tu proveedor es malo» —una afirmación que se podría discutir o que incluso podría traerle un problema legal—; lo instala como marco. El lector que no paga de más ni espera al técnico no tiene nada que contestarle al aviso: para rechazarlo, tiene que salirse de la conversación que el aviso le propone. El que sí tiene un mal servicio se reconoce sin que nadie se lo diga.

En términos de Ducrot, el presupuesto habla con una voz colectiva, de lo ya sabido («todos sabemos que el internet anda mal»), mientras lo expuesto —«pasate a Conexa»— es lo único que el aviso presenta como propuesta.

Dónde se pierde el punto: decir que el aviso «afirma que pagás de más». No lo afirma: lo presupone, y la diferencia es justamente el efecto. Una afirmación invita a discutirla; un presupuesto, a aceptarla sin darse cuenta.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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