Sociología (14) · Unidad 4 — La modernidad sólida
La sociedad unidimensional
Para Marcuse la sociedad opulenta controla sin violencia: produce falsas necesidades, ofrece libertades que no liberan y, al hacer que todas las clases compartan los mismos consumos, achata la posibilidad de oponerse al sistema.
La explicación
Antes de empezar
Este tema mira la misma sociedad que el 4.1 —la de los años cincuenta y sesenta, con empleo, consumo y protecciones— pero desde una vereda muy distinta.
Es de Herbert Marcuse (1898-1979), un filósofo alemán que emigró a Estados Unidos y escribió El hombre unidimensional (1964). Donde Castel ve una integración con ambigüedades, Marcuse ve una nueva forma de control. Todo lo que sigue es su tesis: se estudia para entender qué sostiene, no para darla por buena.
El problema: ¿cómo se controla sin la fuerza?
En el siglo XIX el orden de las fábricas se sostenía, en buena parte, con el hambre y la disciplina. Marcuse observa que en la sociedad que él llama opulenta —la que produce mucho y reparte consumo— eso ya no hace falta. La gente acepta el orden porque está cómoda en él.
Su conclusión es fuerte: esa sociedad tiende a ser totalitaria, aunque no haya terror. No por la violencia, sino porque logra manejar lo que la gente desea, y entonces no aparece nadie con ganas de oponerse al conjunto.
1. No hay amenaza ni castigo: hay satisfacción.
2. Lo que se desea coincide con lo que conviene al orden establecido.
3. Oponerse parece absurdo, porque «se está bien así».
Necesidades verdaderas y falsas
Para Marcuse no todas las necesidades valen lo mismo. Las verdaderas son las vitales: comer, vestirse, tener un techo, al nivel que la cultura de una época hace posible. Las falsas son las que se le imponen al individuo desde afuera, por intereses que no son los suyos, y que lo atan al trabajo agotador y al consumo sin fin.
Ojo con el criterio: una necesidad no es falsa porque sea un gusto caro o un capricho. Es falsa por de dónde viene: alguien la produjo para que la sintamos. Y lo más inquietante es que el individuo la vive como propia y, al satisfacerla, se siente feliz.
«La propaganda repite que una casa sin parrilla de acero no es un hogar, y Raúl siente que le falta una, aunque la vieja anda perfecto.»
el interés que la impone la necesidad vivida como propia
¿Quién decide cuáles son verdaderas? Marcuse responde que sólo los propios individuos, pero cuando sean libres para decidirlo. Mientras estén manipulados, su respuesta no cuenta como prueba.
1. ¿Es una necesidad vital (comida, abrigo, techo)? Entonces es verdadera.
2. Si no, preguntá de dónde salió: ¿la produjo un interés ajeno, por ejemplo una publicidad?
3. Si fue impuesta desde afuera y la persona la siente como suya, es falsa, aunque la disfrute.
Libertades engañosas
La sociedad opulenta está llena de elecciones: miles de productos, de programas, de opciones de entretenimiento. Para Marcuse esa abundancia no prueba que haya libertad. Elegir entre muchas cosas que sostienen el mismo orden no cambia el orden. Lo que importa no es cuánto se puede elegir, sino qué se puede elegir.
«En la casa de electrodomésticos hay sesenta modelos de licuadora, y el cartel de la entrada dice: "Tu vida, tu elección".»
muchas opciones la promesa de libertad
1. Hay muchas opciones a la vista.
2. Todas llevan al mismo lugar: consumir, quedarse donde se está.
3. Se presenta como libertad lo que, según Marcuse, es una forma de dominación.
Las clases que se parecen
En los años cincuenta, observa Marcuse, el obrero y el dueño empiezan a consumir lo mismo: los mismos programas, los mismos lugares de vacaciones, ropa parecida. Podría leerse como el fin de las clases. Él lo lee al revés: las clases siguen, pero ahora todos comparten las necesidades que sostienen el sistema. Esa nivelación es lo que debilita la oposición: quien vive como su jefe no tiene motivos para enfrentarlo.
1. No concluyas que las clases desaparecieron: la diferencia de posición sigue.
2. Mirá qué comparten: necesidades y satisfacciones que mantienen el orden.
3. Sacá la consecuencia: se achica la base para oponerse.
Del siglo XIX al XX: lo que cambia en la alienación
Marx (tema 2.2) llamaba alienación a que el trabajador no se reconociera en lo que hacía: el producto y el trabajo le eran ajenos. Marcuse sostiene que en la sociedad opulenta la alienación no desaparece, sino que se vuelve completa: la gente se reconoce en lo que compra: se ve a sí misma en sus cosas y en cómo vive.
Y los controles cambian de lugar. Antes venían de afuera y se sentían como imposición; ahora se vuelven parte de la persona, que los vive como deseos propios. Por eso el control es tan eficaz: nadie lo siente como control.
Marx: el obrero no se reconoce en lo que produce.
Marcuse: la gente se reconoce en lo que consume, y eso la ata al sistema.
Pensamiento unidimensional
El título del libro sale de acá. Una sociedad es unidimensional cuando ya no deja ver otra dimensión: lo que es parece lo único que puede ser. Las ideas que imaginan algo distinto quedan como fantasías o se absorben en el mismo consumo.
La publicidad y los medios masivos tienen un papel central en su argumento: no venden sólo productos, venden un modo de vida. Y como ese modo de vida es más cómodo que el de antes, cualquier cambio de fondo parece una amenaza. Marcuse ata así tres palabras que parecen opuestas: libertad, opulencia y dominación.
1. Atribuí siempre la tesis: «para Marcuse…».
2. Nombrá el mecanismo: falsa necesidad, libertad engañosa, nivelación de clases o pensamiento unidimensional.
3. Decí por qué, según él, eso funciona como control y qué oposición apaga.
Leé el aviso de una revista de 1962, inventado para este ejemplo, y señalá en él dos mecanismos de control que describe Marcuse: «Usted trabaja duro. Usted se merece el televisor de pantalla grande que tiene su vecino. Elíjalo en uno de nuestros doce colores: porque en este país, usted decide».
Primero, los dos tramos que interesan, marcados:
«Usted trabaja duro. Usted se merece el televisor de pantalla grande que tiene su vecino. Elíjalo en uno de nuestros doce colores: porque en este país, usted decide.»
falsa necesidad libertad engañosa
«Elíjalo en uno de nuestros doce colores… usted decide»: una libertad engañosa. La elección es real, pero sólo entre colores del mismo producto: decidir de verdad sería decidir si se lo necesita.
Lo que el análisis deja ver: el aviso une trabajo, consumo y libertad en una misma frase. Para Marcuse ésa es la operación de la sociedad opulenta: el esfuerzo se paga con mercancías y la mercancía se vende como libertad.
En 1965, una familia de operarios compra su primer auto en cuotas y pasa las vacaciones en la costa, en el mismo balneario que el ingeniero de la planta. ¿Qué diría Castel de ese hecho y qué diría Marcuse?
El hecho es el mismo; lo que cambia es la lectura. Conviene presentar las dos atribuidas, sin decidir cuál tiene razón.
Marcuse: lo leería como control. Que el operario veranee donde el ingeniero no muestra que las clases se borraron, sino que todos comparten las necesidades que sostienen el orden. El auto en cuotas, además, lo ata al trabajo para pagarlo. Con eso se apaga la oposición: quien vive como su jefe no tiene motivos para enfrentarlo.
la lectura de Castel la lectura de Marcuse
En qué coinciden y en qué no: los dos ven que la vida obrera cambió mucho respecto del siglo XIX, y ninguno de los dos dice que la desigualdad desapareció. Se separan en el sentido del cambio: para Castel es una conquista ambigua; para Marcuse, una dominación más eficaz.
Dónde se pierde el punto: en elegir un ganador o en mezclar las voces. La consigna pide dos lecturas, cada una con su autor y con el concepto que la sostiene.
Dónde se cae la mayoría
- Creer que para Marcuse una necesidad es falsa porque es cara, superflua o de mal gusto. Lo que la hace falsa es su origen: fue impuesta por intereses ajenos y se vive como propia.
- Leer la abundancia de opciones como prueba de libertad. Para Marcuse elegir entre muchas cosas que sostienen el mismo orden es una libertad engañosa.
- Concluir que, como el obrero y el dueño consumen lo mismo, las clases desaparecieron. Marcuse dice que siguen: lo que comparten son las necesidades que mantienen el sistema.
- Confundir la alienación de Marx con la de Marcuse. En Marx el trabajador no se reconoce en lo que produce; en Marcuse la gente se ve a sí misma en lo que compra.
- Presentar la tesis como un hecho. Es la postura de Marcuse, y la respuesta tiene que atribuírsela.
Hasta acá la explicación. La práctica es la otra mitad: 7 ejercicios de este tema, en cuatro niveles, que no te dicen sólo si está bien al final sino que te corrigen en cada paso y te explican por qué. Además trae una animación que muestra la idea en movimiento.
Practicar La sociedad unidimensional →Dónde entra este tema en el parcial
- Segundo parcial — La fábrica de máquinas de coser15 puntos · resuelto paso a paso
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