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Semiología (43) · Unidad 8 — Pragmática: actos de habla, implícitos y figuras

Actos de habla: Austin

Austin descubre enunciados que no describen nada sino que hacen algo al decirse —«prometo», «los declaro marido y mujer»—, que no son verdaderos ni falsos sino afortunados o desafortunados, y después muestra que todo enunciado es a la vez un acto locutivo, ilocutivo y perlocutivo.

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La explicación

Antes de empezar

Hasta acá la materia miró cómo está hecha la lengua y qué marcas deja en lo que dice el que habla. Esta unidad cambia la pregunta: ¿qué hacemos cuando hablamos?

La parte de los estudios del lenguaje que se ocupa de eso se llama pragmática: estudia los signos en relación con las personas que los usan, en situaciones concretas. Su pregunta de fondo es muy cotidiana: ¿cómo puede ser que lo que decimos no coincida con lo que queremos decir, y que igual nos entendamos? Para contestarla no alcanza con la gramática. Hacen falta la situación y las personas.

El primero en mirar esto de frente fue John L. Austin, un filósofo inglés de la Universidad de Oxford. En unas conferencias de los años cincuenta, que se publicaron en 1962 con el título Cómo hacer cosas con palabras, mostró que hablar no es sólo describir el mundo: muchas veces es actuar sobre él.

El problema: frases que no son verdaderas ni falsas

Los filósofos de su época estudiaban casi sólo las frases que describen algo, porque son las que se pueden comprobar: alcanza con mirar el mundo para saber si son verdaderas o falsas. Austin llamó a ese recorte la falacia descriptiva: creer que describir es lo único que hace el lenguaje.

Pensá en esta frase, dicha entre dos amigos antes de un clásico:

«Te apuesto un asado a que gana Racing.»

¿Es verdadera o falsa? Ninguna de las dos cosas. No describe una apuesta: es la apuesta. Al decirla, la apuesta queda hecha (si el otro la acepta). Que después Racing gane o pierda decide quién paga el asado, no si la frase era verdadera.

Constatativos y realizativos

De ahí sale la primera distinción de Austin:

Enunciado constatativo: describe un estado de cosas, y por eso puede ser verdadero o falso.
Enunciado realizativo (también se dice performativo): al decirlo se hace lo que se dice. No describe nada, no es verdadero ni falso, y no por eso es un sinsentido.

«Te prometo que el viernes te devuelvo la plata.»
«El 60 pasa por Constitución.»

hace lo que dice describe: verdadero o falso

Los realizativos típicos tienen una forma fija: un verbo como prometer, jurar, apostar, pedir u ordenar, en primera persona del singular, presente del indicativo y voz activa. Si se cambia la persona o el tiempo, la frase deja de hacer y pasa a contar: «Ayer le prometió que le devolvía la plata» relata una promesa, no la hace, y ésa sí puede ser verdadera o falsa.

Cómo reconocer un realizativo
1. Preguntá si la frase se puede comprobar mirando el mundo. Si se puede, es constatativa.
2. Preguntá si al decirla se hizo algo: prometer, apostar, pedir, agradecer.
3. Pasala a tercera persona o a pasado («prometió», «apostó»). Si así se vuelve el relato de una acción, la original era la acción misma: era realizativa.

Explícitos e implícitos

No todo realizativo nombra el acto que hace. Austin distingue dos casos:

Realizativo explícito: un verbo dice qué acto es. «Te ordeno que bajes la música.»
Realizativo implícito: el acto está, pero sin el verbo que lo nombra. «Bajá la música.»

Los dos hacen algo. La diferencia es que el explícito dice además cómo hay que tomarlo. El implícito puede quedar ambiguo: «Bajá la música» puede ser una orden, un pedido o un consejo, y eso lo decide la situación.

Hay actos que ni siquiera tienen fórmula explícita. Disculparse se puede hacer diciendo «me disculpo»; insultar no se hace diciendo «te insulto»: se hace insultando. Y también hay realizativos sin primera persona: un cartel que dice «Se ruega no usar el celular en la sala» hace un pedido aunque nadie diga «yo». Estos casos raros son los que, más adelante, le hicieron cambiar la teoría.

Cómo distinguirlos
1. Buscá un verbo que nombre el acto: prometo, te pido, te aviso, declaro.
2. Si está, el realizativo es explícito. Si no está pero igual se hace algo, es implícito.
3. En los implícitos, decí qué acto es según la situación: ¿orden, pedido, consejo, amenaza?

Cuando sale mal: la doctrina de los infortunios

Si un realizativo no es verdadero ni falso, ¿cómo se lo evalúa? Austin dice que puede salir bien o mal: ser afortunado o desafortunado (en otras traducciones, feliz o infortunado; también se dice adecuado o inadecuado). Para que salga bien se tienen que cumplir seis condiciones, agrupadas en tres letras:

A.1: tiene que existir un procedimiento aceptado por la sociedad, con un efecto también aceptado, que incluya ciertas palabras dichas por ciertas personas en ciertas circunstancias.
A.2: las personas y las circunstancias tienen que ser las que ese procedimiento pide.
B.1: todos tienen que ejecutarlo correctamente.
B.2: y completo, sin saltear pasos.
Γ.1 (la letra griega gamma): si el procedimiento pide ciertos pensamientos o sentimientos, los que participan tienen que tenerlos.
Γ.2: y después tienen que comportarse de acuerdo con ellos.

Las fallas no pesan todas igual. Si falla una A o una B, el acto no se produce: es un acto nulo, y Austin llama a esa falla desacierto. Si falla una Γ, el acto se produce igual, pero queda vacío por dentro: es un acto hueco, y la falla se llama abuso.

Un pasajero, a los gritos: «Declaro suspendida esta línea.»
Una amiga que ya sabe que no va a ir: «Te prometo que voy a tu cumple.»

nulo: no tiene ningún efecto hueco: vale, pero es insincero

Al pasajero nadie le dio autoridad para eso: los colectivos siguen pasando como si no hubiera dicho nada. La promesa de la amiga, en cambio, es una promesa: la otra puede reclamarle después, justamente porque prometió. Lo que falla es la sinceridad.

Los nombres de cada falla, por si te los piden:
Las A son malas apelaciones (las de A.2, malas aplicaciones). B.1 da actos viciados y B.2, actos inconclusos. Todas producen actos nulos.
Γ.1 da actos insinceros y Γ.2, incumplimientos. Las dos producen actos huecos.

Austin mismo aclara que las fallas se pueden superponer: un mismo acto puede salir mal por dos lados al mismo tiempo.

Cómo encontrar la falla
1. ¿Existe ese procedimiento en esta sociedad? Si no existe, falla A.1.
2. ¿El que habla y la situación son los que el procedimiento pide? Si no, falla A.2.
3. ¿Se hizo bien y se hicieron todos los pasos? (Por ejemplo: ¿el otro aceptó la apuesta?) Si no, falla B.1 o B.2.
4. Si hasta acá todo está bien, el acto vale. Preguntá si el que habla pensaba o sentía lo que dijo (Γ.1) y si después actuó en consecuencia (Γ.2).
5. Falla en A o en B: acto nulo. Falla en Γ: acto hueco.

El giro: todo enunciado hace algo

Cuantos más ejemplos miraba, más se le borraba a Austin la frontera entre constatativos y realizativos. Había actos sin la primera persona («Se ruega…»), actos sin verbo que los nombre (insultar) y frases como «Mañana vengo», que pueden ser una promesa o un aviso. Hasta decir «El 60 pasa por Constitución» es hacer algo: afirmar, informar.

Entonces cambió de unidad. Dejó de clasificar frases y pasó a analizar el acto de habla. Todo enunciado, dice, realiza tres actos a la vez:

Acto locutivo: decir algo. Emitir sonidos (acto fonético) que son palabras de una lengua, con su gramática (acto fático), usadas con un sentido y una referencia (acto rético).
Acto ilocutivo: lo que se hace al decir algo: advertir, prometer, preguntar, ordenar. Es la fuerza del enunciado, o sea, cómo hay que tomarlo.
Acto perlocutivo: lo que se logra por decir algo: el efecto en el otro. Asustarlo, convencerlo, hacer que se vaya.

Un vecino, a un chico que se acerca a la reja: «¡Ojo, que el perro muerde!». El chico da un paso atrás.

acto ilocutivo acto perlocutivo

El locutivo es haber dicho esas palabras con ese sentido: que el perro de esa casa muerde. El ilocutivo, lo que el vecino hizo al decirlas: advertir. El perlocutivo, lo que consiguió: que el chico se aleje (o que se asuste, o que se ría).

Las relaciones entre los tres no son iguales. Entre lo dicho y su fuerza hay una relación convencional: la sociedad acuerda que ciertas palabras, dichas por cierta persona, cuentan como una advertencia o una orden. Entre la fuerza y el efecto, la relación es causal: la advertencia puede causar que el chico se aleje, o no.

Cómo separar los tres actos
1. Locutivo: repetí lo que se dijo, con su sentido: «dijo que el perro muerde».
2. Ilocutivo: completá «al decir eso, ___» con un verbo de acto: advirtió, prometió, pidió.
3. Perlocutivo: completá «por decir eso, ___» con un efecto: lo asustó, lo convenció, logró que se fuera.
4. Si dudás entre los dos últimos: el ilocutivo queda hecho aunque el otro no reaccione; el perlocutivo depende de lo que el otro haga.

Cómo se escribe el análisis

En el parcial conviene ordenar la respuesta siempre igual: qué se dijo (acto locutivo); qué se hizo al decirlo (acto ilocutivo), y si un verbo lo nombra (explícito) o no (implícito); qué efecto busca o consigue (acto perlocutivo); y si el acto salió bien o qué condición falla, con su letra y con la consecuencia: nulo o hueco.

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Analizá este acto de habla. En el minuto 80 de un partido de primera, el árbitro le muestra la tarjeta roja al número 4 y le dice: «Estás expulsado». El jugador se va de la cancha protestando y la hinchada local aplaude.

Primero, lo que pasa en la cancha con los actos a la vista:

El árbitro: «Estás expulsado». El 4 se va protestando.

acto ilocutivo acto perlocutivo

Después, los tres actos, uno por uno:

Acto locutivo: decir «Estás expulsado» con su sentido y su referencia: el que queda fuera es el número 4, en ese partido y en ese momento.
Acto ilocutivo: expulsar. Al decirlo y mostrar la roja, el árbitro no describe una expulsión: la hace. Es un realizativo, aunque el verbo no esté en primera persona (no dice «te expulso»): justo el tipo de caso que le hizo ver a Austin que la forma gramatical no alcanza para definirlos.
Acto perlocutivo: que el jugador se vaya de la cancha. También son efectos la protesta y el aplauso de la hinchada, que el árbitro no controla.

Por último, si el acto salió bien. Se repasan las condiciones en orden:

A.1: existe el procedimiento; el reglamento prevé la expulsión con tarjeta roja.
A.2: la persona es la que el procedimiento pide (el árbitro de ese partido) y la circunstancia también (el partido está en juego).
B.1 y B.2: lo hace como pide el reglamento y sin saltear pasos: muestra la tarjeta al jugador.
Con eso el acto vale: el 4 está expulsado, proteste o no.
Γ: si el árbitro lo hiciera para perjudicar a un equipo y no porque cree que hubo una falta, el acto sería hueco, pero seguiría valiendo: el 4 se va igual.

Para comparar: si las mismas palabras las grita un hincha desde la tribuna, no pasa nada. Falla A.2 (no es la persona que el procedimiento pide) y el acto es nulo. La frase es idéntica; lo que cambia es quién la dice y dónde. Eso es lo que la pragmática le agrega al análisis de la lengua.

Y uno del nivel del parcial

Leé este comunicado que una municipalidad pega en los comercios de la avenida y analizá qué actos de habla realiza y de qué depende que salgan bien: «Se informa a los vecinos que desde el lunes queda prohibido estacionar sobre la avenida San Martín entre las 7 y las 20. Los vehículos mal estacionados serán retirados por la grúa. Agradecemos su colaboración».

La pregunta de fondo es qué hace este texto, no sólo qué dice. Casi no tiene primera persona y, sin embargo, está lleno de actos.

«Se informa a los vecinos que desde el lunes queda prohibido estacionar sobre la avenida San Martín entre las 7 y las 20. Los vehículos mal estacionados serán retirados por la grúa. Agradecemos su colaboración.»

prohibición información advertencia agradecimiento

«Se informa»: realizativo sin primera persona; el impersonal deja la voz en la institución y no en un funcionario. Es uno de los casos que muestran que la forma «yo + presente» no alcanza.
«queda prohibido estacionar»: el acto central. Al publicarse, la prohibición existe: de ahí en adelante estacionar ahí es una infracción. Es el tipo de acto que más depende de A.1 y A.2: sólo vale si lo dicta el organismo que tiene esa facultad y por el procedimiento previsto. Si el mismo cartel lo pegara un comerciante, sería nulo.
«serán retirados por la grúa»: gramaticalmente describe un hecho futuro, pero lo que hace es advertir, y hasta amenazar. Es un realizativo implícito: la fuerza no está nombrada y la da la situación.
«Agradecemos»: realizativo explícito, en primera plural institucional. Agradece antes de que la colaboración exista, así que funciona también como pedido de que colaboren.

El perlocutivo buscado es que nadie estacione ahí, y el texto ordena sus actos para eso: primero la prohibición, después la consecuencia, al final la cortesía que la suaviza. Que lo logre ya no depende del texto sino de los vecinos (y de la grúa).

Dónde se pierde el punto: leer el comunicado como un conjunto de constatativos («dice que está prohibido», «dice que la grúa se los lleva»). La prohibición no se describe: se hace al publicarla, y por eso lo que hay que preguntar es si quien la firma puede hacerla.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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