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Semiología (43) · Unidad 8 — Pragmática: actos de habla, implícitos y figuras

Connotación, metáfora y metonimia

Además de lo que denota, un signo puede agregar un segundo sentido —estilístico, afectivo, ideológico— y las figuras trabajan sobre eso: la metáfora traslada por semejanza, la metonimia por contigüidad y la sinécdoque toma la parte por el todo.

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La explicación

Antes de empezar

Este tema cierra la unidad con un implícito que no sale de la conversación sino de las palabras mismas y de las figuras: la connotación y los tropos (la metáfora, la metonimia y la sinécdoque). Si viste el 5.1 ya conocés una parte: los sustantivos que valoran lo que nombran. Acá la mirada es más amplia.

El problema: tres maneras de decir lo mismo

«Conseguí laburo.» / «Conseguí trabajo.» / «Obtuve un empleo.»

Las tres dicen lo mismo del mundo: alguien empezó a trabajar. Pero no suenan igual. La primera es de charla entre amigos; la tercera, de currículum. Lo que cambia no es a qué se refieren, sino lo que agregan.

Denotación: el sentido que sirve para identificar aquello de lo que se habla, el que da el diccionario. Lo que las tres frases comparten.
Connotación: un sentido segundo, agregado o sugerido, que viene de asociaciones y valoraciones. Lo que las diferencia.

Otro ejemplo: «asado» denota carne hecha a la parrilla. En «el domingo hay asado en lo del abuelo» connota, además, familia, sobremesa, el patio. Esa connotación aparece en el uso: la palabra sola, en el diccionario, no la trae.

Barthes: un signo montado sobre otro

Roland Barthes, un semiólogo francés, lo explicó en Elementos de semiología (1964), siguiendo al lingüista danés Louis Hjelmslev. Todo signo tiene un plano de la expresión (el significante) y un plano del contenido (el significado). En la connotación, un signo entero pasa a ser el significante de un segundo significado.

Primer sistema, la denotación: la foto de un mate con facturas significa «un mate con facturas».
Segundo sistema, la connotación: ese signo completo —la foto y lo que muestra— pasa a significar otra cosa: «casa», «tarde de domingo», «lo argentino».

A los significantes del segundo sistema Barthes los llama connotadores, y dice que sus significados son fragmentos de ideología: ideas generales y difusas que una cultura comparte sin decirlas. La connotación nunca borra del todo la denotación: se monta sobre ella.

Kerbrat-Orecchioni: de dónde sale y qué agrega

Catherine Kerbrat-Orecchioni, la lingüista francesa de los temas 2.2, 4.2 y 5.1, le dedicó un libro, La connotación (1977). Ordena el fenómeno con dos preguntas: qué la soporta y qué significa.

Los soportes pueden ser casi cualquier cosa del material de la frase:

Los sonidos: repetir un sonido (la aliteración) connota juego o poesía: «ruge la ruta en la rotonda».
La entonación y el ritmo, en lo oral; la puntuación, en lo escrito.
La sintaxis: el adjetivo antes del sustantivo suena literario: «una triste tarde».
Una palabra o un sufijo: «laburo» connota registro familiar; el diminutivo en un nombre propio, cariño: «Juancito».
Los objetos: un auto importado en una publicidad no denota sólo un auto; connota éxito.
Una ausencia: callar un nombre que todos esperan oír también significa.

Y lo que la connotación agrega puede ser de tres clases:

Estilística: dice a qué registro pertenece el mensaje: formal, familiar, técnico.
Enunciativa: dice algo del que habla. Puede ser socio-geográfica (de dónde es, a qué grupo pertenece), afectiva (qué siente: diminutivos, exclamaciones) o axiológica (cómo valora lo que nombra).
Asociativa: suma sentidos por asociación con otras palabras o textos: un sonido parecido, una frase hecha, la alusión a un refrán o a una canción conocida.

«Se solicita puntualidad.»
«¡Qué divino tu nene!»
«Otra vez nos dieron un mamotreto para leer.»
Una peluquería: «Volvé sin la frente marchita.»

registro formal emoción del que habla valoración negativa eco de un tango

Cómo reconocer una connotación
1. Buscá un sinónimo neutro y cambiá la palabra («laburo» → «trabajo»).
2. ¿Cambió aquello de lo que se habla? Si no cambió, lo que se perdió es connotación.
3. Decí qué se perdió: un registro (estilística), algo del que habla —de dónde es, qué siente, cómo valora— (enunciativa) o un eco de otro texto o de otra palabra (asociativa).

Una advertencia de la misma Kerbrat-Orecchioni: la connotación no autoriza cualquier lectura. Está anclada en el material del texto. Ver sentidos ocultos en todo, sin control, termina siendo tan pobre como no ver ninguno.

Las figuras: palabras que cambian de dirección

Una manera muy potente de connotar es usar una palabra en un sentido que no es el suyo. La retórica clásica llama a eso tropo (del griego «dirección»): la palabra se aparta de su sentido propio y toma otro. Los tres tropos centrales son la metáfora, la metonimia y la sinécdoque.

No son cosa de poetas. Están en la charla de todos los días: «estoy fundido», «pasame una birome», «le pegó al cuero».

Roman Jakobson, el lingüista de las funciones del lenguaje (unidad 2), las relacionó con las dos operaciones de la lengua: la metáfora trabaja por selección, entre cosas que se parecen y podrían reemplazarse; la metonimia, por combinación, entre cosas que van juntas. Son las relaciones paradigmáticas y sintagmáticas del tema 1.4, llevadas al sentido.

La metáfora: por semejanza

La metáfora le da a una cosa el nombre de otra porque se parecen en algo. Aristóteles ya la definía como el traslado de un nombre ajeno.

«Mi hermano es un tanque.»

El hermano no es un vehículo blindado: comparte con él algo, la fuerza, el tamaño, que nada lo para. Hay variantes que conviene distinguir:

Comparación o símil: la semejanza va con un nexo explícito, «como»: «es fuerte como un roble».
Metáfora impura: aparecen las dos cosas, la real y la figurada: «Mi hermano es un tanque».
Metáfora pura: sólo aparece la figurada; la real se sobreentiende. Cuando el hermano entra a la cocina, alguien dice: «Llegó el tanque».
Metáfora obligada (también se la llama catacresis): la que no tiene reemplazo, porque es el único nombre de la cosa. «La boca del subte», «la pata de la silla».

Muchas metáforas, además, muestran al que habla: elogian o desprecian. «Es una luz» y «es un plomo» dicen tanto de quien las usa como de aquel de quien se habla.

En 1980, el lingüista George Lakoff y el filósofo Mark Johnson, estadounidenses, mostraron que muchas metáforas no adornan: organizan cómo pensamos. Pensamos el ánimo con arriba y abajo («está bajoneado», «tocó fondo») y la discusión como una guerra («destrozó mis argumentos», «defendí mi postura»).

Tres clases según dónde aparecen
Constitutiva: cotidiana, gastada, casi no se nota; ordena un modo de pensar. «Estoy bajoneado».
Explicativa: en la ciencia o la divulgación, para explicar algo nuevo con algo conocido. «El corazón es una bomba».
Poética: nueva, inesperada, busca un efecto. «La tarde se deshilachaba sobre el río».

La metonimia: por contigüidad

La metonimia nombra una cosa con el nombre de otra que está en contacto real con ella: la contiene, la produce, está en el mismo lugar, le pertenece. No se parecen: van juntas.

Continente por contenido: «se tomó una jarra entera» (el jugo, no la jarra).
Marca por producto: «pasame una birome» (Birome era una marca).
Lugar por institución: «la Rosada anunció un feriado» (el gobierno).
Autor por obra: «en el living colgó un Berni» (un cuadro de Antonio Berni).
Lugar por los que están ahí: «el barrio salió a festejar» (los vecinos).

La sinécdoque: la parte y el todo

La sinécdoque también trabaja por contigüidad, pero de un tipo especial: una relación de inclusión o de cantidad. Se nombra el todo por la parte o la parte por el todo, la materia por el objeto, el singular por el plural. Por eso algunos autores la tratan como un tipo de metonimia.

Parte por todo: «se sumaron caras nuevas al equipo» (personas nuevas).
Materia por objeto: «le pegó al cuero» (a la pelota).
Singular por plural: «el hincha de Racing sufre más que nadie» (los hinchas).

metáfora metonimia sinécdoque

Cómo distinguir las tres
1. Reponé la palabra propia: ¿de qué se está hablando en realidad?
2. ¿Entre lo dicho y lo real hay semejanza, aunque no tengan nada que ver entre sí? Metáfora.
3. ¿Están en contacto real: uno contiene, produce o está en el lugar del otro? Metonimia.
4. ¿Uno es parte del otro, o es su materia, o es un ejemplar por el grupo? Sinécdoque.

Para qué sirven

Las figuras son mecanismos de connotación: dicen algo más que la palabra propia. «La Rosada anunció» suena más institucional que «el presidente dijo»; «caras nuevas» pone el acento en la renovación. También funcionan en las imágenes: una publicidad que muestra un reloj de arena al lado de una crema hace una metáfora visual. Por eso, al analizar, no alcanza con poner el rótulo: hay que decir qué efecto produce la figura en ese contexto.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Analizá las figuras y la connotación de este comienzo de una crónica deportiva: «El Monumental fue una caldera. El diez la clavó en el ángulo y la Argentina entera se abrazó».

Primero, el fragmento con sus figuras a la vista:

«El Monumental fue una caldera. El diez la clavó en el ángulo y la Argentina entera se abrazó.»

metáfora metonimia

Después, cada una con su palabra propia y su relación:

«El Monumental»: el estadio por la gente que lo llena. Lugar por los que están ahí: metonimia.
«una caldera»: el estadio no es una caldera, pero se le parece en el calor y la presión. Semejanza: metáfora (impura, porque aparece el término real).
«El diez»: el número de la camiseta por el jugador que la lleva. Contacto real: metonimia.
«la clavó»: la pelota entra como un clavo, fija y precisa. Metáfora, tan gastada en el fútbol que casi es constitutiva.
«la Argentina entera»: el país por sus habitantes. Metonimia, con exageración.

La connotación de conjunto: ninguna de estas palabras es necesaria para contar lo que pasó (hubo un gol y la gente festejó). Lo que agregan es un tono épico y colectivo: el estadio hierve, el jugador es su número, el país entero es un solo cuerpo que se abraza. Es una connotación asociativa (el lenguaje de las crónicas de fútbol) y, por debajo, ideológica en el sentido de Barthes: el fútbol como cosa de todos.

Dónde se pierde el punto: ver una sola figura («es una metáfora») o poner rótulos sin la palabra propia. La forma segura es reponer, para cada una, de qué se habla de verdad y qué relación hay entre las dos cosas.

Y uno del nivel del parcial

Una marca de yerba publica un afiche: la foto de un mate humeante sobre una mesa de madera gastada, junto a una ventana por la que se ve llover, y abajo una sola frase: «Volvé a casa». Analizá qué denota y qué connota el afiche, y qué figuras trabajan en él.

La pregunta de fondo es qué vende el afiche, si casi no habla de la yerba. La respuesta está en el segundo sistema de Barthes: lo que la imagen connota.

Lo que denota: un mate, una mesa de madera, una ventana, lluvia. Y una frase en imperativo: volver al lugar donde uno vive.
Lo que connota la imagen: la madera gastada connota algo viejo y querido, una casa con historia; la lluvia afuera y el vapor adentro arman un contraste de frío y abrigo; el mate, en la Argentina, connota compañía, ronda, familia. Son connotaciones que ningún elemento dice: aparecen cuando la foto entera se vuelve el significante de un segundo significado, «el hogar».
Lo que hace la frase: «casa» no denota sólo una vivienda. Por la imagen, funciona como metáfora de un estado: la infancia, el abrigo, lo propio. Volver a casa sería volver a eso.
La figura de fondo: el mate está en el lugar de todo lo que suele rodearlo —la familia, la charla, la tarde—. Es una metonimia visual: el objeto por lo que lo acompaña en la escena, y el producto por la experiencia.

El efecto: el afiche no dice que la yerba sea buena ni barata. Asocia la marca con un conjunto de valores (hogar, abrigo, lo argentino) que el lector ya trae, de modo que tomar esa yerba quede del lado de «volver a casa». Es lo que Barthes llamaba un fragmento de ideología: una idea compartida que se presenta como natural.

Dónde se pierde el punto: describir la foto y parar ahí (eso es sólo la denotación), o hacer una lista de símbolos sin anclarlos en lo que se ve. Cada connotación tiene que salir de un elemento concreto del afiche.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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