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Sociología (14) · Unidad 5 — La modernidad líquida

La modernidad líquida

Bauman llama líquida a la modernidad actual: las instituciones que daban forma a la vida se derriten, los proyectos colectivos se disuelven en elecciones individuales y cada uno queda a cargo de construirse a sí mismo, con mucha libertad y pocas garantías.

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La explicación

Antes de empezar

Zygmunt Bauman (1925-2017) fue un sociólogo polaco que trabajó muchos años en Inglaterra. Es el autor de la expresión «modernidad líquida», que la materia usa para nombrar la época actual. Este tema sale del «Prólogo» y del capítulo «Emancipación» de Modernidad líquida (2000); el 5.4 sigue con otro libro suyo.

La unidad 4 mostraba una modernidad sólida: el empleo para toda la vida, la fábrica grande, el Estado que protegía (tema 4.1). Bauman cuenta qué pasa cuando esas formas se vuelven blandas.

El problema: ¿por qué «líquida»?

Bauman parte de una diferencia física. Los sólidos conservan su forma y resisten si se los quiere cambiar. Los líquidos no: toman la forma del recipiente, se derraman, se mueven con facilidad. Con un sólido importa sobre todo el espacio que ocupa; con un líquido importa el tiempo, porque su forma de ahora no es la de dentro de un rato.

Dicho sin metáfora: una sociedad es líquida cuando sus formas no duran lo suficiente para volverse costumbre. Los trabajos, los barrios, los grupos de pertenencia y hasta los planes cambian antes de que uno termine de acomodarse.

«En cinco años tuve cuatro trabajos y en todos me dijeron que el contrato era por ahora.»

Cómo reconocer un rasgo líquido
1. Preguntá cuánto dura la forma de la que habla el caso (un empleo, un vínculo, un proyecto).
2. Si está hecha para durar y ordenar la vida por años, es sólida.
3. Si está hecha para cambiar, y quien la vive tiene que adaptarse una y otra vez, es líquida.

Derretir los sólidos: lo que la modernidad siempre hizo

Bauman aclara que derretir no es nuevo. La modernidad, desde el principio, se dedicó a disolver lo que había: las lealtades tradicionales, los deberes heredados, los estamentos. Pero lo hacía para construir sólidos nuevos y mejores: un orden económico racional, la fábrica, el Estado moderno.

La novedad de hoy es qué se derrite. Ya no se disuelven las tradiciones para levantar otro orden: lo que se afloja es lo que unía lo que cada uno elige con lo que se emprende en común. Las pautas que antes venían dadas (un oficio que daba un lugar, una clase a la que se pertenecía) ya no vienen dadas: cada uno tiene que armarlas.

Bauman dice que la fuerza que derrite, el «poder de licuefacción», cambió de lugar. Antes actuaba sobre el sistema y la gran política; hoy actúa sobre la vida de cada uno, sobre lo que llama «políticas de vida» (la expresión es de Giddens, tema 5.2). Pasó de lo macro a lo micro.

Cómo distinguir los dos derretimientos
1. Fijate qué se disuelve en el caso.
2. Si se disuelve una tradición para levantar un orden nuevo y estable, es la modernidad temprana, la que construía sólidos.
3. Si lo que se disuelve es lo que unía a cada uno con un proyecto común, y nada estable lo reemplaza, es la modernidad líquida.

Sólido y líquido, cara a cara

El trabajo: una carrera larga en una misma institución / proyectos, contratos, cambios de rubro.
El capital: pesado, atado a la fábrica y al lugar / liviano, se va cuando le conviene.
El poder: vigilar de cerca, como en un panóptico (el diseño es de Bentham y la imagen la hizo famosa Foucault) / no comprometerse, escaparse, estar en otro lado.
La meta: llegar algún día a un orden terminado / seguir cambiando sin punto de llegada.
Quién se hace cargo: la sociedad, con sus instituciones / cada individuo, con sus recursos.

Las dos novedades de nuestra modernidad

Ser moderno siempre fue no estar nunca terminado. Pero Bauman señala dos cambios que hacen distinta a la modernidad actual:

1. Se terminó la ilusión de la meta final. La modernidad temprana creía que el camino tenía un final: una sociedad buena, justa, sin conflictos, con todo bajo control. Hoy nadie espera llegar. Se sigue cambiando, pero sin una utopía final alcanzable.

2. La modernización se desregula y se privatiza. Lo que antes era una tarea de la sociedad entera (progresar, mejorar) pasa a ser tarea de cada individuo, con su coraje y sus recursos. La responsabilidad baja de arriba hacia cada uno.

«Ahora el curso para el próximo trabajo lo busco y lo pago yo.»

la modernización privatizada

Bauman retoma una frase de Ulrich Beck para resumirlo: hoy se buscan soluciones biográficas a contradicciones del sistema. Problemas que nacen en la sociedad se viven como si cada uno tuviera que resolverlos con su propia vida.

Individuo de jure e individuo de facto

Bauman define la individualización así: la identidad deja de ser algo dado (uno nacía campesino, o hijo de comerciante) y pasa a ser una tarea, y cada uno es responsable de cumplirla y de sus consecuencias.

De ahí salen dos maneras de ser individuo, con dos expresiones en latín:

Individuo de jure («de derecho»): la sociedad te declara libre y responsable de tu vida. Si te va mal, no tenés a quién echarle la culpa: sólo a vos.
Individuo de facto («de hecho»): tenés de verdad los recursos para controlar tu vida y hacer las elecciones que querés.

«Me dicen que mi futuro depende sólo de mí, pero no tengo cómo pagar el alquiler en la ciudad donde está el trabajo.»

individuo de jure lo que le falta para serlo de facto

Para Bauman, la brecha entre las dos cosas crece, y es la contradicción mayor de la modernidad líquida. Y esa brecha no se cierra sólo con esfuerzo personal.

Cómo reconocerlos
1. Buscá si al personaje se lo hace responsable de su suerte: eso es ser individuo de jure.
2. Fijate si tiene los medios reales para elegir lo que quiere: si los tiene, es también de facto.
3. Si lo primero está y lo segundo falta, el caso muestra la brecha de la que habla Bauman.

El individuo contra el ciudadano

Bauman toma una idea de Alexis de Tocqueville, un pensador francés del siglo XIX: el individuo es el peor enemigo del ciudadano. El ciudadano sabe que le va a ir bien si a su ciudad le va bien, y por eso se ocupa de ella. El individuo desconfía de la «causa común»: lo único que le pide a lo público es que lo dejen seguir su camino en paz.

Además, los problemas de los individuos no se suman. Muchas personas pueden tener el mismo problema y contárselo entre sí, pero eso no los vuelve una causa común: cada uno sigue resolviéndolo solo.

Y se da vuelta una vieja preocupación. Antes se temía que lo público invadiera la vida privada. Hoy pasa lo contrario: lo privado coloniza lo público. El espacio público se llena de confesiones de asuntos privados, y los temas comunes que no se dejan reducir a una historia personal se vuelven difíciles de entender.

Por eso, para Bauman, el individuo de jure no puede volverse individuo de facto sin antes volverse ciudadano: la brecha sólo se cierra en común.

Cómo distinguir individuo y ciudadano
1. Fijate a qué apuesta el personaje para estar mejor.
2. Si apuesta a que mejore lo común (el barrio, la ciudad) porque así mejora él, es ciudadano.
3. Si sólo pide que lo dejen tranquilo y desconfía de lo común, es individuo.

Una crítica que no muerde

Bauman dice que hoy somos más críticos que nunca: nos quejamos, reclamamos, no estamos conformes con nada. Pero esa crítica «no tiene dientes»: no llega a cambiar las reglas que deciden nuestras opciones.

Su imagen es la de un camping: cada uno llega con su casa rodante, paga, exige que los servicios funcionen y se queja si algo anda mal. Pero a nadie se le ocurre discutir cómo se administra el lugar, y cuando se van, todo queda igual. La llama crítica «estilo consumidor». La crítica de antes era «estilo productor»: se parecía a la de quienes comparten una casa, discuten sus reglas y se reparten las tareas.

Cómo reconocer cada crítica
1. Fijate a qué apunta la queja: al servicio que se recibe o a las reglas del lugar.
2. Si reclama que el servicio funcione y deja intactas las reglas, es estilo consumidor.
3. Si discute cómo se organiza lo común y se hace cargo de llevarlo adelante, es estilo productor.

Cómo se escribe la respuesta

En un parcial hay que nombrar el concepto de Bauman, decir qué cambia respecto de la modernidad sólida y señalar la frase del caso que lo muestra. Por ejemplo, ante «cada vez que cambia el sistema de la oficina, tengo que aprender a usarlo por mi cuenta»: modernización privatizada; lo que antes organizaba la institución ahora queda a cargo del individuo; lo muestra «por mi cuenta».

Un ejercicio resuelto, paso a paso

Clasificá cada rasgo de esta historia como propio de la modernidad sólida o de la líquida, y decí qué lo muestra: «Mi abuelo entró al ferrocarril a los dieciocho, se jubiló ahí y siempre supo cuál iba a ser su próximo ascenso. Mi tía cambió tres veces de rubro en diez años y cada vez se tuvo que capacitar por su cuenta. Mi primo trabaja para una empresa que el año pasado cerró la planta del pueblo y se llevó la producción a otro país».

Primero, los rasgos marcados:

«Mi abuelo entró al ferrocarril a los dieciocho, se jubiló ahí y siempre supo cuál iba a ser su próximo ascenso. Mi tía cambió tres veces de rubro en diez años y cada vez se tuvo que capacitar por su cuenta. Mi primo trabaja para una empresa que cerró la planta del pueblo y se llevó la producción a otro país.»

sólido líquido

El abuelo: sólido. Una carrera larga dentro de una institución, con un futuro previsible («siempre supo»).
La tía: líquido, por dos razones. El trabajo ya no dura (tres rubros en diez años) y la modernización se privatizó: la capacitación corre «por su cuenta».
La empresa del primo: líquido. Es el capital liviano de Bauman: no está atado al lugar y se va cuando le conviene.

Lo que el análisis deja ver: lo sólido y lo líquido no son dos tipos de personas sino dos maneras de organizar la vida, y en una misma familia se ven las dos. La diferencia no es el esfuerzo de cada uno: es cuánto dura la forma que les toca y quién se hace cargo cuando cambia.

Y uno del nivel del parcial

En un foro, cientos de artesanos que venden sus piezas en la misma plataforma de internet cuentan sus problemas: pagos que se atrasan, publicaciones que se bajan sin explicación. Cada uno da consejos sobre cómo arreglárselas. Alguien propone que se organicen para discutir las reglas de la plataforma; las respuestas son «no tengo tiempo» y «cada uno sabe lo suyo». ¿Qué diría Bauman del caso?

La pregunta de fondo es por qué tantas personas con el mismo problema no forman una causa común.

Problemas que no se suman. Los problemas son parecidos, y el foro lo muestra; pero, como dice Bauman, no se acumulan en una causa común. Lo único que se comparte son consejos para sobrevivir solo.
Individuos de jure. Cada uno es responsable de arreglárselas («cada uno sabe lo suyo»), aunque las reglas que lo afectan las decide otro. Es la brecha entre el individuo de jure y el de facto: responsables de su suerte, sin control sobre lo que la decide.
El individuo contra el ciudadano. La propuesta de discutir las reglas es la del ciudadano; las respuestas son las del individuo, que desconfía de lo común.
Soluciones biográficas. Un problema que nace en cómo está organizado el sistema se enfrenta con estrategias personales.

También se ve la crítica «estilo consumidor»: en el foro hay muchas quejas, pero ninguna llega a las reglas del lugar.

Para Bauman, la salida no está en que cada uno se esfuerce más: la brecha entre de jure y de facto sólo se cierra si los individuos se vuelven ciudadanos, es decir, si sus problemas se traducen a un lenguaje común.

Dónde se pierde el punto: leer el caso como un problema de carácter («son egoístas»). Bauman no juzga a las personas: describe una forma de sociedad que hace que lo individual sea lo único que parece posible.

Dónde se cae la mayoría

Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.

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