Sociología (14) · Unidad 4 — La modernidad sólida
La sociedad salarial
Castel cuenta cómo el trabajador pasó de la condición proletaria —sin derechos, al borde de la sociedad— a la obrera y luego a la salarial: con el fordismo y el Estado social, el empleo trajo protecciones, consumo y la promesa de progreso, aunque sin igualdad.
La explicación
Antes de empezar
Esta unidad mira el siglo XX, sobre todo los años que van del final de la Segunda Guerra Mundial a mediados de la década de 1970. Es la etapa que la materia llama modernidad sólida u organizada: instituciones firmes, trabajo estable, un futuro que parecía previsible.
Este tema es de Robert Castel (1933-2013), un sociólogo francés que estudió cómo cambió el lugar del trabajo asalariado en la sociedad. Su pregunta no es cuánto se gana, sino qué lugar le da a una persona en la sociedad vivir de un salario.
El problema: trabajar no siempre da un lugar
Hoy suena obvio que un empleo trae algo más que la paga: aportes, vacaciones, obra social, una jubilación al final. No siempre fue así. Durante mucho tiempo, cobrar un salario era casi lo mismo que estar en la intemperie.
Castel ordena esa historia en tres condiciones: tres formas en que el trabajo asalariado se relacionó con el resto de la sociedad. Más o menos se sucedieron en el tiempo, pero lo que importa es lo que distingue a cada una.
1. ¿Para qué le alcanza el salario: sólo para sobrevivir o para algo más?
2. ¿Trae derechos y protecciones, o depende del trato del día?
3. ¿Qué lugar le da en la sociedad: al margen, abajo pero adentro, o en una escala con futuro?
La condición proletaria
Es la de los comienzos de la industria, en el siglo XIX. El salario apenas alcanza para que el trabajador y su familia sigan vivos y vuelvan a trabajar al día siguiente. No hay garantías legales: el contrato se parece a un alquiler de brazos, que se termina cuando el patrón quiere. Y el lazo con la fábrica es flojo: se cambia de taller por unas monedas más.
«Cobra por jornada lo justo para la comida y, si una máquina le aplasta la mano, se queda en la calle sin nada.»
salario de pura subsistencia ninguna protección
Por eso Castel la describe como una situación de casi exclusión: el proletario es indispensable para la industria, pero vive al costado de la sociedad. A nadie se le ocurría comparar su vida con la de un burgués, ni siquiera a él.
1. El salario sólo cubre la supervivencia: no queda nada para consumir otra cosa.
2. No hay protección ante la enfermedad, el accidente o la vejez.
3. El vínculo con el empleo es inestable y la persona queda al margen de la vida social.
La condición obrera
Hacia las primeras décadas del siglo XX el salario cambia de naturaleza: deja de ser el pago puntual de una tarea y empieza a traer derechos. Cubre accidentes y enfermedades, da una jubilación, abre la puerta al consumo, a la vivienda, a la escuela y, más tarde, a unos días de vacaciones.
Pero todo llega con un «pero»: el consumo es de masas, la educación es la primaria, la vivienda es la del barrio obrero, el ocio es el popular. El obrero entra en la sociedad, aunque por la puerta de abajo. Castel lo resume como integración en la subordinación.
«Si se enferma, la mutual le cubre los remedios, pero de la escuela sólo pudo terminar la primaria.»
un derecho que trae el salario el lugar de abajo
En esta etapa los obreros se reconocen como un grupo aparte, con un «nosotros» frente a un «ellos». La pregunta por quién produce la riqueza y quién se la queda sigue abierta.
1. El salario ya trae derechos y algún consumo más allá de la supervivencia.
2. Todo lo que se gana está en una versión «para obreros»: barrio, escuela, ocio.
3. La persona está integrada, pero claramente abajo y separada de los otros grupos.
El salto: la relación salarial fordista
El nombre viene de las grandes fábricas de autos de principios del siglo XX, que organizaron la producción en serie. Castel resume en cinco condiciones lo que hizo falta para pasar del salario proletario al fordista:
2. Fijar al trabajador a su puesto y racionalizar el trabajo. Cada uno hace siempre la misma operación, con tiempos medidos y una disciplina regular.
3. Consumir con el salario. El trabajador pasa a comprar lo que la industria fabrica en serie: su consumo queda integrado a la producción. El que arma heladeras termina comprando una heladera.
4. Tener propiedad social y servicios públicos. Aunque no tenga bienes propios, el asalariado tiene una jubilación, una cobertura de salud y servicios que lo protegen: una «propiedad» que le da el hecho de ser asalariado.
5. Entrar en un derecho del trabajo colectivo. El contrato deja de ser un trato personal entre dos y pasa a estar cubierto por reglas que valen para todos los de su rama. Por eso Castel dice que el trabajo se vuelve un derecho social.
«Atornilla la misma pieza toda la jornada, y con el sueldo paga en cuotas el auto que sale de su propia planta.»
fijación al puesto consumo integrado a la producción
1. Si el caso habla de quién cuenta como trabajador y quién queda afuera: la primera.
2. Si habla de cómo se organiza la tarea: la segunda.
3. Si el salario se gasta en lo que la industria produce: la tercera.
4. Si aparece una protección que no depende de tener bienes: la cuarta.
5. Si el contrato está cubierto por reglas para todo un colectivo: la quinta.
La condición salarial
Después de 1945 llega lo que Castel llama sociedad salarial. El cambio decisivo es de escala: casi todos pasan a ser asalariados. No sólo los obreros: también los empleados de oficina, los técnicos, los docentes, los gerentes. Son los asalariados no obreros, que crecen rápido; en Francia, hacia 1975, más de cuatro de cada cinco personas activas cobraban un salario.
Con eso, el salario se vuelve una identidad. Cada uno se define por su puesto en una escala larga de categorías: se compara con los de arriba, se diferencia de los de abajo. Según Castel, los conflictos de esta etapa ya no tienen la forma de una lucha entre dos clases, sino de disputas por puestos, categorías y ascensos. La condición obrera no desaparece: queda rodeada y abajo de esa escala.
La otra novedad es el tiempo. Con el crecimiento económico y el Estado social (el que reparte protecciones a toda la sociedad), el futuro se vuelve un aliado: con los años llegan la antigüedad, el ascenso, la casa propia, los hijos en la universidad y, al final, la jubilación.
«Entró de cadete en la aseguradora y, categoría por categoría, se jubiló como jefe de sección.»
una carrera dentro del salariado la escala de puestos
1. El asalariado no es sólo el obrero: hay empleados, técnicos, profesionales.
2. La persona se define por su lugar en una escala y espera subir en ella.
3. El tiempo juega a favor: carrera, protecciones y la promesa de que los hijos estarán mejor.
Integración no es igualdad
Castel no pinta un cuento con final feliz. La sociedad salarial integró a casi todos, pero no los igualó: ordenó la desigualdad en una escala con muchos peldaños. Y esa promesa de progreso descansaba sobre dos patas, el crecimiento de la economía y el Estado social.
Cuando hacia mediados de los años setenta el crecimiento se frena, la creencia en un progreso sin techo se interrumpe. Castel concluye que la sociedad salarial era a la vez refinada y frágil, y que recién se notó lo frágil cuando empezó a crujir. Esa crisis es el tema del 5.5.
1. Nombrá la condición (proletaria, obrera o salarial).
2. Decí qué da el salario en ese caso: subsistencia, derechos de segunda o un lugar en la escala.
3. Señalá la frase del caso que lo muestra.
Ubicá a cada trabajador en una de las tres condiciones de Castel y decí qué dato lo muestra. A) Un tejedor de una ciudad industrial inglesa, en 1845, que duerme en un cuarto compartido y cambia de taller cada pocos meses. B) Un fundidor francés de los años treinta, que tiene seguro por accidentes y una pequeña jubilación, vive en un barrio obrero y ve a sus hijos entrar a la fundición después de la primaria. C) Una técnica química de una planta alemana de 1970, que cobra un salario como el de los operarios, sube de categoría cada pocos años y paga en cuotas un departamento.
Primero, el dato que decide en cada caso:
A) «cambia de taller cada pocos meses» · B) «tiene seguro por accidentes», pero «sus hijos entran a la fundición» · C) «sube de categoría cada pocos años»
vínculo inestable derecho el lugar de abajo carrera en la escala
B, el fundidor: condición obrera. El salario ya trae derechos (el seguro, la jubilación), pero todo es de abajo: el barrio obrero, la escuela primaria, los hijos que repiten el oficio. Es la integración en la subordinación.
C, la técnica: condición salarial. Es una asalariada no obrera, se define por su categoría en una escala, sube con los años y el futuro le juega a favor (el departamento en cuotas).
Lo que el análisis deja ver: los tres cobran un salario, y los tres trabajan para otro. Lo que cambia de uno a otro no es el hecho de ser asalariado, sino lo que el salario trae consigo y el lugar que le da a cada uno en la sociedad.
Un operario de una gran acería de Europa occidental, en 1970, le dice a su nieto: «Mi abuelo no tenía nada. Yo tengo cobertura médica, vacaciones pagas, el auto en cuotas y la casa casi pagada. Ya no somos pobres: ahora somos como cualquiera». ¿Cómo leería Castel esa frase?
La frase tiene una parte que Castel confirmaría y otra que discutiría. La pregunta es separar las dos.
Lo que discute. «Somos como cualquiera» no es exacto. La sociedad salarial integró sin igualar: el operario está en una escala de categorías, y la condición obrera quedó cerca del piso de esa escala, con empleados, técnicos y profesionales por encima.
Lo que la frase no ve. El «ya no somos pobres» da por hecho que el progreso va a seguir. Para Castel esa promesa dependía del crecimiento y del Estado social, y se interrumpió pocos años después, a mediados de los setenta.
integración la igualdad que no llegó
Dónde se pierde el punto: en leer la frase como verdadera o falsa entera. La respuesta buena separa la integración, que Castel describe y reconoce, de la igualdad, que no hubo, y nombra de qué dependía que el futuro siguiera llegando.
Dónde se cae la mayoría
- Creer que las tres condiciones se distinguen por cuánto se cobra. Lo que las separa es qué trae el salario (sólo subsistencia, derechos, una identidad) y qué lugar da en la sociedad.
- Confundir la condición obrera con la salarial porque las dos tienen derechos. En la obrera todo es «para obreros» y el obrero es la figura central del salariado; en la salarial casi todos son asalariados y el obrero queda abajo de una escala larga.
- Pensar que «asalariado» quiere decir «obrero». La sociedad salarial crece sobre todo por los asalariados no obreros: empleados, técnicos, docentes, gerentes.
- Leer la sociedad salarial como el fin de la desigualdad. Para Castel integró sin igualar: la desigualdad pasó a ser una escala de categorías.
- Olvidar de qué dependía la promesa de progreso. Descansaba en el crecimiento económico y en el Estado social, y por eso se interrumpió cuando el crecimiento se frenó.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
Practicar La sociedad salarial →Dónde entra este tema en el parcial
- Segundo parcial — La fábrica de máquinas de coser15 puntos · resuelto paso a paso
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La modernidad sólida